5.8.15

Feng shui

Últimamente ando mucho con la idea del feng shui. No sé si organizo bien mis muebles como quieren los chinos (para eso tendría que desenchufar la heladera, no sé si va por ahí la cosa) pero sí concuerdo con ellos en algo básico: tu entorno tiene que estar bien organizado, o por lo menos a tu medida. A mí no me molestaría vivir en un cuchitril si por lo menos lo puedo decorar como a mí me gusta.
En esto estoy con mi pieza. Tengo un escritorio bajo una ventana que ideé para sentarme a escribir, aunque lo que menos hago es escribir. Por algún motivo, cuando estoy en mi pieza las ideas no fluyen, sino que se estancan. Como si supiera que vengo acá para descansar, no para crear cosas. Eso es un bajón y lo estoy tratando de revertir.

¿Cómo? No tengo ni puta idea. Probablemente sirvan las piedras energéticas, o los sahumerios de pachulí.



Pero al menos puedo pegar fotos en mi placard. Dos de los mismos tipos que están en el encabezado de este blog (sí, ¡ahí arriba!): Joyce, un poco más pendejo, mirando a la cámara, bizco pero todavía sin parche, y un Hunter Thompson con una borrachera importante o un bloqueo artístico todavía mayor. Ironizo: tres tipos que me inspiran. Sí, el tercero soy yo, en el año 1995, arriba de un tobogán en Buenos Aires. También me inspiro, carajo. ¿Quién sino yo? Lo que es mejor todavía: ¿quién sino la versión joven y más pura y más juguetona de uno mismo, esa versión que no se hace mambos por nada?

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