16.6.15

El gran juego de Marechal

El lunes salió una noticia sobre la inauguración de una muestra sobre Leopoldo Marechal en un excelso centro cultural que, naturalmente, no queda en otro lugar que en Buenos Aires, primer y último lugar del país donde la muestra va a realizarse. La misma se llama "El gran juego" y, según la directora a cargo, alude a un pasaje del Banquete de Severo Arcángelo, que dice: "el hacedor construye y destruye los mundos como jugando".

Al principio lo sospechaba, pero después mi sospecha adquirió vigencia: Marechal es un autor de un profundo interés espiritual.
María Rosa Lojo, la directora académica, percibe en él sobre todo alquimia y filosofía oriental, que le ayudan a fundir lo nacional en lo universal y conformar un Buenos Aires en cuyas calles se disputan el cielo y el infierno. Qué otra cosa es un poeta que despierta a un filósofo en una pensión en un barrio porteño, ante las burlas de los albañiles italianos. Su obra tiene una trascendencia y un simbolismo particular. Otro pasaje del Banquete citado en la noticia, un poco audazmente puesto bien al principio de la noticia, es el siguiente: "Hay símbolos que ríen y símbolos que lloran. Hay símbolos que muerden como perros furiosos o patean como redomones, y símbolos que se abren como frutas y destilan leche y miel. Y hay símbolos que aguardan, como bombas de tiempo junto a las cuales pasa uno sin desconfiar, y que revientan de súbito, pero a su hora exacta."

No obstante todo eso, Marechal fue leído muchas veces en clave política, como baluarte de un movimiento concreto: el peronismo. Por más bienintencionada que pueda ser esta lectura (aunque todos sabemos que la lectura política siempre está abierta a manipulaciones), es incompleta, y no hay que olvidar esto. A veces se lo lee como peronista más que como creyente, porque ser creyente está un poco devaluado, un creyente no te resuelve las cosas que te resuelve un militante. "El que no es escéptico tiene mala prensa". Pero, para mí, descalificar de entrada la dimensión espiritual no es más que un fruto del desdén de una sociedad hiperrealista que no quiere confiar en símbolos o en creencias más de lo que quiere confiar en sus propios discursos - ambiguos, falseados, dignos de duda.

Marechal aparece como una oportunidad de recuperar esta dimensión espiritual.
Sus obras pueden ser leídas con placer por un antiperonista, sino véanlo a Cortázar. Lo más prudente, para mí, es eximirlo de convertirse en bandera. Entretanto, yo lo admiro al tipo por declararse un creyente para urticaria de todos los intelectuales, para que los que la negación de la existencia de un ser "divino" está requerida como una operación automática de la mente (o snobismo, como dicen por ahí).

Tema aparte. Me parece perversamente justo insistir. Para vos, sanjuanino del interior o habitante del Impenetrable chaqueño lector de Marechal, o incluso habitante de la segunda gran urbe argentina como es Córdoba: si te interesa el tema, viajá a Capital o jodete. Esto que llaman Cultura se consume solamente allí y en el interior funciona más bien como una máquina perpetua de endiosar boludos. Y larga vida a los trenes... ya que estamos panfleteando.

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