4.6.15

"¿De dónde vengo?"

Hay algo que no me cierra del aborto. No quiero que deje de ser visto como un mal necesario, y no como una bandera de orgullo y liberación: me basta recordar, cada vez que la pasión revolucionaria empieza a correr por mis venas (que no es muy seguido), que en el aborto se está jugando en el terreno de la muerte.
Estoy a favor de la legalización, pero solamente porque se va a seguir haciendo de todas formas. Me basta imaginar una escena que me pone los pelos de punta: un pabellón de abortos en todos los hospitales, donde la práctica de matar un feto sea moneda corriente, todo lo inocua que vos quieras, pero en serie, con turnos, con burocracia de por medio. "En esta clínica se realizan veinte abortos por día". Imaginar un espacio así, institucionalmente abocado a generar muerte, me asusta un poco y me gustaría evitarlo cada vez que me fuera posible. Entiendo: no soy mujer. Pero si fuera mujer, creo que tampoco estaría orgullosa de poder abortar cada vez que quisiera.

La vida no es nada desdeñable. El aborto no deja de ser una decisión jodida, así como la concepción no deja de ser un tema poético magistral. Nunca estamos hablando de valores pequeños.



No hay comentarios:

Publicar un comentario