16.4.15

Ça ne suffit pas

Hoy me levanté medio cruzado. Debe ser la lluvia que me pone de mal humor porque complica las cosas. Ir de acá para allá se vuelve una odisea de empujones por cuerpos mojados y resbalosos, los bondis están siempre llenos con el piso hecho una cancha barrosa y los taxis no te paran ni aunque seas Megan Fox en tetas en plena avenida Colón. Sí, las cosas se entorpecen bastante.

Pero bueno. Siempre que llovió, paró. Esto es algo que aprendí una vez y para siempre: las cosas se complican por ciclos. "Time is a flat circle", dice Rust Cohle (uno de los mejores personajes que nos dio la tevé en los últimos tiempos: complejo, filósofo, baqueteado, autodestructivo, cínico, pero superlúcido).
Si la lluvia te complicó hoy el sol saldrá mañana en un nuevo amanecer húmedo pero un poco más espectacular; si el panorama chicato de la everyday struggle se te hizo un poco más arduo, mañana tendrás un poco más de tiempo para replantearte eso que llaman big picture.

Por lo mismo, aunque hoy me levanté cruzado, digo que el enojo es una de esas cosas que se van tan de pronto como vinieron, y que sería una picardía pensar que permanecerán acá para siempre.
El lunes a la mañana murió Galeano, y Página/12 sacó un suplemento especial conmemorativo el día martes; hoy, miércoles, mientras volvía a mi casa del laburo, miré de reojo el ejemplar y, aunque hace un tiempo que el charrúa no es santo de mi devoción, lo compré. Nunca se sabe cuándo se puede reconciliar uno con un escritor con el que se está un poco distanciado.

Mi enojo tiene que ver con esas cosas de mí mismo que no sé cómo cambiar. Esas cosas que están ahí obstaculizándome para hacer lo que sea que quiero hacer. (En la secundaria teníamos orientación vocacional: vale decir, desde adolescente me persuadieron de que lo que quiero hacer es lo que tengo que hacer, cosa tanto más grave porque trae aparejado el deber, que para el católico de cuna como yo siempre se moraliza).

Imposibilidad: ¿mis malas costumbres? ¿Mi dejadez? ¿Mi desidia? ¿Seré yo el problema, en fin? ¿Será, en fin, un problema?
No me interesa su opinión, desgraciadamente. Me interesa sólo la mía. Estos son los momentos donde el prisma de los otros es una fuente muy poco confiable.
En este mismo momento, con el ejemplar de Página/12 que habla sobre el finado Eduardo (que tuvo una vida plena y respetable) pienso que el mal que aqueja a cualquier persona en algún momento de su vida es un mal bien común: el del inconformismo. Ça ne suffit pas, digo de pronto me parece. Lo que estoy haciendo no es suficiente, lo que soy no alcanza. (Lo que soy no es más que mis hábitos: ese 40% de lo que pienso y hago que se repite todos los días; la dimensión tiempo es la única que construye cosas perdurables y la única capaz de destruirlas). Nada de eso suffit pas.

Entonces miro el diario con la foto de Galeano en la contratapa. De alguna forma extraña, y a pesar de todo su bagaje de denuncia romantizada que no me termina de cerrar, el viejo se mostraba optimista en eso. Me acuerdo de pronto de una de sus frases más famosas, que anoté por ahí en un cuadernito porque a quién no le impresiona la forma de escribir de Galeano, fresca y contundente: "somos lo que hacemos para cambiar lo que somos".

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