29.5.15

Mi abuelo y los aliens

"I wish I could write you a melody so plain
that could hold you, dear lady, from going insane"
(Bob Dylan)


Emma me hizo el otro día una pregunta más que difícil. ¿A dónde me veo en el futuro?
Me la hacía en un bar en la Cañada, mientras tomábamos un whisky 100 Pipers, mientras llovía afuera, y yo me sentía totalmente a gusto. En tales circunstancias, la respuesta más lógica no era otra que "acá mismo". Pero lo pensé: digamos, cometí el error de pensarlo.

Desde que llegué acá hace tres años y medio, me dije que Córdoba iba a ser mi hogar por un tiempo. Salvando las distancias, ahora casi que lo es. Por lo menos sé qué hacer un miércoles a la noche. Sé dónde se consigue tal o cual cosa (los comercios en Córdoba están separados por rubros: bicicletas en Sarmiento y Alvear, muebles cerca del Mercado, y faso barato... todos sabemos dónde).
Hasta ahora nunca sentí que Córdoba sea una ciudad demasiado pequeña, aunque me ha pasado de cruzarme por casualidad con amigos de amigos algunas veces.
Pero lo grave de pensar una pregunta así, es ponerte en cuestión ese lugar donde de repente te sentís más o menos bien pero sabés que fue una decisión arbitraria y de golpe. Pude venir acá como pude ir a cualquier otro lado. Y, siendo sincero, casi que no conozco otro lugar que Córdoba; capaz Buenos Aires, o Salta, pero en todo caso no sé cómo sería vivir en Pernambuco, o Ceuta, o Hong Kong. Y hay una ansiedad que me atraviesa de pies a cabeza, que es esa ansiedad ante lo desconocido, que Emma disparó, creo que sin querer.

Me acuerdo de mi abuelo. Él está convencido de que los aliens existen. Y sostiene esa creencia con una lógica implacable, basada en su propia humildad. Si mi abuelo tuviera unos cincuenta años menos, andaría por ahí usando una remera estampada con la frase "I want to believe".
Su razonamiento era el siguiente: "el universo es demasiado grande, más grande de lo que nosotros podemos llegar a conocer. ¿Vos te pensás que nosotros somos los únicos?"

Y tiene razón. Si no conocemos más que esto, ¿cómo podemos estar seguros de que esto sea lo único? ¿O lo mejor?

Yo, en un plano un poco menos galáctico, siempre fui de dudar si estoy viviendo en el mejor país del mundo. Probablemente sí, probablemente el país donde uno nace, debuta sexualmente, come locro los 25 de mayo y es feliz de vez en cuando sea el mejor.
Pero no puedo evitar pensar con la lógica implacable de mi abuelo. ¿Cómo sería vivir en otro lado?

¿Yo soy el único que piensa todas estas cosas? No tengo idea. Hay gente que conocí, tanto en Corrientes como en Córdoba, a los que mudarse a Pernambuco o Hong Kong les tiene totalmente sin cuidado. A lo sumo, me dicen que les gustaría vivir en el campo; en Córdoba, "el campo" es un lugar a donde vas y volvés en dos o tres horas en auto.

Creo que le dedico especial atención al lugar donde vivo porque fue una elección mía, y tengo que dirimir (tres años y no lo dirimo) si fue un capricho de los dieciocho, o si de verdad buscaba algo acá. Es lo que tengo que defender con audacia cada vez que alguien me pregunta: "pero también podés estudiar Letras en Corrientes, ¿por qué te viniste para acá?".
La respuesta siempre viene asociada a lo mismo: "buscar nuevos horizontes", o algo así. (Este algo así me mata). ¿Por qué Córdoba?
Y bueno: ¿por qué no?
Pero, ¿por qué no otra?

Lo pienso con una fatalidad desoladora como si mi elección vocacional estuviera ligada permanentemente a mi elección geográfica; como si fuera a casarme con la ciudad donde elija vivir, irrevocablemente, y allí tuviera que desarrollar todas mis capacidades.
Pero me conozco. Soy un inestable de mierda. Y para los inestables, una ciudad perfecta puede ser dos cosas: una ciudad inagotable, donde te encuentres con algo nuevo en cada esquina que te haga lustrar tu sonrisa de sorpresa; o la ciudad que conocés a fondo, con todos los rincones y todas las caras, y te abraza como la cucha de un perro, todo va a estar bien mi chiquito, no te preocupes que este es tu lugar, ndé o ñande roga y etcétera, etcétera, etcétera.

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