10.4.16

La teoría del jueves próximo

para emi gorza

Estamos enamorados de los resultados. De los finales. Acostumbrados a ver todo resolverse frente a nuestros ojos con soltura, viendo en la tele cómo una mano mágica va acomodando las piezas de cualquier cosa; estamos acostumbrados a asistir al espectáculo de lo espontáneo, lo realizado, lo perfecto, lo sencillo, lo pulcro y lo armonioso.
La ansiedad es una parte esencial de nuestra cultura. Repasemos una breve lista:
El bizcochuelo y no los huevos.
Los shows de goles.
Glade y el hogar feliz. Los jóvenes entrepeneurs. Jesús elegido por Dios automáticamente sin cásting sábana mediante.
Las historias de vida desde Bill Gates a Johan Cryuff, como si hubieran nacido siendo unos genios. La brecha que los separa del resto puede estar hecha de cualquier cosa, hasta de la más indefinible, pero está.
En Hollywood, la perfección es virtud, y la virtud pareciera gratuita y surgida espontáneamente. En McDonald's, sólo necesitás cinco minutos. Starbucks llamará tu santo nombre en tres.
En el Rapipago, el calvario es más doloroso porque su nombre promete durar menos de lo que dura.

Yo vivo ansioso porque estoy enamorado del resultado y no aprendo que todo resultado conlleva un proceso.
Pero de a poco empiezo a sospechar que detrás de cada ficción dedicada a sostener aparatosamente el mito artificial del resultado instantáneo (los biopics, la publicidad, el puto popcorn para microondas) hay un proceso de producción ejecutiva, montaje y postproducción y no pocas veces interviene también un jugoso capital invertido. Todo contribuye al maquillaje final, que se presenta muchas veces a sí mismo y pocas a su backstage.
Detrás de Messi hay una vida de sacrificio. Detrás de Beethoven acecha la sordera y detrás de Hemingway, la labor de escribir 8 horas por día de pie frente a un atril.
12.000 muertos en la construcción del canal de Panamá por el que al día de hoy han cruzado más de medio millón de barcos de gran porte.
Dos décadas para construir la Pirámide de Giza para que hoy nos saquemos una selfie.
La vida no parece una película justamente porque la segunda tiene que resolverse en dos horas y felizmente; y la primera puede durar días, meses, años, sin que nada cambie un carajo o, peor, vaya deteriorándose progresivamente.
Premisa A. Si fuera por nosotros asistiríamos a la explosión de una supernova una vez a la semana como quien sale a cenar o va al cine. Premisa B. 10 millones de años no alcanzarían para ver una supernova a la vuelta de la esquina. Conclusión: una supernova no es lo que consideraríamos un show viable.

Un mes tardé en llenar este cuaderno del que rescato sólo dos textos potables; el resto son bulto. Y bulto son las citas aburrida y esos días en los que no pasa nada. Bulto son los minutos esperando el bondi, lavarse los dientes, y más de una vez, también, una clase en la universidad en la que dudosamente escuches una sola cosa útil. Bulto es todo lo que es off the record: el mal sexo y las reuniones de consorcio.

Así es para todos los que no hemos nacido siendo unos genios, para los que no estamos realizados sino somos realizandos, para los que aún no hemos encontrado nuestro lugar en el mundo, para los que aún no sabemos para qué sirven todos los botones de este tablero que llaman vida y para todos los que creemos que hemos llegado acá por accidente.
Y en un mundo crudo que endiosa a los cancheros y aniquila a los que dudan, "yo no nací sabiendo" funciona como disculpa cuando bien sabemos que más que disculpa es una verdad universal.
Y me encantaría poder cerrar un capítulo, cerrar la vida (por lo demás, insignificante en los tiempos de Dios, ese perverso Big Brother que nos trajo a convivir con el boludo del prójimo) habiendo aprendido al menos algo, en vez de angustiarme comprando espejitos de colores.

25/3

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