29.7.15

Como viento en popa

como viento en popa gira el tiempo

La canción 6 del disco homónimo de La Buena Violencia de la Mente, banda que (suelo joder) es lo más parecido a Spinetta que tolera mi organismo, se llama "Como viento en popa". La banda es de Corrientes. Al disco lo sacaron en el año 2008. Una de las entradas de este blog de las que me siento más orgulloso de haber escrito es ésta, en el que cuento con pelos y señales cómo me llegó el disco y qué me causó escucharlo.

Nunca le cacé la onda a Spinetta por sus letras infranqueables, que parece ser la única constante en su larga carrera (hasta renuncia, en un tema o dos, a los acordes imposibles, pero jamás a las letras imposibles). En su momento el tipo era infumable, cuando había tanta gente llorando témperas de colores en febrero a causa de su muerte; hoy es simplemente prescindible. Recién oí hablar de Spinetta como un dios en el 2012, y ya tenía una mochila de soberbia encima que me susurraba al oído: "vos sabés, si el tipo es efectivamente un dios, ¿cómo es que no lo adorabas de antes?".

Si bien las letras infranqueables son lo que no me cerraba de Spinetta, cuando en la facultad estudiamos el simbolismo descubrí que, efectivamente, esto que no se entiende ¡se puede interpretar de cualquier forma!

¡O quizás no! Y ese "quizás no" le removería la poca gracia que le veo a ese "flaco hermoso". Con La Buena Violencia de la Mente pasa lo mismo, solo que cuando llegué a Mallarmé ya estaba curtido de amor por este disco.

son flores y sonrisas que jamás voy a olvidar

Cuando me estaba pegando la vuelta en el Crucero del Norte, un viernes a las 9 de la noche, ese fue el primer disco que puse. Generalmente es arriba del bondi donde hago las paces o los reclamos debidos a Corrientes y balanceo cuántas ganas de volver tengo a Córdoba, que en un principio eran muchísimas pero conforme me iba haciendo viejo eran cada vez menos. Podría decirse que el viernes, al subir al bondi, se habían reducido a ninguna. Puse ese disco como para paliar la amargura que tienen esos momentos de mierda que todos conocemos, y que suelen desarrollarse en lugares tan horribles como terminales o aeropuertos - una secuencia de despedida no parece lo suficientemente fatídica si se realiza en la comodidad del hogar. Y sigo sin entender a la gente que tiene ese oscuro fetiche de irte a despedir siempre en las plataformas de una rodoviária.

bailando con tu amor, 
bailando sin tu amor, todo puede pasar

Sí, deberían haberlo supuesto, en algún momento me iba a poner cursi.

Porque esa libre interpretación que le di al tema este, que jamás entendí cabalmente (porque no hay algo así como una "interpretación cabal"), se refería justamente a Corrientes, y a Corrientes en ese momento: el de la despedida. Pues todo iba bien, todo iba "viento en popa", cargado de "sonrisas que jamás voy a olvidar" (pero ¿quién no podría interpretar esto, también, como terminar un viaje de egresados? Ojalá Marasso/Velázquez nos lo permitan).

Pero estos son los versos que más me llegaron. "Bailando con tu amor / bailando sin tu amor, todo puede pasar".

Lo que es más o menos como decir lo siguiente: viviendo acá o allá, en cualquier lado... eso: todo puede pasar. No me miren así. No soy el primero ni voy a ser el último ser humano incapaz totalmente de comunicar un carajo de lo que siente. ¿Es amor lo que brinda Corrientes? Acá vuelvo al tema ese de volverse viejo: sólo últimamente empecé a sentir una verdadera pertenencia por ese lugar. Está muy bien el folklore, el chamamé, el río, el mural, el matecito, la administración pública. Muy bien todo eso. Son lugares comunes. Los boliches también son lugares comunes, y de tan comunes siempre están llenos, y por lo tanto siempre está el pelotudo que te tira el vaso al piso de un empujón.

Pero parado detrás del Adolfo Mors (las pirámides al lado de la pista de skate a la que ya no va nadie) miro alrededor y pienso nada más ni nada menos: acá es donde crecí, carajo. Puedo contar diez mil anécdotas de este lugar. Todas están en mi cabeza. Ordenadas por fecha, a veces no tanto, pero así en cuenta regresiva hasta llegar a ese momento en el que todo se vuelve demasiado borroso, que es cuando era un nene de cuatro años y venía a jugar acá, pero eso fue hace toda una vida, literalmente. Y no estoy demasiado lejos. Soy medio petiso en esto de haber vivido, no acumulé muchos años, no tengo lo que se dice un currículum.

Y capaz soy muy joven para ponerme a pensar "de dónde vengo". Será bueno tenerlo en cuenta, así como es bueno darse cuenta (cada tanto) que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

como viento en popa gira el tiempo

La historia contrafáctica me da arcadas y jamás volvería a pensar (porque lo pensé) que sería de mí si me hubiera quedado.

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