17.6.15

Diamonda & Beth

El fin de semana Roman y yo fuimos a la Fiesta del Orgullo Gay en el VFW Hall de nuestra pequeña ciudad. El pequeño encuentro era un evento sin mucho color, donde asistió mayormente gente blanca de cincuenta o sesenta años. La juventud no entiende la celebración, no imagina que los Estados Unidos, tierra de la libertad, solía poner gente en la cárcel sólo por ser gay. Me alegra que ellos no tengan que lidiar con ese absurdo.

Roman y yo estábamos parados por ahí disfrutando una cerveza y hablando sobre cómo todo el mundo estaba un poco pasado de peso, incluyéndome a mí, cuando se aproximó con entusiasmo una mujer de mediana edad.

—Charles— dijo, sonriendo. No pude esconder el hecho de que no la reconocía.
Se volvió a Roman y se presentó como Diamonda. No reconocí el nombre, aunque algo se me hacía familiar.
Después se volvió a mí y me dijo: —Soy Richard... solía ser Richard.

Pensé "Dios mío". Era Richard. Tiempo antes de que Roman llegara a mi vida yo había sido muy cercano a Richard y a su esposa Beth. Dictábamos un seminario en la Universidad. Era a finales de los sesenta, así que por supuesto, habíamos experimentado con la moda el momento: el menage a trois.

—Por Dios Richard, ¿qué pasó con Beth? —tartamudeé.
Ella se rió. —Ya te traigo a Beth.
Un momento después Richard volvió con Beth. Era Beth, la reconocí inmediatamente. Había envejecido con gracia.
Les sonreí y dije: —OK, explíquenme. 

Ambos estallaron en cálidas risas.

La versión corta es que Richard era transgénero. Richard no era gay así que el amoroso matrimonio había continuado con Beth, quien apoyaba totalmente la evolución. Les pregunté si este cambio significaba que ahora eran lesbianas. Diamonda me guiñó el ojo con una sabia sonrisa. No estaba seguro de qué significaba eso. Beth dijo que eran algo así como lesbianas, sólo que con un dildo orgánico. Me tomé una pausa para imaginarme eso. Técnicamente, su relación todavía era de marido y esposa, todavía un hombre y una mujer, una delicia para los conservadores de todo el mundo. En vez de divorciarse, ellos reprogramaron sus cerebros para crear una nueva relación basada en la realidad. Eso era tan Richard y Beth. Gente asombrosa.

Encontrar la felicidad en la vida es el objetivo primario, aún si constantemente cambiante, así que, desde luego, estaba sinceramente feliz por ellos, aunqe Diamonda iría a requerir algo de reprogramación en mi cerebro también. Continuaba viendo a alguien que no conocía.

Roman estaba un poco confundido por el hecho de que yo había intimado con ellos, aunque el amor libre era la norma en ese entonces y compartir el amor era un honor.
Lo que Roman vio fueron dos damas viejas. Pero cuarenta años atrás, ellos eran una genial pareja de hippies. Ella tendía a la figura de cantante folk y él, a la del poeta oscuro. Beth era una de las que originalmente me trajo a su cama, pero Richard era el que me mantuvo allí. Con Richard creció mi primer enamoramiento hacia un hombre, aunque su corazón pertenecía ya a Beth.

Ahora me doy cuenta que mi primer enamoramiento a un hombre era en realidad hacia una mujer llamada Diamonda que tenía un dildo orgánico. No voy a pensar más en eso.


Charles Bobuck

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