16.10.15

Un anarquista en el espacio

Adolfo estudia ingeniería para ser astronauta y es ligeramente anarquista. Va a ser un anarquista en el espacio. Yo lo sé, le tengo fe, es muy buen pibe. Es tranquilo. Es sereno. Es centrado. Lo conocí en una plaza escabiando, pero él creo que no escabiaba. Yo sí. Esa tarde se acercó un mudo y me vio tomando una cerveza y tocando la guitarra. Tenía un rosario de madera colgando del cuello. Me señaló la guitarra y me hizo un gesto de "muy bien" con los pulgares arriba, y señaló la botella e hizo un gesto de "muy mal" con el índice. A continuación lo repitió, para que quede claro: guitarra, bien, botella, mal. No, no, botella. Guitarra, música. Botella no. Yo lo miré y sin ganas de pelear en un lenguaje que no entendía le dije con señas simplemente: "bueno, puedo tener las dos", y me reí. Se ofendió con justicia, y yo también reconocí que lo dije con mala intención; pero hasta hoy sigo haciendo las dos. Yo no podría ser como Adolfo, quien esa tarde ya seguramente estaba soñando con las estrellas. Imaginate un anarquista en el espacio. ¿Qué pensarán los astronautas de Donald Trump... de las grandes fusiones empresariales... de los travesticidios...? Estando allá arriba mirando la Tierra sentado en una roca lunar, uno pone en perspectiva la perlita azul donde se desarrollan todos los malos augurios y todas las promesas incumplidas y todas las catastróficas injusticias cotidianas. Y el espacio, el espacio vacío, la bóveda negra que no es stricto sensu cosa ni lugar (ni siquiera te serviría para respirar, si lo que necesitaras es un respiro), en su eterna mezcla de arriba y abajo mientras los planetas siguen meciéndose en su danza astral... donde la política no tiene injerencia, todavía, al menos hasta que sea decisión de la NASA mandar en un viaje de ida a Marte a un pequeño grupo de humanos y que este grupo de humanos críe, en cincuenta años, la primera generación de niños extraterrestres (acá sí, stricto sensu). Y que en tres generaciones, ya se olviden de dónde vinieron. Y que en diez generaciones después de Adolfo, anno domini 2663 de la era de Acuario, la población humana (primos lejanos ya de los primeros marcianos en un planeta más rojo que Misiones) se olvide que alguna vez fue realmente difícil tómarselas al espacio. Había que ser ingeniero o ridículamente rico para tomárselas al espacio. Había que estudiar años y años y ser dedicado y centrado, como Adolfo. Había que no, no, no, la botella, y sí, sí, los libros. Había que mucho horas culo. Había que bañarse en la humildad del rosario en cuello. Y en medio milenio más tendremos la Tierra hecha mierda cuando terminemos de usar todos nuestros glaciares para nuestro efímero tereré global. Los genios van a decidir para dónde enfilamos, van a ponerse en la puerta del buque eligiendo sí o no, y quizás lo decidan a su conveniencia, porque nosotros le hemos dado mucho a la botella acá abajo para preocuparnos realmente por servir a la raza. O confiaremos en el designio de los rosarios al cuello, si en quinientos años no los hemos quemado en un acto de monumental soberbia. Serán los genios los que decidan por nosotros. Quién sabe si para su conveniencia, pero seguramente, con sensatez científica: son genios. Lo que me hace pensar en Adolfo. Qué bueno sería un anarquista en el espacio.

Scott Listfield, "Boom"

1 comentario: