11.6.16

El mal escrito explorando la horrible literatura

"Lucio mandame nota"
(P. D.)

"не работает"
(un cartel en un locker en Rusia)
I

y así, lejos o muy lejos quedaron esos días en los que de la nada extraía una sesuda comparación o una alegoría que servía de fundamento de una teoría para explicar la realidad de todos los días a partir de un catalizador mundano y gracioso, o hasta insospechable, que me permitiera sortear el camino barroso e insidioso, o hasta inexpugnable, hacia lo universal, entendido como algo que un lector de córdoba, del nordelta o de ho chi ming pudiera relacionar sin tapujos ni demora a su propia vida; propósito imposible pero que alimentaba yo, conforme a la Primera Ley de Galeano ("el movimiento rectilíneo se genera a partir del vector de la utopía"), mis eternas ganas de Escribir.
así, lejos puedo decir que quedaron esos días. La bella retórica dio paso a una aridez de pavo frío, y las ideas que pululaban se extingueron como la miel reseca de un panal en abandono.
Pero nopodría decirse que esta vez caí en una disculpa, puesto que esto aún no es eso, ni en el discurso (tan similar a la disculpa) de un exégeta o un intérprete del propio fracaso como Escritor.
Digámoslo menos claramente. Espero el momento en el que las palabras vuelvan a fluir como el dique que espera ahí parado el caudal castigado por una sequía cuyos motivos ninguno de los dos entiende, aguantando inmutable la comezón de los turistas que lo caminan fotografiando apocalípticas postales de lo que es nada más que una fase de un ever changing statu quo.
Seducirme a mí mismo, eso me cuesta. Convencerme, escucharme, lo que has dicho es algo nuevo, me alejo de mí, a veces. Como quien se aleja de ese amigo que desde que se federó en básket se volvió medio banana.
Yo lo dije clarito el otro día (y si uno lo dice clarito, lo piensa clarito, y si lo piensa clarito, difícilmente haya otra forma): "nos estamos desencontrando". Pero...

II

Nos reímos mucho con Mel sobre la procedencia de ese infame y detestable personaje que es Chuavechito, una especie de Dibu rubio y medio pelotudo, en el marco de una lectura marxista (sí, esperá, porque se pone aún más bizarro) en la que Chuavechito representa a una entidad de la raza hegemónica construida ad hoc en torno al mito de un producto de consumo masivo, a saber, un suavizante.
Derrocar a Chuavechito es derrocar a esta mentira del capitalismo. "Es un arma, una dependencia nueva", me dice Mel por WhatsApp a las 19:59.
Chuavechito es ese tierno caballo de Troya que entra a nuestra casa para sensibilizarnos, se para sobre el lavarropas y canta su tierna canción de sirena sorda.
Irrebatible: Chuavechito es sólo un nene, y es rubio.
Si no tenés un lavarropas, jodete.
Si sos negro, you're out. (If you black, mmm brother, get back, get back, get back).
Y si sos insensible a Chuavechito, vos sos el monstruo.

"Ya tenés algo nuevo para escribir", me dice Mel.
Y ahí es cuando yo pienso entodo lo que dije en el texto anterior. Hablé del Cif Crema aquella vezy mientras lo escribía fue como un chispazo, como encender la luz en una habitación ordenada en la que lo único que hay que hacer es ponerse a describir qué es lo que uno ve. Los tachones del texto original no eran ningún titubeo, así como no duda quien tacha "rosado" para especificar: "magenta".
Una nostalgia grande como una casa me invadió después de haberme reído out loud con Mel y nuestra postura sobre el boludo del suavizante. No estoy preparado para escribir otro texto, y menos como un relámpago, un blitz, como aquél. No es complicado imaginar que un texto que sale así solo se debe a una idea que se ha venido rumiando en silencio, y que ha ordenado la habitación sobre la que ahora (como dicen los ñoños) "se arroja una luz meridiana".
Así dicho, escribir un texto parece ante todo el atisbo de una responsabilidad muy fulera, acaso la más desmedida que le cabe a un mortal, que es revertir la entropía o al menos organizar una parte del caos, asirlo y hacerlo comprensible a los otros. Asimov lo hacía mejor que su propia Multivac, pero si ella pudo eventualmente revertir la entropía de todo el universo, Asimov no hizo más que escribir un texto formidable que esa misma entropía irá desgajando, si no hoy, en 1000 años.
¿Y yo? Yo me estoy comparando con Asimov, y probablemente por eso me vaya tan mal. Pero si él ha podido, como Gershwin, llegar a producir 20 obras al día, es porque le ha dedicado tiempo y esfuerzo a la tarea quijotesca de explicar el mundo regando, cultivando y dejando macerar de los frutos de la imaginación y de esto a mí no me hablen porque el otro día se me secó una planta que debía regar tan sólo una vez por semana. Yo estoy buscando ese error garrafal en mi forma de concebir el oficio de escritor (o el artesanato, como dice dulcemente Hebe Uhart), error que repito todos los días, pero probablemente no se trate de eso.
Uno mira de cerca a sus modelos a seguir (tan útiles como desechables) y extrae de todos la misma conclusión: toda maestría conlleva un proceso. Dudosamente, por no decir nunca, se ha visto alguien que "nazca siendo un buen escritor"o que, aún más inverosímil, se vuelva un buen escritor de la noche de la mañana y por intercesión de las causas más diversas, desde la ayahuasca a un golpe fuerte en la cabeza a lo Tom y Jerry.
Pero aún hay más. Si algún día (también dudosamente) concluyera esta "formación del escritor" (como quien se recibe en esta carrera nueva que abrieron en la Universidad de La Plata y que yo imagino tan parecida al famoso sketch de Cha Cha Cha), queda todavía un gran deber, y es ponerse a escribir, carajo. Y si uno planea generar un texto perdurable, esto es, que sea (como el de Asimov) un dique de significado que resista al caudal incontenible de la entropía por una cierta cantidad de tiempo antes de desgajarse, uno tiene que poder llegar a cierta profundidad a la vez que entrenarse para, como suele decirse, "tocar un nervio" en la sociedad que lo lee. Demás está decir que leer y viajar son dos ejercicios elementales en el proceso de aprendizaje. Pero es el momento de planificar, construir, componer el universo de una obra que en el mejor de los casos tendrá vida propia, separada de su autor (el famoso res ipsa loquitur), el momento en el que éste extraerá toda otra clase de enseñanzas. Lo que añadiría a la formación un tercer ejercicio, que es el de escribir. Puesto que, como dice la segunda ley de Machado, "el vector no preexiste al cuerpo móvil sino que el cuerpo, en el movimiento rectilíneo, conforma al vector".
Creo que, en parte, (lo que yo percibo como) mi imposibilidad momentánea para enfrentar con originalidad todas estas cuestiones es la razón por la que no compongo el texto que, en continuidad con el del Cif Crema, hablará de derrocar a Chuavechito. Este magma de teorías sobre el que me muevo, por terquedad más que por vocación, a la hora de escribir, es a la vez lo que me pongo como excusa, lo que me ayuda a crecer y lo que me llama siempre a cierto silencio prudente, que muchas veces se parece en los hechos a un silencio de cagón.

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