3.4.15

Resumen de abril al día 3 de abril

Cuestión que en un mismo día (vertiginoso del cual me estoy despertando recién como sacándome lagañas de encima) sacamos pasaje para ir a Buenos Aires el día 19 de abril. Parado en la puerta de la estación sonó el teléfono: me ofrecían trabajo. Esto fue el día primero de abril. Colgué el teléfono y miré para el horizonte (es decir, los cafetines de mala muerte que hay sobre el bulevar Perón): ¿abril será un mes lleno de sorpresas?

Venía cargando una resaca de haber estado con Manu tomando whisky con birra hasta las 5 de la mañana del día anterior, escuchando Alanis Morisette y Joni Mitchell y discutiendo de discos (físicos). Desenfundé los dos discos que me regaló Raymond: uno de los Buzzcocks cuando tenía 14 años, y uno de EOY cuando tenía 18 (tendría que haber sido al revés, pero bueno; digamos que Ray tiene eso de ser un adelantado). Cuando me desperté los discos seguían arriba de la mesa como dando testimonio del derrape de una buena conversación after-hours. Yo estaba totalmente vestido y con zapatillas, con una pata afuera del futón que está hecho mierda en el piso y con la cabeza que me giraba todavía cada vez que veía la petaca vacía y las tucas sobre el cenicero.

Pero bueno. Así fue con Manu, que tiene la frase: "abril flores mil", en referencia a la súbita aparición de las flores que bueno... le salvan la vida a cualquier ser con buenos contactos de visitar a los travestis de la Cañada. Eso ya te carga a abril con expectativas, como si fuera proverbialmente sabido que va a ser un mes con cosas buenas.

Quién diría que en un pedo inesperado de finales de marzo renacería, con el mismo mecanismo de una flor de loto, un abril lleno de proyectos. (Claro que ya mencioné uno; y estoy infinitamente agradecido por la buenísima respuesta que recibió aquél - gente tirando buena onda en Facebook, cosa que me alegra y me asusta al mismo tiempo, porque había sido que cada vez que cuelgo el link en Facebook la gente efectivamente lee. Eso, inesperadamente, me convierte en una especie de exhibicionista de sentimientos, a falta de expresión más cursi). Mención especial al gurú de la metatarta, que me incentivó con la fuerza de una buena señal: algo puedo escribir, sino no le interesaría incluirme en la formación de una revista tan genial.

De repente tantas cosas por hacer y tan poco tiempo. Pero si fuera al revés no lo agradecería. El libro de Vonnegut que tengo dando vueltas por ahí va a tener que esperar a que quiera volver a Trafalmadore: por el momento Córdoba y Buenos Aires me deparan sorpresas espeluznantes.

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