9.4.16

Conmemoración, una vida y una obra de don Amílcar Zacarías, fallecido hoy

Este es el primer texto que me siento a escribir en la pieza de la Thays. Como siempre, todavía no sé para quién, ni qué tan largo va a ser, ni tampoco aseguro si las ideas que vaya hilvanando se correspondan con el pistolazo que les indicó que arranquen. Lo que sí sé es que es un texto necesario y urgente. Tiene calidad de borrador, pero no me interesa hacer una corrección puntillosa; me interesa decir lo más rápidamente posible que este es un texto dedicado a la memoria viva de Amílcar Zacarías, que falleció esta madrugada en un accidente de moto en las afueras de Santa Ana, Corrientes, y cuyo entierro tendrá lugar mañana en el Parque del Recuerdo.

Amílcar no era mi amigo y lo vi sólo una vez, en enero de este año, cuando cayó a un evento de poesía a beneficio en lo de Mauro, después de que el evento terminó. Ese mismo día yo había leído en el evento un texto que se trataba, justamente, de la Santa Ana de la que él era oriundo. Y como llegó más tarde, no lo llegó a escuchar. Me acuerdo que eso me pesó, porque me hubiera gustado que me confirme algunas cosas: si en Santa Ana hay jejenes, borrachines, esteros y atemporalidad. 
Pero Amílcar apareció ebrio como una cuba y siguió tomando lo que le caía en las manos mientras la tertulia se arremolinaba poco a poco en torno a él. Y fue ahí, fuera del marco de todo evento (es decir, borracho en un patio lleno de gente que no lo esperaba esa noche) se puso a recitar. 
Ahora bien, que los amilcarólogos por venir me rectifiquen si ubico a Amílcar Zacarías en una categoría muy especial para mí: los poetas inesperados. Los he conocido antes como fleteros, albañiles, ex convictos, oficinistas y zorros viejos en general. Definitivamente, es ese tipo de poeta que no frecuenta el hábito de sacar chapa en las tertulias literarias de nuestra generación. Y es por eso que aquellas, ricas y diversas como son, siempre me dieron la impresión de ser algo incompleto, sesgado, un poco artificial y muy específico, como querer hacer una teoría del mundo desde la ventana del living. 
Esa noche, Amílcar Zacarías tenía mucho para decir, más que yo mismo sobre cualquier cosa, gracias a lo que yo imagino que es una sensibilidad cargada de experiencia propia de una escuela de viejos poetas de calle que aún no se han dado cuenta de que son una escuela. El día en que ellos decidan organizar un slam no tendremos nada que reprocharles. 

Rezo yo también por la partida de Amílcar Zacarías al reino de Dios hoy sábado 9 de abril del año 2016 a las 7 y media de la tarde.

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