9.6.15

"Matrimonio", G. Corso

Me viene intrigando la gente que descree de las instituciones. No en base a pura inercia, que también los hay (como dije cierta vez, no veo por qué no habría comunistas con cabeza de termo; los hay, y los hay a raudales).
Me gusta más la gente que descree en las instituciones como parte fundamental de su propia inocencia. Son una especie de poetas: pero en el sentido más amplio del término (poiesis, quizás, que en griego es ni más ni menos que "hacer"): la creatividad fluye en ellos sin esfuerzo como los otros respiramos.
Digo. Qué más quisiera un niño que educarse leyendo en su casa una tarde, en vez de tener que asistir seis horas a la escuela por la mañana; un lugar infecto de una violencia impredecible, o de una pedagogía dudosa, o de lo que sea. A los adultos les pasa lo mismo, sólo que el cinismo y la resignación son algo que se ejercita. El niño carece de cinismo. En el momento donde se da cuenta que lo necesita para sobrevivir, es cuando el niño "madura".

Éste es un poema de Gregory Corso que se llama Matrimonio.
No sólo nombra con sorna los clichés del cortejo y del noviazgo (al menos en la sociedad americana), el poema se ocupa de nombrar, con rebeldía infantil, todas las cosas que el matrimonio no es: Tannu Tuva, el alfabeto griego, cerebros radiantes, manzana sorda. Es un golpe que el artista suele tener: protestar con incoherencias (¡quiero polvo de pingüino!), porque esa aparente incoherencia es lo que reniega de la estructuración lógica de las instituciones que parcelan la existencia del hombre.

MATRIMONIO

¿Tendría que casarme? ¿Tendría que ser Bueno?
¿Sorprender a la chica de al lado con mi traje de terciopelo y mi capucha de Fausto?
No llevarla al cine sino al cementerio
hablarle de los baños de inmersión del hombre lobo y de clarinetes bifurcados
después desearla y besarla y todos los preliminares
y ella sin querer ir tan lejos y yo entendiendo por qué
diciéndole sin enojarme¡Tenés que sentir! ¡Sentir es hermoso!
y en vez de eso tomarla en mis brazos y recostarla en una lápida vieja y torcida
y enamorarla toda la noche con las constelaciones del cielo--

Cuando me presentara a los padres 
enderezando la espalda
y por fin con el pelo bien peinado, estrangulado por una corbata,
me sentaría con las rodillas juntas en su sofá de 3er grado
y no preguntaría ¿Dónde está el baño?
De qué otro modo sentirme distinto del que soy,
casi siempre pensando en el jabón de Flash Gordon--
Oh qué terrible debe ser para un hombre joven
sentarse delante de una familia que piensa
¡Nunca lo vimos! ¡Quiere a nuestra Mary Lou!
Después del té y las masitas caseras preguntarían ¿Qué hacés para vivir?
¿Tendría que decirles? ¿Les caería bien?
Dirían Está bien cásense, perdemos una hija
pero ganamos un hijo--
¿Y entonces podría preguntar dónde está el baño?

¡Oh Dios, y el casamiento! Todos los familiares y amigos de ella
y nada más un puñado de los míos desgreñados y barbudos
esperando para lanzarse sobre los tragos y la comida--
¡Y el cura!Mirándome como si me masturbara
preguntando ¿Quiere a esta mujer como legítima esposa?
Y qué diría yo, temblando, diría ¡“Sin Hielo”!
Besaría a la novia con todos los cornudos palmeándome la espalda
¡Es toda tuya, pibe! ¡je-je-je!
Y en sus ojos se vería pasar una luna de miel obscena--

Después todo ese absurdo del arroz y latas ruidosas y zapatos
¡Las Cataratas del Niágara! ¡Hordas de nosotros! ¡Maridos! ¡Esposas! ¡Flores! ¡Bombones!
Todos entrando en tropel en hoteles acogedores
Todos yendo a hacer lo mismo esta noche
El conserje indiferente sabiendo lo que va a pasar
Los zombies del lobby sabiéndolo
El que silba en el ascensor sabiéndolo
El botones que me guiña un ojo sabiéndolo
¡Todos sabiéndolo! ¡Casi estaría tentado de no hacer nada!
¡Me quedaría levantado toda la noche!¡Miraría a los ojos a ese conserje!
Gritándole: ¡Me niego a la luna de miel! ¡Me niego a la luna de miel!
corriendo desaforado entre las suites climatizadas
gritando ¡Panza de radio! ¡Pala de gato!
¡O me quedaría a vivir en Niágara para siempre! en una cueva oscura frente a las cataratas
Me sentaría ahí como el Mielero Loco urdiendo fomas de romper matrimonios, un flagelo de bigamia un santo del divorcio--

Pero tendría que casarme tendría que ser bueno
Qué lindo sería llegar a casa a ella
y sentarme junto al hogar y ella en la cocina
joven y preciosa con su delantal queriendo tener a mi bebé
y tan feliz conmigo que se le quemaría el churrasco
y vendría a mí llorando y yo me levantaría de mi sillón grande de papá
diciendo ¡Diente navideño! ¡Cerebros radiantes! ¡Manzana sorda!
¡Por Dios qué esposo sería! Sí, ¡tendría que casarme!
¡Hay tanto para hacer! como meterme en la casa del Sr. Jones tarde a la noche
y tapar sus palos de golf con libros noruegos de 1920
como colgar de la podadora un cuadro de Rimbaud
como pegar estampillas de Tannu Tuva en la cerca
cuando viniera la sra. Kindhead a recolectar para el Community Chest
agarrarla y decirle ¡Hay presagios desfavorables en el cielo!
y cuando el Intendente veniera a ganarse mi voto decirle
¡Cuándo va a parar la matanza de ballenas!
Y cuando viniera el lechero dejarle una nota en la botella
Polvo de pingüino, déjeme polvo de pingüino, quiero polvo de pingüino--

Aunque me casara y viviera en Connecticut y nevara
y ella tuviese un bebé y yo estuviera insomne, agotado,
sin dormir por noches, con la cabeza contra una ventana inmóvil, con el pasado detrás,
en la más común de las situaciones un hombre que tiembla
absorbido por las responsabilidades nada de ramita ni sopa de moneda romana--
¡Oh lo que sería!
Seguro le daría un Tácito de goma como chupete
como sonajero una bolsa de discos rotos de Bach
le clavaría De la Francescas con tachuelas por toda la cuna
le cosería el alfabeto griego en el babero
y le construiría un Partenón sin techo como corralito.

No, dudo que yo fuera esa clase de padre
nada de campo, nada de nieve ni de ventana inmóvil
sino la ciudad de Nueva York caliente y olorosa
siete pisos por escalera, con cucarachas y ratas en las paredes
una esposa gorda y Reichiana gritándome sobre las papas ¡Conseguite un trabajo!
Y cinco mocosos con la nariz chorreando enamorados de Batman
Y los vecinos sin dientes y con el pelo electrizado
como esas multitudes de brujas del siglo 18
todos queriendo entrar a ver la tele
Y el dueño que quiere el alquiler
Supermercado Cruz Roja Gas & los Caballeros Eléctricos de Columbus
Imposible acostarse y soñar que nieva el Teléfono, estacionamiento fantasma--
¡No! ¡No tendría que casarme y no me casaría jamás!
Pero -- me imagino si me casara con una mujer hermosa y sofisticada
alta y pálida que usara un vestido negro muy elegante y guantes largos negros
con una boquilla en una mano y un vaso de whisky en la otra
y viviéramos en un penthouse con una ventana enorme
desde la que pudiéramos ver toda Nueva York y todavía más lejos en días despejados
No no me puedo imaginar casado con ese sueño de preso--

Ah pero ¿qué hay del amor? Me olvido del amor
no es que yo sea incapaz de amar
es solamente que veo al amor tan raro como andar con zapatos--
Nunca quise casarme con una chica que fuese como mi madre
Ingrid Bergman siempre fue imposible
Y ahora debe haber alguna chica pero ya estará casada
Y los hombres no me gustan y--
¡pero tiene que haber alguien!
Porque qué pasa si llego a los 60 y no estoy casado,
solo en una pensión con manchas de meo en los calzoncillos
¡y todos los demas están casados! ¡Todos en el universo casados menos yo!

Ah, sé muy bien que si hubiese una mujer posible como yo soy posible
el matrimonio sería posible--
Como Ella en su lujo exótico y solitario esperando a su amante egipcio
así espero--privado de 2000 años y del baño de la vida.

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