19.6.15

Latinoamérica, 1

Como en todas las culturas antiguas, la música es mediadora entre el hombre y las fuerzas naturales; por ella el hombre se reintegra al universo, recupera la unidad perdida; pero en el caso del indio, y del latinoamericano en general, este reencuentro posee un sentido también histórico e ineludiblemente social y político. Los que pretenden ver ese mundo desde fuera -viajeros de ayer y etnólogos de hoy- no se cansan de hablar de la tristeza del indio y de su música, como si se tratara de un ser nacido para la melancolía y la resignación. 

José María Arguedas no calla esa tristeza, pero también nos hace conocer la alegría, al penetrar el sentido profundo de ese lenguaje por el cual "el mundo se acercaba de nuevo, otra vez feliz". La música forma parte de la misión del hombre de restablecer los equilibrios cósmicos. Tristeza, furia, alegría, esperanza, nos llegan en la voz de este intérprete de su pueblo en tono triunfal, coral:
¿Quién puede ser capaz de señalar los límites que median entre lo heroico y el hielo de la gran tristeza? Con una música de estas puede el hombre llorar hasta consumirse, pero podría igualmente luchar contra una legión de cóndores y de leones y contra los monstruos que se dice habitan en el fondo de los lagos de altura y en las faldas llenas de sombra de las montañas. Yo me sentía mejor dispuesto a luchar contra el demonio mientras escuchaba este canto. Que apareciera con una máscara de cuero de puma, o de cóndor, agitando plumas inmensas o mostrando cuchillos, yo iría contra él, seguro de vencerlo. (Arguedas, 1965) 

Leonardo Acosta, Música y descolonización

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