15.9.15

¿Estar orgulloso de...?

Bueno, mamá, lo hice. Saqué un fanzine. Recibí un par de palmaditas en la espalda sobre eso, y bastante gente que me decía "yo quiero un número". Como yo nunca dejé de ser dejado, no, todavía no imprimí la tirada grande, mamá. Uno sueña con ser el Gran Enunciador, o al menos mostrar a un par de personas más lo que uno aprendió a hacer (producir, diagramar, editar, cagarse de risa con amigos, y homenajear a los que deben ser homenajeados, y repudiar a los que deben ser repudiados); todo eso no se logra con una tirada de cinco ejemplares. Perdón, pero eso es puro arte performativo, y de lo que estamos hablando acá es de comernos el garrón de producir algo que sea perdurable.

Sea como sea, acá estamos; metidos en la galaxia fanzinera con una tarjetita con nombre propio: Fanzinatra, reluce. Y es un pibe que me llena de orgullo. Y al verlo, terminado, calentito recién sacado de una imprenta profesional (le tuve que dejar una copia gratis al pibe que me la imprimió, algo así como un premio por su interés, y por estar escuchando Sublime mientras me imprimía dos números), lo único que pensaba era: qué lindo que esto fuera como una bola de nieve. Que vaya creciendo. Que sea un gran imán de gente con ganas de trabajar y producir contenido original. Y que, con suerte, encontremos también un canal apropiado para su distribución. Dos cosas: hacer que el mundo se interese por esta galaxia que llamaremos Fanzinatra (una vez que descubramos bien su brillo propio); y que ninguno de los interesados se quede sin su copia. Y que así vayamos creciendo. De a poco, o como una explosión. Todavía no sé. Es muy temprano para saber.

El futuro brillante está ahí en standby; y detrás, en el horizonte, se mueve a veces la posibilidad de un segundo número, con varios nombres ya confirmados que forman el grueso de este proyecto del cual el Canario es sólo un catalizador.

¿Qué es lo que siempre esperé de este lugar que se llama Córdoba?
No sé. Al principio lo sabía, allá cuando empecé la carrera: excelencia académica, ser profesor, leer mucho y lo que me gusta. Hoy por hoy, en Letras, me parece que todos estamos discutiendo en una nube de pedos, o recitando una y otra vez autores que alguna vez alguien dijo que eran fundamentales. Si hoy tuviera 19 años, te digo la verdad, mamá, no sé si eligiría de vuelta estudiar Letras. Lo único que no estoy dispuesto a reconocer, en mi orgullo, es que todos estos años han sido tiempo perdido, sino que me han llevado a convencerme (¡a mí mismo!, puesto que ¿a quién más habría que convencer?) de que soy capaz de devolverle algo al mundo, de crear algo nuevo. Cosa que el mero estudio no hace por ahí posible, si no es capaz uno de verse también como con cierta experiencia, con cierto porte.

¿Crisis vocacional? Eso le pasa a cualquiera. ¿Estar orgulloso de una creación? Y... estoy lejos de tener hijos, pero...

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