1.1.15

La ensalada de lentejas

Un bar en el que nunca había estado: paredes de tres metros de altura y una rueda de madera de carro colgada de la pared del patio, justo al lado del graffitti de Rage Against the Machine.
Empezó a llover cuando nos fuimos, pero cuando estuvimos adentro ultimando la cerveza bajo las luces de navidad colgadas del cielorraso de la vieja boletería, el viento golpeaba las puertas tanto que uno de los patovas se tomó el trabajo de mantenerlas abiertas con dos sillas de madera a las cinco y media de la mañana.
Miré alrededor. Eran quince personas en el bar. La noche había sido linda, pero se estaba poniendo horrible. Ya no lo podía creer cuando la lluvia caía torrencialmente y en horizontal, parados esperando a ver qué pasaba bajo el techo de un kiosco de revistas desierto en General Paz y la Tablada. Cuando al fin llegamos al vestíbulo de mi edificio me encontré cien pesos en el piso. Al toque recordé que la ensalada de lentejas, choclo y tomates era una costumbre que se respetaba en la casa de mis suegros de acuerdo a la cual una o dos cucharadas traen un año lleno de prosperidad. Dana parami: yo sabía que los cien pesos eran de Jorge, que estaba allí sentado en su escritorio; "Ley del Talión", me dijo, o no sé que ley, y fuimos cincuenta y cincuenta. El bolsillo roto.

Me desperté muy tranquilo. Tan tranquilo que pensaba venir caminando al trabajo, pero a último momento dije "voy a tomar un taxi o un bondi, si es que existen hoy primero de enero", y me senté a tomar un café tranquilamente; cuando salía, Jorge ("¿otra vez vos?", le dije, "ni me hablés", me respondió) se me quedó hablando como siempre. Generalmente le paro el carro, porque es como una rueda en bajada que no para más hasta que se queda sin pilas; pero hoy es primero de enero, y la primera promesa que me hice en este año que empieza es vivir tranquilo. ¿Se puede vivir tranquilo con un trabajo? No sé, eso está por verse. Espero, de cualquier forma (el tiempo pasa volando, ya hace una hora y cuarenta y cinco que estoy acá y no hice nada más que escribir esto, tomar un vaso de leche y hacer un check-in), que realmente sea posible. Dios, cómo lo anhelo.

Porque me di cuenta que lo que te hace infeliz no es, necesariamente, la presión; sino cómo percibís a la presión. Como le decía ayer a ella; que es como si estuvieras bailando tu canción favorita en tu lugar favorito, pero hubiera un gil el doble de alto que vos empujándote de atrás y no dejándote mover tranquilo. Ese forro se llama Responsabilidades Johnson, o Cuentas Atrasadas Williams, o Washington Out Of Time Man.

Pero es más fácil ser un cegatón que ser feliz, y para ser feliz (esto ya lo sabía, y me olvidé; siempre me olvido) hay que proceder a que las cosas te importen menos que un carajo. Over-examined-life o también being an over-worrier generates nothing but lung cancer; de paso, también, me prometí fumar menos. Y hacer deporte, que supuestamente, también gives a boost to your sexual desire. No hay, en fin, ningún bicho más triste que un neurótico perdido.

El 2014 fue un año complicado por sus múltiples aristas. Quise construir un castillo de arena que se iba derrumbando cada vez que lograba alzar una nueva torre. Al final quedó una escultura deforme que no reflejó mi esfuerzo inicial; y que, merced a una inercia no evaluada, quise mantener en pie porque sí. De paso, lo defendía con uñas y dientes al castillo deforme sin saber bien por qué ni para qué. Mientras tanto va el tren de la vida de estación en estación llevándose consigo a los que van más lejos, o a los que son felices, o por lo menos a los que son fieles a sí mismos.

El 2015 va a ser otra cosa muy distinta. El 2015 va a arrancar como el esfuerzo de deconstrucción de un castillo de arena inútil; espero, sin muchos traspiés, ser una tabula rasa tarde o temprano porque me di cuenta que con esfuerzo se logran las cosas y con esfuerzo se desanda lo andado para volver a mirar la brújula. Re-enfoque. Engaú es una fecha más, pero es El Día del Examen de Conciencia. El primer paso a cumplir (y ayer me dijo ella que la única forma es ir paso a paso) es no volverse loco. Después, vamos viendo.

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