30.10.15

El chico de las granadas

Jold tiene dos fotos pegadas en la puerta de su pieza.
Yo estoy acostado en el piso por el calor. Ella toma un vaso de agua con dos cubitos de hielo, silenciosamente, sentada en la cama. Me doy vuelta y le pregunto:
— ¿Quiénes son los de la foto?
—Es Larry Clark —responde.
—Me suena.
—Es el director de Kids.
—Ah... Kids.
Las miro de vuelta. No veía mucho. La pieza estaba semi a oscuras porque ella había tenido la precaución de colgar una tela de la ventana para que no entre el sol chaqueño. Eran las cuatro de la tarde de un jueves demuchísimo calor.
—¿Él está en las fotos o las saca?
—Él está en las fotos, y él las sacó.
—Están muy bien.
Jold no responde. Hace mucho calor para hablar más de lo justo. Giro en el piso otra vez para agarrar algo más de piso fresco. Larry Clark, sí... ese tipo que un día, sacando fotos de un grupo de skaters en Nueva York, se encontró con Harmony Korine y éste le alcanzó un guión que había escrito a la corta edad de 19 años. Kids fue la primera película realmente turbia que vi en mi vida. Una cosa era ver porno a escondidas, en el que vos ya sabías lo que iba a pasar. Kids era una cosa para perturbarse como un menonita en un strip club.
Miro un ratito más las fotos pegadas en la puerta. Trato de retener un par de detalles. Fotos en blanco y negro de Larry Clark posando arriba de un sillón. No sé bien qué será pero la foto tiene algo de desprolijo. Al menos así lo veo desde el piso, con mi miopía incipiente y en la media sombra.
Pensando que hay algo de encantador en fotos de celebridades en blanco y negro, le digo a Joldi:
—Te tengo que recomendar una cuenta de Twitter.
—Cuál.
—El rayo virtual.

El critico de arte Daniel Molina administra el rayo virtual. Cada tanto, Daniel elige un artista y hace una seguidilla de varios tweets dedicados a su obra.
Hace unos días publicó algo de Richard Avedon, un sujeto que fotografió a Peter Orlovsky abrazado en pelotas a Allen Ginsberg. Antes de eso, Nan Goldin, que hace unas fotos buenísimas de drag queens, escabio, parranda y gente joven, y un retrato demoledor de ella misma después de ser golpeada por su marido.
Pero la que más me gustó últimamente es Diane Arbus. Había leído una nota sobre ella en una revista a propósito de su famosa foto de Borges. Con el atrevimiento que me perdona el blogueo aficionado, voy a subir la foto acá. Daniel la denomina sencillamente El chico de las granadas.


Es la clase de foto que yo mismo imprimiría y pegaría en mi puerta. Me hace acordar un poco a Gummo. Capaz por eso y muy de rebote me acordaba de ella mirando los retratos de Larry Clark en la puerta de Joldi. Recorriendo el Twitter de Daniel uno se encuentra con cosas asombrosas. Tengo entendido que se dedica a la crítica de arte, cosa que en Buenos Aires es más reedituable que por acá, porque Dios atiende allá y es más fácil que llegue a interesarle lo que uno le dice in praesentia.

Estos momentos también (y en ocasiones, también y sobre todo) conforman lo lindo de la cultura. Una expresión artística desinteresada, íntima: dos fotos pegadas en una puerta. Los gestores, los periodistas especializados y los eventos multitudinarios parecen tan engorrosos al lado de una foto pegada en una pared, que uno puede observar con la inocencia de estar tirado en el piso sumido en la semioscuridad y el calor chaqueño.

A veces, esa máquina aparatosa que llaman cultura (que, de tanto en tanto, demasiado ansiosa por mover conciencias, se vuelve pretenciosa o verdaderamente ridícula) me dejan a mí mismo con ganas de tener una granada en la mano.

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