28.6.15

Ken Kesey y el primer gran viaje

I'm taking my time for a number of things
that weren't important yesterday...
The Beatles, Fixing a hole

Este libro que estoy leyendo es indescriptible. Para empezar, creo que no está editado en español, por lo tanto la traducción que voy a intentar a continuación es totalmente casera y fue muy, muy jodida de hacer. El texto se llama The Electric Kool-Aid Acid Test y el autor es Tom Wolfe, egresado magna cum laude de la escuela del Nuevo Periodismo norteamericano junto con otros lindonenes como Norman Mailer, Truman Capote o ese tal doctor Thompson.

El libro narra las aventuras de quien fuera visto como el Cristo de los hippies, un escritor oriundo de Colorado llamado Ken Kesey. Mientras viviera en una legendaria comuna de jóvenes en San Francisco llamada Perry Lane (no confundir con Penny Lane, ¿o sí?), a principios de los '60, Kesey conoce a un tipo llamado Lovell que le sugiere la idea de hacerse conejillo de indias en un hospital en Menlo Park.

Lo que sigue es historia, que me encantaría haberla podido contar yo en los deliciosos términos que Tom Wolfe utiliza y que son, en su mayoría, juegos de palabras intraducibles. Bah, quizás no tanto porque son juegos de palabras (traducir el Ulises es un dolor de huevos, pero, bueh, se pudo), sino por el hecho mismo que relata: la experiencia de Ken Kesey es, sencillamente, incomunicable. Todo aquél que haya vivido una experiencia similar, sabrá en qué consiste la complicación de querer transmitirla, y podrá intentar (bah, si mi traducción, mal que mal, se entiende) imaginar de qué se trata.

Como nota de color. Una parte de este fragmento fue publicado por ahí como una crítica de Tom Wolfe a la película de Godard, Adiós al lenguaje, que se estrenó en el 2014. Bastante curioso, porque el libro se publicó casi cuarenta años antes. Pero con los genios nunca se sabe.


La persona más interesante que [Ken Kesey] conoció en Perry Lane, que no pertenecía a ninguno de los novelistas ni intelectuales, era un joven egresado de psicología llamado Vic Lovell. Lovell era como un analista vienés, o al menos una versión californiana de uno. Era esbelto, con salvaje cabello oscuro, brillante intelectualmente y al mismo tiempo muy desenvuelto. Él introdujo a Kesey en la psicología freudiana. Kesey nunca se había encontrado con un sistema de pensamiento así. Lovell podía señalar, de la forma más persuasiva, cómo los mundanos rasgos y manías que ocurrían en Perry Lane encajaban en la más rica y compleja metáfora del mundo alguna vez diseñada, léase, la de Freud... y con un poco de nafta experimental...
Sí. Lovell le contó acerca de algunos experimentos que se estaban llevando a cabo en el Hospital de Veteranos en Menlo Park, que involucraban drogas "psicomiméticas", drogas que inducían estados temporarios semejantes a la psicosis. Estaban pagando a los voluntarios 75 dólares al día. Kesey se presentó. Era todo muy correcto y clínico. Lo acomodaron en una cama en una habitación blanca y le dieron una serie de cápsulas, sin decirle qué eran. Una era nada, un placebo. Otra era Ditran, que siempre causaba una terrible experiencia. Kesey siempre se daba cuenta de ella, porque los hilos de la frazada con la que se tapaba empezaban a parecerse a un campo de horribles y enfermizas espinas, y él se metía el dedo en la garganta e intentaba vomitar.
Pero una de ellas - la primera cosa que supo sobre ella era que una ardilla había arrojado una bellota desde un árbol afuera; sólo que la bellota sonó tremendamente fuerte, como si no estuviera afuera sino ahí mismo en el cuarto con él y no fuera realmente un sonido, sino una gran presencia envolvente, visual, casi táctil, un verdadero impacto de... azul... todo alrededor de él, y de repente estaba en una esfera de conciencia sobre la que él jamás había soñado antes y no era un sueño ni un delirio sino una parte misma de su percepción. Mira al techo. Se empieza a mover. Pánico - y sin embargo no hay pánico. El techo se está moviendo - no en un torbellino alocado sino al ritmo de su propia cadencia su propia cadencia de luz y sombra y superficie no precisamente tan suave y agradable como el yeso Super Plaster con un nivel infalible de carpintería revoque burbuja deslizándose en turbia miel tubo de jarabe Karo no tan a prueba de tontos como pensabas, viejo, pequeñas crestas y grumos ahí, y líneas, líneas como espinas en crestas de olas de una película de un desierto blanco cada uno con una sombra de un plano largo de MGM del ominoso árabe viniendo sobre la próxima cresta mientras sólo el siniestro sarraceno puede ver el camino y no sabías vos cuántas historias dejaste atrás, Hombre de Yeso, tratando de suavizarlo todo, todo eso, con tu burbuja y tu revoque de carpintero de tubo de miel, para hacer que todos los que estamos acá abajo veamos nada más que techo, porque todo lo que conocemos es el techo, porque tiene un nombre, techo, por lo tanto es nada más que techo - no hay espacio para árabes en la Tierra del Revoque, eh, Hombre de Yeso. De pronto él es como una bola de ping-pong en una inundación de estímulos sensoriales, corazón que late, sangre que fluye, aliento que suspira, dientes que rechinan, manos que se mueven en la sábana de percal sobre miles de pinceladas de fuego, luz del sol y el reflejo sobre una caña de acero, qué pedacito de película tenés ahí en ese reflejo, Hondo, Technicolor, elegir uno es como ir pescando bolas de neón con una pala de vapor en la casa de los juegos, una bola de ping-pong en una inundación de estímulos sensoriales, todos bastante ordinarios pero... revelándose por primera vez y sucediendo... Ahora... como si por primera vez él hubiera entrado a un momento en su vida y sabido exactamente qué es lo que está pasando con sus sentidos ahora, en este momento, y con cada nuevo descubrimiento era como si hubiera entrado él en todo, es uno con eso, la película desierto blanco del cielo se convierte en algo rico, personal, suyo, hermoso más allá de la descripción, y sus árabes - árabes más allá de los párpados, películas parpadianas, hay espacio para ellos y un montón más en los cinco mil millones de pensamientos por segundo, sinapsis estroboscópicas - sus héroes árabes, bellos bigotes de crin envueltos sobre sus músculos orbiculares -
¡La cara! El doctor vuelve y, maravilloso, pobre doctor culo de cono, doc, Kesey puede ver dentro de él. Por primera vez se da cuenta que el labio inferior del doctor está temblando, pero él, más que ver el temblor, lo entiende - puede ¡casi ver! - cada fibra muscular cruzada, tirando la pobre gelatina de su labio a la izquierda y las fibras una por una llevadas de vuelta a las infrarrojas cavernas del cuerpo, a través de transistores internos de nervios enredados, cada uno en Alerta Roja, los pequeños anzuelos interiores del pobre bobo desesperadamente tratando de mantener a los pequeños bastardos inquietos ahí, soy el Doctor, este es un espécimen humano ante mí - el pobre bobo tiene su propio desierto blanco en su interior, sólo que las crines de cada árabe son una amenaza - si tan sólo su labio, su cara, se quedaran niveladas, niveladas como la burbuja de miel del Hombre de Yeso Oficial le aseguraran que él -
¡Milagroso! Él podía realmente ver dentro de la gente por primera vez - 
Y sí, esa pequeña cápsula deslizándose milagrosamente por su garganta era LSD.

Tom Wolfe
The Electric Kool-Aid Acid Test

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