14.3.15

Porque así pega más

Hable como hable, yo no me siento cordobés. Creo que nunca me voy a sentir cordobés. Capaz estoy condenado a ser correntino o, en el peor de los casos, un ave de paso como cantaba el Gitano. Dios sabe qué destino terco me está reservado pero la verdad, a veces siento que caí acá porque sí y lo único que hago mientras me decido entre ser o no ser es esperar a que caiga una Wilson para hacerme la gamba.
Sé que pensarlo demasiado es un poco contraproducente, pero este síntoma es poco disimulable: las palabras chori gourmet me parecen top podium entre las pelotudeces más grandes que inventó el ser humano: un intento de integración de la gastronomía (digamos que) típicamente cordobesa en un estándar de finura universal (cosa que, si no me equivoco, se intentó acá). Cordobesidad centrifugada. Mi infancia, como etapa de la vida que define tu identidad y etc., no tiene ningún archivo en su cajón que diga algo así como el Sargento, Luis Juez o avenida del Dante. No hay nada en el cuarteto que me conmueva. Que de repente, por pertenencia súbita (y azarosa o no) deba apropiarme o renegar de la identidad cordobesa, pero deba hacer algo, para mí es materia de chiste y nada más que de chiste.
Y eso no es importante mientras no esté acá. Es como decir "yo no me siento croata" tomando un cortado y escuchando Gardel; pero otra cosa es estar en Zagreb. Ahí sos un intruso que está viviendo de prestado, calentando un banco de la facultad en una ciudad que te adoptó y no adoptaste y usando el sistema de transporte público que lleva a tantos cordobeses de ley a trabajar todas las mañanas escuchando la Popu. Al menos podría mostrar un poco de condescendencia, o un poco de prudencia; pienso. O un poco de consideración. O un poco de interés fingido. En el exilio esto es más bien fulero; pero al haber elegido vivir acá, todo es casi ridículo: mi propia elección en primer lugar, por su propia contingencia, bah.
Pero bueno. Estar acá es cultivarse en el locus amoenus (ponele) entre dos tererés bien fríos. Un saludo al finado Efraín Bischoff, que ese sí debe ser un tipo interesante.

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