30.9.15

Tres citas, anno domini 2011

Casi que no sé si estar de acuerdo cuando García Márquez (enunciador) le adjudicaba esta célebre frase al coronel Aureliano Buendía, cuya historia de numerosas derrotas y más numerosos descendientes motivó el nombre que le puse al gato que me acompaña hace tres años y medio y que llora todo el día porque tiene hambre: [1]
El secreto de la vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.
Pero probablemente sea cierto. Conforme van pasando los años nos vamos volviendo más frágiles y a la vez más pesados, más lerdos. Yo iba viendo con mis bisabuelos cómo sus amigos venían una vez cada tanto porque es todo un tema involucrarse con cuidar a alguien; voy viendo también cómo mis padres y madres (que son siempre más de dos) van anticipándose a esa curva descendiente de la vida. No hay nada de pacto honrado con los hijos que no quieren hacerse cargo de uno cuando uno empieza a llenar de mierda sus pañales de adulto que cubre la seguridad social. Es durísimo, es todo un ajetreo, y yo tampoco estoy listo para pensar en responsabilidades a futuro. Lo trágico no es el golpe y zas se acabó; lo trágico (¿por qué carajo habré leído a Kafka?) es estar encerrado en esa sostenida situación insostenible.

Hunter Thompson lo sospechaba y se pegó un tiro la mañana en la que se despertó sintiéndose un viejo de mierda, cosa que para él no tenía más remedio que el suicidio. De acuerdo a su última voluntad se arrojaron sus restos desde un cañón en Woody Creek, Colorado.

No digo que sea un deporte porque soy pésimo para los deportes, y sobre todo soy pésimo para cualquier cosa que requiera constancia, pero sin duda eso de estar solo es algo que se practica. Como decía otro viejo célebre: [2]
there are worse things than
being alone
but it often takes decades
to realize this
and most often
when you do
it's too late
and there's nothing worse
than
too late.
 
La única constancia que puedo prometer es esa constancia anudada a los dos movimientos contrarios que rigen mi vida (L. M.): concentración y dispersión. A veces, está bueno ser permeable a la influencia de los otros; otras veces, está bueno armarse un dique alrededor de la cabeza mientras la bacha va drenando todas las cosas nuevas que aprendemos de nuestro contacto con el prójimo. A veces me imagino a la vejez solamente como ese momento de la vida donde ya directamente no entra nada en la cabeza, por desdén o por aridez. Cuando uno es viejo, es impermeable. A veces dice que está verdaderamente curtido, pero otras veces simplemente tiró la toalla y dice tercamente que el mundo ya no le puede enseñar más nada. Y a veces, incluso, lo corroboro: no hay nada en este mundo más terco que un viejo.

Endemientras se nos pudren los huesos poco a pocos, seamos permeables mientras podamos ser permeables. La gran obra poética de la permeabilidad (si se quiere), Rayuela, en el capítulo dos, dice: [3]
Supongo que la Maga se hacía ilusiones sobre mí, debía creer que estaba curado de prejuicios o que me estaba pasando a los suyos, siempre más livianos y poéticos.

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