30.9.15

The Onion

The Onion es un diario paródico yanki que me divierte muchísimo. Sus títulos se burlan de cualquier cosa: del Papa-pop Francisco I, del miedo irracional que tienen los norteamericanos de que ISIS ponga en venta al Pentágono por eBay, o a Donald Trump que, si me preguntan, es una burla en sí mismo. No tiene la acidez de la Revista Barcelona, en su tono combativo que nos viene bien por estas latitudes llenas de tilingos mucho más permeables a la opinión de las enterprises; The Onion es una sátira profunda, pero acaso un poco más inocente o más absurda.
Hoy leí uno de sus titulares. Rezaba: "Teórico Conspirativo Tiene Una Elaborada Explicación De Por Qué Sigue Soltero". El epígrafe lo cita al teórico: "Hoy por hoy estoy solo debido a las maquinaciones encubiertas de cientos, quizás miles de mujeres en varios países. Estamos hablando aquí de un complot de proporciones épicas, que podría parecer contra toda intuición, pero eso es exactamente lo que te quieren hacer creer".

The Onion, cuando no le pega a figuras de conocimiento público (fundamentalistas, conservadores ridículos, celebridades en decadencia, o hasta el mismo Dios de la religión cristiana), inventa estos personajes divertidísimos y los sitúa en pueblitos de estados como Dakota del Sur. Una de las mejores profesoras de inglés que tuve, hace más o menos 4 años, lo definía espectacularmente (creo que ese día se ganó todo mi respeto): humor de estereotipos. Y sin un dejo de reprobación moral, añadió que le parecían divertidísimos. Claro, la mina había vivido en Salt Lake City. No me sorprendería que los yankis se hagan menos rollo por cosas que aquí están más o menos vedadas; quién no ha saltado a defender a los islámicos que fueron caricaturizados por Charlie Hebdo, porque "algo de culpa también tenían los franceses etnocentristas".

The Onion construye una historia en torno a este personaje, para el cual el estereotipo sirve como pincelada fundante, y que de a poco se va coloreando con datos como edad y profesión (en el caso de nuestro teórico conspirativo, además de ser teórico conspirativo de profesión, Robert Ericsson también es un conductor de autobuses escolares de 38 años que reside en Sioux Falls, SD).

Este chiste parece carente de crueldad porque el lector de The Onion presupone que es un diario irónico y el personaje real no existe. (Si existiera, quizás no sería menos cómico - un poco como Juan Sánchez, persona real, probablemente sería blanco de un tsunami de bullying por un lado y un no menor tsunami de moralismo por el otro).
Pero por más ficción que se construya en torno a una figura genérica, no es ciencia ficción o un libro de Boris Vian. Siempre posee un anclaje con lo real. En este caso, la burla a Robert Ericsson es una burla hacia una conducta que puede ser bastante común: el pensar demasiado una situación hasta el punto de atribuírsela a causas totalmente inverosímiles.

Ericsson es esa parte de todos nosotros que, simplemente, no puede dejar que todo fluya: todo tiene que ser parte de una causa mayor, una complicadísima artimaña que involucra tiempo y energía de un montón de gente que no conocemos para, simplemente, cagarnos la vida. Artimaña que tiene cero vinculación con la realidad y está todo en la mente del tipo que, como Casandra, se cree solo y se sabe solo, pero justamente eso es la prueba de su lucidez y no otra cosa. El tipo reivindica algo que la navaja de Ockham bastaría para tirar por tierra y, lo que es lo mejor del asunto, recibe una irónica cobertura de un diario satírico que envuelve con objetividad verbal un hermoso pedo en la cabeza de un paranoico.

Si me preguntan a mí, un artículo periodístico de semejante profundidad discursiva merece muchísimo más atención que, por ejemplo, la consuetudinaria cobertura que brinda La Nación, diario pretendidamente serio, al paradero de alguien como la China Suárez (personaje real, y aunque real, ni siquiera tan interesante como Robert Ericsson). Y quizás no sirva para el periodismo, en tanto sé que The Onion es pura ficción, que dicen que es lo contrario al periodismo, y sin embargo su producción me parece tan merecedora de respeto como esa bastardeada rueda de prensa que pusiera en su lugar Bartolomé Mitre, el barbudo de los dos pesos, hace un siglo y medio.

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