4.4.15

Erik Davis: the spontaneous Chaos within

Los babilonios, los egipcios y los griegos, todos reconocían al dragón primitivo del Caos, bestia que incluso los dioses de sus civilizaciones se sentían llamados a domesticar y organizar. La Cristiandad intentó eliminar a la diosa del Caos junto con todos los otros. Esta es la razón por la que la Iglesia decidió que Dios había creado el mundo ex nihilo, a partir de la nada. Pero todavía podés oler el salobre dejo de la diosa en el informe y acuoso vacío que inaugura el Génesis — un distante eco del más antiguo mito babilónico.
El dragón del Caos vestía una cara mucho más honorable en el Este, donde era conocido como el Tao. Para sabios antiguos como Chuang-Tzu, el orden subyacente del Caos natural era rico y abundante en comparación con la fragmentada legalidad y las estructuras moralistas de la civilización confucionista — que paradójicamente producía el mismo desorden que intentaba suprimir. Los taoístas sentían que solamente derribando el Estado de las cosas —incluyendo la conciencia ordinaria, podríamos retornar a la Edad Dorada, la heterogénea armonía simbolizada por el wonton (que deriva del Sr. Hun-tun, el lord del Caos de Chuang-Tzu). Si estos sueños anárquicos no pueden ser realizados en la sociedad como Lao Tzu esperaba hacer, podrían al menos ser realizados en el cuerpo, a través de prácticas espirituales y físicas que abrirían el espontáneo caos interior.

Erik Davis, "¿Caos espiritual?"

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