18.6.18

El gaucho digital ata su overo de bits al palenque de fibra óptica

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Si pudiera empezar todas las entradas que escribo con "de nuevo estoy de vuelta", probablemente lograría a la vez dos cosas que quiero lograr desde siempre: un pseudo-color local (que se reservan para sí los viejos que rasguean Balderrama y te citan el Martín Fierro) y un acto de sinceridad inapelable (lo cual es súper falaz, porque yo escribo para mentir todo el tiempo).

Si pudiera. Como la canción de Boom Boom Kid. Ante esta disyuntiva un tanto estúpida y caprichosa, prefiero ir por lo práctico: en efecto, allá por marzo 2017, cuando estaba en Tabio, Cundinamarca, una noche me senté a escribir una entrada en un blog que ahora probablemente ya no exista (y si existe, está muerto como casi todos mis blogs, como todos mis cactus) que empezaba con la frase: "de nuevo estoy de vuelta". Entonces, si una vez, hace poco más de un año, empecé una entrada con esas palabras, no debería hacerlo de vuelta. Sería robarme a mí mismo, lo cual es apenas un poco más grave que robarle al Chango Rodríguez.

Hecho este rodeo de dos párrafos para contar que, al fin y al cabo, volví, me parece oportuno contar ahora por qué volví. No sé si es casual, o sí, que haya vuelto a este blog justamente hoy. Tiene que ver con algunas circunstancias que no dan más de materiales, mundanas y rutinarias: se me venció el dominio de sandiaconqueso.com (esto casi nadie lo sabe, en parte porque casi nadie recuerda que ese dominio alguna vez existió) y, a pesar de que pedí renovarlo, no me lo renovaron. En la vida hay que ser diplomático y esto es justamente lo que no me sale; allá fue, entonces, todo lo poco que duró ese blog comunitario que soñaba, como todas las revistas vanguardistas, durar tres siglos y terminó durando diez números (pero con alguna fugaz satisfacción en el medio, especialmente cuando los Boogarins subieron en sus redes sociales la fantástica reseña que hizo Lucas de Lá vem a Morte un par de días antes de que los vayamos a ver a la Belle Époque).

El hecho de que se haya vencido el dominio y no me haya desvivido en renovarlo tiene que ver con algo con lo que, ahora sí, me tengo que sincerar: tampoco le di mucha bola. Pasé más tiempo pensando qué hacer con el blog que haciendo cosas con el blog (y las cosas que hacía eran, más que nada, subir fragmentos de libros de Tom Wolfe o Gilles Deleuze que, por otro lado, ya estaban colgados acá hace tres o cuatro años). Un gran tuit que llevo grabado en el marulo (y que, cuando estoy discutiendo borracho, cito como si lo hubiera dicho Karl Marx) reza así: "un gramo de práctica vale más que un kilo de teoría". Entonces de nada sirve pensar repetidamente, hasta el hastío, qué vas a hacer con tu blog: simplemente hacerlo. Pero por algún motivo, esto de tener un blog en el siglo XXI te remite a un montón de cosas que no son "simplemente escribir": así, la "literatura" pasa a ser "contenido" que es solamente una de las cosas que podés hacer con un sitio web, entre tantas otras (¿eCommerce? ¿banners publicitarios? ¿aprender PHP?); demás está decir que me distraje toqueteando botones para no aprender a hacer ninguna de esas cosas, olvidándome de escribir en el ínterin, que es básicamente el primer propósito que tenía. En este sentido, esta gran máquina de distracciones y culpa neurótica que fue sandiaconqueso.com bien sepultada está, requiescat in pacem.

Como gaucho digital despojado de su modesto pago por no pagar, me vi de vuelta errante, escribiendo en pedacitos de papel (¡qué demodé!) porque no tenía dónde subir todo lo que escribía. Eso sí es una gran mentira: tengo cuatro blogs abandonados (ustedes [¿quiénes son ustedes?] tienen acceso solamente a dos: además hay un blog con candadito para cuando escribo borracho y llorando por exnovias, y otro blog con candadito donde escribo poemas inspirados en totoras y cataratas que siempre empiezan con be larga). El tema es que, como todo, esos blogs están "abandonados": tendría que venir acá a barrer un poco el polvo, y reactivar el blog bajo cualquier pretexto. Esta larga entrada es, pues, el pretexto: vuelvo a este blog por un motivo material (una especie de indigencia digital, que por otro lado tiene mucho más de liberadora que de desesperante), pero también porque, al fin y al cabo, este es el único lugar en el que me siento cómodo.

Hay algo bien curioso que recuerdo ahora que digo ¡hola de vuelta Asteroide!, y es que cuando me hice el blog en Wordpress (otra fecha: noviembre de 2016), pensé más o menos lo mismo. En efecto, Wordpress viene a ser la nueva onda y Blogspot, esta plataforma tan 2000's, aunque renueve su estética constantemente, ya es vista por los blogueros profesionales (esos que, además de escribir, dominan el eCommerce) como un antro olvidado que usan solamente las maestras de literatura. Blogspot pasó de moda; larga vida a Blogspot. Yo vuelvo acá porque tiene poco de atrayente (lo más lindo que tiene este blog, por otro lado, es justamente su archivo — su historia), y probablemente nadie entre acá. Lo que me da total libertad para hacer, simplemente hacer. No le voy a hacer una página de Facebook al Asteroide. Me encantaría que mejor no entren. Voy a publicar un link a esta nota como quien no quiere la cosa y ojalá se olvide rápido; que los textos se sigan acumulando acá como si, al final (pero si sigo volviendo, ¿cuál va a ser el final de este blog?) fuera a enterrar un tesoro valioso sólo para mí.

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