15.4.15

Sir Osbert Lancaster y la inocencia victoriana

Bueno, ando corto de inspiración, pero no me abandonen. Ando intentando laburarme todo lo que pueda para juntar unos mangos e ir al BAFICI en Buenos Aires (cuatro días de gira que incluirán el miércoles, mi cumpleaños, en el que a las 23.15 proyectan en Caballito el documental de los Residents al que viajo expresamente para ver).
Además está el tema de la revista, que está poco a poco asomando la cabeza por -bueno, quizás es llevar la metáfora un poco lejos.

Con todo, uno siempre tiene que arrancar desde lo personal y de ahí proyectarse para afuera, porque si uno no está cómodo con los muebles de su casa no está cómodo para recibir visitas, ¿se entiende?; para interactuar con los otros, para decir algo socialmente sensato, para ser original o para hacer amigos, es necesario en principio organizarse.
Si la escritura es efectivamente la piedra con la cual construyo los puentes que me unen al mundo (bueno, esto es un poco exagerado), más vale ejercitarse en el arte de construir puentes. Ya llegará el día en el que las campanas doblen por alguien y tenga que dinamitar el proceso; dicen que son dos caras de lo mismo. Pero soy joven todavía.

En fin. Kaz Prapuolenis, caricaturista yankee que me presentó Raymond, publica en su Facebook unos dibujos de Sir Osbert Lancaster (1908 - 1986), añadiendo el dato nada desdeñable de que es el único caricaturista en haber sido condecorado con la Orden del Imperio Británico.
No sé qué esperar de un caricaturista así (vale decir: uno que no haya terminado acribillado por el brazo armado del fundamentalismo musulmán), pero sus dibujos me parecen de lo más deliciosos. Sencillos en la escena y trabajados en el detalle, hechos de trazos finos sin colorear en su mayoría, aparecen personajes bien vestidos tomando el té junto a una chimenea de una casa vieja de la gran ciudad, tipos fumando pipas junto a una biblioteca, tranvías atravesando la ville, gente tocando el piano, o sencillos bufones de barrio. Lo llaman algo así como un genio victoriano, lo cual es una alusión a la pacatez de la época en la que todo lo sexual estaba disfrazado bajo eufemismos que hoy son de lo más divertidos.

Pero qué querés que te diga. Más de una vez me asalta la sensación de que últimamente todo está como híper-sexualizado: ya sea para adorar a la imagen de la mujer sumisa o la vedette cosificada, como para luchar contra ese estereotipo desde propuestas de género feministas o marginales. Por su parte, el arte recurre al sexo, me parece a mí, como manifestación sensual que más de una vez parece ser lo que está más a mano para añadir efecto y color a un producto. La televisión, sin duda, hace lo mismo. En el mismo terreno que Sir Lancaster, Sala lleva todas sus tiras hasta la exacerbación escatológica. En suma, todo el mundo parece estar hablando de lo mismo: el sexo, la genitalidad, el pito y la concha o sus deconstrucciones, están siempre presentes obsesivamente como un ostinato, sobre todo en la mente de nosotros los jóvenes, dedicados siempre a ver qué podemos descubrir, revertir o transformar, y deleitados con la idea de que esta transformación sea algo que pueda incomodar sobremanera a la generación de nuestros padres.

Y qué querés que te diga, parte dos: los dibujos de Sir Osbert Lancaster me parecen un oasis contra eso. Quizás porque me remiten a imágenes de la infancia, donde soñaba tranquilamente con un lugarcito en la gran ciudad (contra lo que yo veía entonces como una provincia guiada por su folklore campesino, que hoy está más o menos igual sólo que con más votantes de Massa).
Imágenes un poco desdibujadas por momentos, donde el sexo casi no existía, entre tantas otras cosas, al ser un mundo casi totalmente formado de una inocencia soñadora que no estaba obsesionada por lo opresor, lo subliminal, lo simbólicamente violento, ni guiado por los instintos de la animalidad que, al menos en algunos, tiene como regla general culiar cada vez que se puede.

Dato de paso, pero no menor: esta entrada fue escrita y ambientada con el son del último disco de Frecuencia Fantasía, Pequeñas acciones en nombre del amor, que se puede escuchar acá.


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