28.2.15

W. H. Auden

Though I suspect the term is crap,
If there is a Generation Gap,
Who is to blame? Those, old or young
Who will not learn their Mother-Tongue.

But love, at least, is not a state
Either en vogue or out-of-date,
And I've true friends, I will allow,
To talk and eat with here and now.

Me alienated? Bosh! It's just
A sworm citizen who must
Skirmish with it that I feel
Most at home with what is real.

W. H. Auden, 

27.2.15

El cliente no siempre tiene la razón

Eso de "el cliente siempre tiene la razón" es una vil mentira del burgués para que laburés más y mejor con una sonrisa en la cara abocado al servicio total del que sospechás (por pura experiencia de mostrador) que puede ser un total pelotudo. Laburás así con una sonrisa incluso cuando el dueño no está porque es más fácil ser conciliador y bobo que altanero, porque ahí el bueno del cliente, que una vez ofendido quiere demostrar que la tiene más grande, agarra el Libro de Quejas A Su Disposición y transcribe el comienzo, nudo y desenlace de la afrenta que los conflictúa.
Cuando estuve en Santa Fe fui a un bar ahora ya clásico, Gente Que No, cuando todavía era un sucucho enfrente de una fábrica abandonada o algún edificio por el estilo, y no una galería chic con sombrillas de Brahma desde el fondo a la vereda adornadas con rubias bien estilizadas y picadas de mojito. Y ahí exhibíase un cartel en su ventana enrejada: EL CLIENTE NO SIEMPRE TIENE LA RAZÓN. Y claro. Era un bar atendido por sus propios dueños. Al menos en ese entonces. Más significativa era aún la esquela en tanto no se trataba de un local de ropa, en el cual podés discutir con un agrio comprador tal o cual descuento de acuerdo al precio de lista; en un bar, cuando el pelotudo se alcoholiza, se convence a sí mismo de que está permitido ser pelotudo a sus anchas. Ahí es cuando el dueño se convierte en matón, y la justa se disuelve con el gesto más heroico que podés ver de un tipo con activos financieros: un patadón en el orto que eyecta el cliente a la vereda y vuelva en otra ocasión. La casa se reserva, etc. es el cartel más infame, porque te muestra que a veces podés no tener razón.

Así nomás es la caretada cuando uno quiere caer bien a la gente para recibir dinero, dinero, dinero. Estoy pensando en eso mientras escucho Sucio y desprolijo por tercera vez en el día y pienso si el autoservicio de la esquina me dejará pedir tarta de surubí con vegetales al vino, porque la tarta ndayé que no tiene guarnición. ¿Yo tengo la razón? Espero que sí. Porque soy el gil prepotente y antojado que tiene unos mangos para invertir en su estómago, el dictador más rígido después de la entrepierna.




23.2.15

Yo, para adelante, no sé

Yo, para adelante, no sé. Le tengo miedo a la plata, le tengo miedo al consumismo, le tengo miedo a los compromisos económicos que impone la cotidianidad. Le tengo miedo a la inteligencia académica, que necesita buenos sueldos, por más de izquierda y progresista que sea. Cuesta vivir con austeridad, por el peso que tienen los convencionalismos de esta sociedad, y esas cosas pueden operar en contra con el tiempo. Porque vive como piensas o a la larga pensarás como vives, y esto es muy difícil, es muy sutil.

Pepe Mujica
"No me llevan puesto", entrevista en La Diaria
5 de febrero de 2015

22.2.15

Patti Smith

Consideré unos instantes a Patti Smith con el epíteto de la mujer viva más sabia del mundo. Pero dudé cuando leí las palabras "vida pública" (o, como decía originalmente, public eye).
Patti tocó para el Papa poco antes de la Navidad pasada. Recordamos su conmovedor affaire con Mapplethorpe y hoy por hoy es la madrina del punk rock, una poetisa excelente, una iluminada, una compositora de la puta madre, una mujer que jamás se oxida y que siempre tiene la verdad en la punta de la lengua.
Pero, ¿será la mujer más sabia del mundo? ¿Cuántos seres humanos "retirados de la vida pública" o jamás de los jamases apenas integrados por ella, andarán por ahí, sabiendo realmente de qué se trata?

PREGUNTA:- ¿Cuál creés que es la mayor idea falsa sobre vos? 
PATTI SMITH:- La cosa que más me molestó fue cuando volví a la vida pública en el '95 o el '96 cuando mi esposo murió. Nosotros vivíamos un estilo de vida muy simple en un ambiente más bien retirado en el que él era el rey de nuestro dominio. Yo no manejo, yo no tenía un gran ingreso, y sin él, tenía que rebuscármelas para vivir. Aparte de trabajar en una librería, la única cosa que sabía hacer era grabar discos o escribir poesía, que no iba a ayudarnos a poner a nuestros chicos en el colegio. Pero cuando empecé a hacer entrevistas, la gente seguía diciendo "A ver, no hiciste nada en los '80...",  y yo sólo quería sacar la pistola de Elvis Presley y sacarle a tiros del alma a la televisión. ¿Cómo podías decir eso? El concepto de la gente, de pensar que si no están leyendo sobre vos en alguna revista o algún periódico, entonces no estás haciendo nada. 
No soy una celebridad. Soy una trabajadora. Estaba trabajando antes de que la gente leyera cualquier cosa sobre mí, y el día que dejaron de leer sobre mí, estaba haciendo todavía más trabajo. Y la idea de que si sos una madre, no estás haciendo nada - ser una madre es el trabajo más difícil que hay; ser padre o madre requiere un gran sacrificio, una gran disciplina, una gran entrega, y pensar que no estuviste haciendo nada mientras criabas un hijo o una hija es apaleador. Me hace entender por qué algunos seres humanos empiezan a cuestionarse su valor si no están haciendo una gran cantidad de dinero o no son famosos, lo que no es para nada cierto. 
Mi madre trabajaba en un dispenser de gaseosas. Ella hacía la comida y era moza, y trabajaba muchísimo y muy devotamente. Y su ensalada de papas... ¡se hizo famosa! Ella no pedía ensalada de papa a los proveedores; ella se levantaba a las cinco ne punto de la mañana y la hacía ella misma, y la gente llegaba desde Camden o Philadelphia a su pequeño dispenser de gaseosas en South Jersey porque ella tenía la famosa ensalada de papas. Ella estaba orgullosa de eso, y cuando llegaba a casa a la noche, completamente exhausta y arrojando el dinero de las propinas en la mesa y contándolo, uno de sus grandes orgullos era que la gente venía de lejos sólo para probar su ensalada. La gente diría, "a ver, ¿eso nada más hizo tu madre? ¿Era moza?". Ella servía a la gente, y le servía con lo mejor que sabía servir.

10.2.15

Summertime Boy: Lo nuevo del viejo gagá

Decía Jack White en una entrevista en la RS bastante perdida entre mi papeleo, allá por el año 2005: "me duele que los chicos de hoy no estén expuestos a cosas más auténticas. Hey, no soy un retrógrado: no digo que todo el mundo tendría que estar escuchando blues y rockabilly todo el día. Pero parece todo tan artificial, ¿sabés?".
Lo decía a propósito de Ashlee Simpson y similares; figur(it)as de la música que nadaban en el mainstream en paralelo a él; figuritas fugaces que se deshicieron porque ni rompieron récords de venta ni manejaron con maestría las verdaderas posibilidades de su arte: hacían música para hoy, quizás para mañana, y después para que diez años después unos vienteañeros la busquen por Youtube como una bizarrada de la adolescencia. La palabra decisiva que usó Jack White me suena hoy más que nunca: "auténtico".

La cita, además de ser precisa, no es casual. Seasick Steve cuenta con White como uno de sus amigos más cercanos: compartieron formaciones (y qué formaciones) y se regalaron guitarras. Como tantas otras veces, vimos colisionar a dos astros del blues en una explosión que (y ojo, yo vivo acá y no en Mississippi) nos dejó a todos deslumbrados.
Viendo ese video me convencí que lo que estaba viendo era lo más auténtico que podría estar viendo en materia de blues: un ex-recluso, ex-vagabundo, tocando una guitarra construida por él mismo, junto a un astro del rock que si bien es dos generaciones más joven es un erudito en la materia como cualquier otro; los dos, además, con la misma tónica de salvajismo.

Ahora bien: ¿qué carajo es Summertime Boy? No sé. Yo veo otro artista garchado por VEVO.
Repasemos un poquito antes de avanzar en el análisis. Seasick Steve nació en Oakland en el año 1941, o sea que hoy tiene entre 73 y 74 pirulos. Hobo, tramp y bum alternativamente. Gran bebedor de vino Thunderbird, artesano de guitarras que suenan como la mierda, productor musical de Modest Mouse en los '90, empezó a grabar su propio material, profesionalmente, cuando arrancó el milenio.
Casi un mito en él mismo, Seasick Steve tiene detrás una carrera como músico de blues que vivió, realmente, como todo lo renegado que pueden ser los músicos de este género. 
No lo conozco al tipo, y así como no tenía nada que reprocharle puedo estar equivocado, pero mientras él tiene 74 años yo he visto fitopáes volverse seniles mucho antes, musicalmente hablando. Por eso Seasick Steve se me hacía un intocable en lo que respectaba a esas market forces, perversamente hedonistas, activas con mordórica energía y sin demasiada sutileza en un video musical muy popular.

Seasick Steve: ¿me estás charlando? ¿En serio estás haciendo un video en el cual te sentás en la arena, enchufás una guitarra, y en el plano siguiente aparecés surfeando (carajo, surfeando parado, vos Seasick, a tus 74 años)? Me parece genial que tengas ganas de surfear a tus 74. Digamos que no es un doble de acción, porque no me sale menospreciarte. Digamos que me parece genial, también, que saques un disco llamado Sonic Soul Surfer. Pero hay ciertas concesiones que incluso mi admiración hacia vos no me permite hacer. ¿A qué obedece el hecho de compartir la mitad de los planos del video con la minita en bikini en la playa, arquetipo del hedonismo de bazar que aprovecharon con la misma ligereza Lenny Kravitz como Will.I.Am? Repito lo que ya dije en otro lado: la figura del rockin' grandpa me da retorcijones; y no es porque estés grande para hacer estas cosas (Dios sabe que América es un continente abierto de par en par para las ridiculeces), sino porque realmente te venía viendo en función de una serie de significados bastante distintos a éste.

De la música no hay mucho para decir. Me parece tenebrosa. Steve canta sin ganas, casi como si supiera qué está haciendo. Y de hecho este hilito de voz que le queda, si quiero escucharlo como si estuviera cargado de culpa, es la única esperanza para concluir que no está totalmente senil y que sospecha que le está pifiando por mucho, en lo que a construcción de persona respecta. Porque, obviamente, el Steve vagabundo y criminal también es una construcción de persona. Pero pasar a hablar de playas en vez de hablar de cárceles, hacer ese viraje tan violento a los 74 años de edad y con una vocación artística estable, responde (en mi opinión) a un criterio de lo digerible, que alguien más le sugirió en función a cosas que él no necesita.

En fin.
Uno quiere conservar su fe, pero se sigue topando con atrocidades. Es todo un desafío ponerse a buscar dónde puede estar la verdadera "autenticidad artística", si tal cosa existe; y si caemos en el cinismo de pensar que no existe (incluso si de verdad no existiera), no tenemos nada que perder: vamos de merca y putas a la playa, un músico es un Jordan Belfort, para qué carajo vamos a esforzarnos en expresar lo que somos.


4.2.15

D'motif, 2

"No dejes nunca de leer", me dijo don Nemesio una tarde en la que me senté con él bajo el alambrado floreciente de octubre -el mejor mes para vivir en Córdoba, lejos-; el viejo no hablaba mucho, y hablaba con una voz ronca que trataba de tejer entre toses que le enredaban los hilos. Pero eso entendí: "no dejes nunca de escribir".
Miré la parra de arriba y bajé la cabeza. Me cebé un mate y le cebé uno a él. No le dije nada. Él no me había hecho una pregunta, ni me había hecho una de esas aseveraciones ping-pong. Su consejo era sencillo: "no dejes nunca de leer".
Se me grabó. Perduró más allá de la muerte de don Nemesio el año pasado, velorio al que no fui como tantos otros, aunque sé de oídas (por el dueño de la pensión, más que nada) que lo habían enterrado con ese pañuelo grisáceo que usaba cuando la tos se hacía muy jodida. Me miró con ojos vidriosos el tipo, garante de esa vida que había llegado a su fin: se había acabado una larga afrenta.

Maru me tiró además, en otro orden de consejos, algo relacionado a la edad. Maru siempre me dice cosas relacionadas, directamente o indirectamente, a la edad. Similar a mí en vocación (y no sé si, también, en destino), ella me aprobaba cosas que los demás en mi familia desdeñaban. Estudió Letras cuando todos se hicieron escritores; se hizo correctora literaria cuando sus compañeros, que habían empezado a estudiar Letras, se volcaron a tener hijos o a hacerse empresarios de la noche. Me habló de drogas cuando todo el mundo me decía que las drogas eran malas y nada más; las relacionó con la palabra "sentidos" de la misma forma natural con que profesores y parientes las hacían derivar en la adicción o la muerte; me explicó sin reírse que "orto" en griego significa "correcto", que de allí proviene "ortografía"; más adelante, yo ya grande, me dijo riéndose que su trabajo era corregir a los brutos periodistas, pues es correctora en un diario del Chaco.
Y fue allí cuando me dijo, bien atenta a mis veinte años, que estaba por ingresar en el período de mi vida de más intensa producción y que no cabía desperdiciarlo. Me acordé de Nemesio y su consejo; el viejo, pobre, yacente en su tumba, no me dijo nunca ni más ni menos porque tenía un hilito de voz para expresarse; el suficiente para transmitir la idea empacada y zás, fin. Maru la desató, un poco más pacientemente, con la salud que la caracteriza a pesar de fumar veinte camel por día: "después vas a tener hijos y vas a achancharte, ahora no, no dejés que estos años se te pasen". Producción implica absorber; pero lo interpreté (lo interpreto, y me sirve) también como devolver, más como devolver.

Ahora, poco a poco, me doy cuenta (desde Luy a Marechal, desde el triste destino de Rilke a la arrolladora decisión de Hemingway) que son muchos los modelos posibles para seguir artísticamente y no y son muchas formas de vivir la vida las que me atraen por igual. Pero el camino es propio e incierto; los otros no son más que un prisma, un sedimento. Cada vez más, y a paso más seguro, voy mirando sin juzgar ni exaltarme la ridícula mediocridad del hombre común y noble o el brillo fulgurante del genio, que muy pocas veces es realmente tal; por lo mismo, en un activo ejercicio que combina recibir y dar, Nemesio y Maru, descarto algunas vidas y tomo otras porque bien decía el filósofo Gonzalez: sos el centro y sos siempre libre.

Luy, 2

En el hipotético caso
que me encontrara
a las puertas de San Pedro,
acháqueseme lo que se me achaque,
en mi descargo diré
que con ser bueno alcanza.
Y si igual no me dejan entrar
probaré con el infierno.
Solo, no me voy a quedar.

(de ¡Qué campo ni qué campo!, 2008)


Vicente Luy, poeta cordobés, fanático de Spinetta y García, converso hincha de Talleres, nieto de Juan Larrea, suicida en Salta tras una sobredosis de pastillas una noche en la que un periodista, Pérez de apellido, imagina que podría haber pensado lo siguiente: "ni más lúcido ni en contacto, sino desinterés cósmico".