28.9.15

Sé tu mismo, pero no seas siempre el mismo, pt. 2

La lección de felicidad más importante que aprendí es la siguiente: no dejes que nadie te haga dudar de lo que sos.
No digo de lo que podés. Es importante dudar de lo que podés hacer, porque siempre podrías estar haciendo más. Al menos, yo lo veo así.
Pero el momento donde me siento más feliz es cuando no tengo que dar justificativos ni explicar por qué soy como soy. Eugene Hutz lo dice: de lo que se trata la vida es de estar en contacto con tu naturaleza salvaje.
Una persona hace las cosas de una forma y te dice que es la correcta. Y eso es un enorme error. Al menos a mí (no podría hablar por ustedes, porque están en todo su derecho de aceptar cualquier cosa que se les cruce en el camino), eso me pone muy en guardia. El momento donde alguien te dice que tendrías que cambiar tu cableado en la cabeza para "vivir la vida como se debe" (según qué reglas, escritas por quién, jamás está claro en la gente convencida) es el momento donde tenés que empezar a dudar de esa veracidad. Tantos años y tanta sangre le costó a la humanidad, ese pedacito de historia documentada que nos llega a nosotros hoy, deshacerse de la influencia profundamente presciptora del cristianismo que decía que la vida y la moral de hoy están dictadas por la vida y la moral del cielo... tanto tiempo nos llevó superar eso, que no podría aceptar hoy (al menos yo, eh) que alguien, un casi-igual a mí pero quizás con un poquito más de experiencia, venga a dictarme cuál es la forma correcta de vivir la vida.

Pero no sólo eso. Porque que te dicten la forma correcta de vivir la vida es, al mismo tiempo, un reproche y algo que quiere pasar por un consejo (o el primo deforme y triste del consejo: ese consejo que se da porque piensa que la experiencia de uno sirve para el otro).
Y este reproche y este consejo son, al mismo tiempo, una necesidad que ve el otro de decirte que replantees tu vida, cosa que es (y esto lo pienso yo, y podrían no estar de acuerdo) estrictamente jurisdicción de uno.
No puedo decir nada más que esto. El momento donde uno se pone a pensar en qué consiste su identidad o a dónde va su vida o qué tendría que estar haciendo este momento, es el momento donde se aleja uno de uno mismo. Puede ser para construir algo, sí. Pero también, y probablemente pase con más frecuencia, es para ajustarse a los estándares de otro.

Y el otro, en realidad son todos el mismo: alguien que no sos vos. Alguien que no vive en carne propia el bagaje de aprendizajes que se van acumulando uno a uno, si uno se toma el trabajo de procesarlos e incorporarlos a su vida. Y esa persona que emite juicio sobre la personalidad de uno (¡fíjense cuán arbitrario puede ser esto, y cuán pretencioso!), está condenada a emitir el juicio más falaz posible sobre la intimidad de algo que no conoce en absoluto.

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