27.11.14

El latín hispérico

1.

Adelphus adelpha meter
alle pilus hius tegater
dedronte tonaliter,

Blebomen agialus
nicate dodrantibus
sic mundi vita huius.

"Brother, sister, mother, father,
son, daughter, die together;
we see the shore beaten by the waves,
so is the life of this world." 

2.

Entre los desarrollos más exóticos en la historia del idioma latín está el Geheimsprach* conocido como latín hispérico. Los orígenes, propósitos, y gran parte de los significados de esta extraña lengua son oscuros. Casi todo lo que puede decirse es que su vocabulario derivó del hebreo, del griego, del latín vulgar y de otras fuentes no identificables, y que su influencia fue considerable durante los siglos VI y VII.
Hay algunos restos visibles de su influencia en las letras continentales. Entre ellas, las Epitomae y Epistolae del gramático oscurantista Virgilius Maro de Tolouse, y el impenetrable tercer libro de la Bella Parisicae urbis escrito por el Abón de St. Germain. Pero fue en Irlanda y Bretaña del suroeste donde el lenguaje hispérico, aparentemente, gozó de su más extensa y duradera popularidad.
F. J. E. Raby escribe "que el hispérico fue tomado muy en serio, de eso no hay duda; y que ejerció una fascinación sobre la mente de Aldhelmo y sobre generaciones de escritores irlandeses".
(The American Journal of Philology, vol. 74 no. 4 1953; The meaning of Hisperica Famina)

*Geheimsprach: de Sprach (lenguaje) y Geheim (secreto).



The drift

Mi tío era un rico excéntrico. Un tiempo lo fue.
Me acuerdo una noche cuando estábamos en el garage tomando tereré, apaciblemente, mi abuelo, yo y él. Estábamos escuchando folklore en la radio. De repente, vemos que él se levanta, agarra su auto sin decir nada y se va al centro. Vuelve veinte minutos después con un bombo. "¿Y eso?", le pregunta mi abuelo. "Un bombo", responde mi tío, "lo quería y lo fui a comprar".
Mi tío me enseñó la belleza subyacente de los actos impulsivos. Cuando uno tiene guita, claro. Jamás lo tocó al bombo. Un día lo prestó y jamás volvió; él tampoco se calentó en buscarlo. Sabía vagamente que el bombo andaba en las manos de la novia de no sé quién, que cada tanto lo amasijaba en vivo por la calle Irigoyen. Lo mismo pasó con un violín. Jamás le pudo sacar un sonido. Y puesto que es un tipo bien, de los que dicen "tu derecho termina cuando empieza el del otro", inmediatamente se dio cuenta que ese sonido chirriante molestaba más que agradar, y también prestó el violín por tiempo indefinido. Pero para entonces ya había descubierto su afición por los deportes extremos.
Luego de su fugaz vocación de músico llegó a esa etapa intensa de su vida, previa a la famosa crisis de los cuarenta; el depósito empezó a llenarse de objetos raros como motores de parapente, armas de caza, cuatriciclos de todos los tamaños y carpas iglú. Un buen día, nos enteramos que tenía guardada una lancha y un gomón en un galpón junto al río. Nos llevó a mi y a mis hermanos a explorar ese galpón, que quedaba a cinco cuadras de casa en una dirección hacia la cual nunca había ido.

Mi tío era un rico excéntrico que, como todos los ricos excéntricos que conocí después, adoraban pagarle a la gente para que hiciera cosas por ellos. Fue así como ataron un cable de acero a la lancha y la arrastraron hacia el embarcadero. Inflaron y ataron el gomón al motor de la lancha. Atrás quedó rápidamente el embarcadero de madera podrida, la costa correntina y la gran chimenea del Cichero; por segunda o tercera vez en mi vida me adentraba en ese Paraná mítico, cuna de tantas canciones de amor febril y forzoso respeto, porque sabía como todos sabíamos que no hacía mucho se había llevado a un pibe que nadó a buscar su pelota.

Mi tío me ató un salvavidas hecho a medida y bajó la velocidad de la lancha en la mitad exacta del río.
La costa este y la costa oeste se veían a la misma distancia entre sus varios kilómetros de ancho. La primera, Corrientes ciudad que ahora me parecía una figurita de papel en el medio del río salvaje; la segunda, la flora silvestre del Chaco indómito al que le debía, en su dignidad de puma, un poco de respeto.
Mirando alrededor me cambié al gomón y mi tío comenzó a acelerar. El coso iba primero lentamente, haciendo olas a los dos lados, y yo bajaba las manos para tantear la superficie del río color barro, cálida, profunda, inmensa y grave, después el tipo empezó a acelerar y el gomón empezó a dar saltitos, cada vez más saltitos mientras levantaba él mismo sus olas de medio metro, mientras yo iba a los tumbos por el aire con cada galope del monstruo de lona amarilla que hacía un rato parecía tan sanito; y llegado un punto en el cual el desquiciado le dio quinta al fondo, el gomón se descontroló y yo solté la manijita y volé por el aire, golpeando la superficie del río en la mitad como si hubiera caído sobre una canchita de fútbol 5, rodé dos o tres veces aterrizando con el pecho y con la pelvis y quedé bocarriba mientras la lancha, que no paraba todavía, se iba alejando.

Ahí fue cuando sentí un escalofrío. Yo no soy un rico excéntrico aficionado a los deportes extremos. Sentí mucha emoción con el gomón rebotando bajo mi culo, pegando unos saltos dignos de un buen canguro acuático pasado de anfetaminas. Pero soy ante nada un romántico pobre, que jamás tuvo ni tendrá oportunidad igual de enfrentarse a lo inmenso y a lo desconocido.
Sentí esa exquisita aprensión de Aconcagua cuando mis piernas se hundían en el agua opaca que borraba mis tobillos. Sabía más que sospechar que el fondo estaba a trescientos metros allá abajo, oscuro y amarronado, y yo suspendido en la nada como la corteza de un árbol que flota como si estuviera flotando en la punta de un rascacielos de Nueva York cuyos cimientos dan a quién sabe qué hondura siniestra donde se esconde quién sabe qué restos de un naufragio paraguayo.
Todo en esa escena fue silencio por unos segundos hasta que volvió la lancha rugiendo. Aproveché y miré a mi izquierda y a mi derecha: Corrientes ciudad, tan pacífica como siempre, los pies bien puestos sobre la tierra mirando con respeto al río que la cobija y la traiciona por partes iguales; el Chaco allá, extendiendo su verde manto sobre la costa a la que no iba a llegar nadando ni en pedo. En el medio de eso, silencio. No se escuchaban los autos, ni los pájaros, ni las nubes, ni la cumbia del embarcadero, ni la lancha que venía de lejos. Se escuchaba solo mi mano chapoteando sobre el agua, el agua interminable sobre la que no hacía pie. Ni siquiera me movía. De pedo no aterricé con el culo puesto sobre un remolino, ni sentí (me hubiera muerto de miedo) un cardumen carnívoro acariciándome la planta de los pies.

Ahí fue cuando le empecé a tener respeto en serio al río.
Antes, salía del colegio, que quedaba enfrente, y me sentaba en la costa a escribirle un poema; siempre giraba sobre lo mismo: la espumita de la costa, el gluglú incansable de la roca marrón, o por la posibilidad soñadora de armarme una balsa e irme a naufragar. Escribía con las manos secas porque es la única forma de escribir.
Un tiempo después lo miré desde arriba del puente. Ahí podés ver toda la ciudad de Corrientes y sus alrededores; en un día claro, las islas del medio, y una multitud de pompones verdes, uno junto al otro, que son la selva del oeste. Desde el puente la costa se ve súper diáfana y tranquila, y el centro es un bulevar espejado que recorren apaciblemente las lanchitas de San Pedro.

Pero esa vuelta sentí mis pies en la hondura del río sabiendo que yo era un nada por ciento en el medio de esa corriente inmensa que planeaba seguir fluyendo por siempre.
La Historia a la que somos arrojados desde el gomón que pega saltos. Todo lo que nos rebalsa: las cuentas, las crisis, la catástrofes. Todo lo que no se detiene: el tiempo, la muerte. Todo lo que es más alto que nosotros: la montaña, el rascacielos, la jirafa, todo lo majestuoso, todo lo húmedo, todo lo oscuro, todo lo hondo, todo lo terrible y todo lo silencioso, inconmesurable.
Y yo nada más que la mierdita que flota; la Tierra puesta de prepo en un mar de galaxias que el hombre, su mayor parásito (el más prescindible, el más soberbio), en su breve paso por una casa estelar que tala a hachazos, no va a conocer jamás.

One great part...

"One great part of every human existence is passed in a state which cannot be rendered sensible by the use of the wide-awake language, cut-and-dry grammar and go-ahead plot."
Joyce

Erudición y provocación

Balanza resbalosa entre erudición y provocación.
Primer acto. Luca Prodan en cuero con una camisa en la pelada, declarando que el rock es (nada más que) el kcor al revés. Segundo acto. Hunter S. Thompson en algún punto de Barstow cuando las drogas empezaron a hacer efecto. Erudición y provocación. "Las fiestas interminables de Hunter", relataba Anita, su esposa, una voz en off sobre imágenes de Hunter con un vaso en cada mano y rodeado de strippers en topless. Luca Prodan cantaba desde el balcón, siete años en Argentina, un tornado (un tornado) que arrasó con todas las ciudades, la tuya, la mía. Hunter, cuando era joven, se la pasaba en la biblioteca. Prodan hablaba cuatro idiomas. Hunter escribía para la Rolling Stone, pero jamás en toda su carrera escribió un artículo sobre música. Prodan se jactaba de la simpleza tricordial de sus canciones, comparándolas con las de Spinetta que además de su letra hermética tenía una tonelada de acordes todavía no inventados por el hombre.
Creo que muchos personajes se ubican en algún punto de la balanza resbalosa entre una gran mente y un deseo incendiario, propio de la juventud (decía un amigo): destructivo y también autodestructivo, por lo mismo y probablemente nato o como reacción a algo.
Erudición y provocación. Tengo un libro en la mano. ¿Para qué sirve, una vez leído, sino como combustible para quemar una iglesia?
Luca Prodan y su aversión maratónica, bien cultivada, a decirse un intelectual. Podría habérselo visto por ahí con un libro de Ferlinghetti, como Pettinato, pero ya estaba más allá de todo interés por las cosas de la ley: sus prohibiciones, sus alecciones, sus derogaciones. Ya había estado en cana en Europa y había probado toda droga conocida. Estaba más allá del descubrimiento; quizás estaba en la etapa de la acción. No podía sino ser un incendiario.
Hunter hacía estragos en el Senado. Una de las pocas veces que su esposa lo vio llorar fue a propósito de los disturbios en Chicago, que él cubrió como periodista. Eventualmente se dio cuenta de que su vocación. involucrando a su inteligencia, podía ser un arma como las que él desefundaba con desenfado para disparar al mar. Hunter dedicó la parte más prolífica de su carrera a denunciar las bajezas del gobierno bajo la clásica fórmula del miedo y del asco. apoyando a un político sin chances, dando seminarios de día y fiestas interminables de noche, lanzándose él mismo en una candidatura salvaje en la que solía mostrarse usando una máscara de Nixon y burlándose mordazmente de su adversario.

La pura erudición y la sensación de que por sí misma es un callejón sin salida.
No un simple provocador sin seso. Iorio. O un intelectual de ideas inaccesibles para el mundo, más propensas a oxidarse solas que a dar frutos. Tantas.

El hombre pleno está a merced a la balanza...

26.11.14

Qué es lo que pienso en los días libres

(...)
—Franco
— ¡Qué lindo nombre! —bromeé. El Franco en cuestión estaba totalmente borracho y no entendió por qué. Cargó con su guitarra con un Bob Dylan pintado ("no sé ningún tema de Bob Dylan", declaraciones difíciles mientras acariciaba un sticker de O'Connor que me hizo sospechar de la dura veracidad de su enunciado), y fue ahí donde, mientras tambaleaba en la bici cuesta abajo, sospeché que no iba a volver con una retribución para los nueve pesos que le había dado para un vino.
Se venía la tormenta; juntamos las cosas, nos despedimos en inglés de la piba y nos fuimos. Mientras nos alejábamos, esquivando los árboles espinosos, me acordé del verso citado por Kerouac: "como los pájaros que se congregan en un árbol al atardecer y se dispersan al caer la noche / así son las despedidas del mundo".
Eso podría haber estado pensando también un observador silencioso que hubiera visto un grupo grande en lo alto de la colina, junto a la garita, y que vio como los últimos dos se despedían de los últimos tres mientras empezaban a caer las primeras gotas; y fue clásico, como cualquier despedida. Ellos por acá, nosotros por allá, y en la colina junto al árbol espinoso no quedó nadie. Fue ahí cuando empezó a llover. "Está meando Dios", bromeó Nico.

Lo próximo que recuerdo es habernos puesto al resguardo en un techo para fumar un cigarrillo; era la galería de una rotisería por la Vélez Sarsfield en la que había un ventilador enchufado que daba, quién sabe por qué, a la vereda. Todo adentro estaba oscuro y enrejado, pero el ventilador, tras la puerta de vidrio abierta, nos tiraba viento desde atrás mientras nos fumábamos el pucho hablando de lo miserable que puede ser la gente. Y entre testimonio y testimonio observé lo siguiente, acaso un poco amodorrado por la botellita de Chivas Regal que nos habían regalado: cómo las líneas de agua corrían como un riachuelo apenas más grande que el Suquía en otoño, derecho por la avenida bajo los colectivos. Seguía lloviendo, y nosotros teníamos que seguir caminando. Era imprescindible conseguir una cerveza, porque a nosotros también se nos había trabado el sistema cerebral de recompensas en un solo fluido milagroso.

Así, más o menos, llegamos al día de hoy. Estiré mis piernas y alargué la mano a la caja que uso como mesita de noche, de la que seleccioné un par de lentes azules que me puse. Coloqué mis manos cómodamente en la nuca, y con los lentes puestos me puse a tomar sol por unos minutos. A las seis de la tarde el sol de noviembre pega duro sobre mi propia cama, que se convierte en mi solárium. Y me relaja con ese cosquilleo único del Astro Rey Marquesi. De fondo, había puesto el Bitches Brew, disco que todavía estoy saboreando.

¿Qué es lo que pienso en los días libres? No pienso en nada. En los días ocupados pienso y archivo, desemboco, analizo y absorbo, desarrollo, ejercito la memoria, me entreno en hacer cosas sin pensar, que es lo más valioso que me ha enseñado el trabajo. Trato de no pensar en las Ocho Horas salvo cuando terminan; y al terminar, pienso en El Choripán o El Café con Leche, recompensas de la rueda del Hombre Trabajador Sensible A Los Pequeños Premios.

No estoy pensando en las pequeñas retribuciones del tiempo, un día soleado, un miércoles que es un sábado de flojera.
No estoy pensando en Miles Davis, ni en el sol mismo, ni en un buen tereré, ni en la ninguna necesidad que tengo de bañarme hasta que tenga ganas. Estoy tirado como mi gato, que está naturalmente tirado sin culpas porque no se da cuenta que está tirado. Cuando sienta ganas de hacer algo, lo hago. El mundo en este momento se reduce a un living caluroso e iluminado, a una buena chocolatada en el freezer, a unos cigarrillos fieros que se están por terminar sugiriéndome una próxima misión. No hay nada más que eso.

Ductilidad del tiempo las pelotas. El tiempo no existe, decía Raymond. En este momento, el reloj no me dice nada; me la fuma. Tengo mucho tiempo en mis manos. De la misma forma que al tener un fajo de billetes a tu disposición, a menos que seas un codicioso de mierda (y qué es el ansioso sino un codicioso del tiempo, el que lo quiere tener contado para ver cómo aprovecharlo mejor), no te dan gana de ponerte a sumar uno a uno sus valores y anotarlos en un librito de dos columnas.

10.11.14

La gente es tonta

"La gente es tonta", coincidieron Mario y Fátima, "la gente es tonta; si le das más de una opción les revienta la cabeza", informó Mario; "vos le decís algo y te dicen sí como unos tontos", añade Fátima, que es moza, "siempre van a estar de acuerdo, venderles algo es facilísimo porque llegan a que les sirvas sin nada en mente". El "servicio" es eso: ofrecer algo. Cualquier cosa. Me doy cuenta ahora que tengo que estoy respondiendo mails y noto el mismo problema que tenemos todos alguna vez: ¿qué carajo hay que poner en el asunto? Porque te topás con cosas absurdas, hasta divertidas, de gente no acostumbrada a tratar con la posibilidad de escribir una línea (cualquiera) que resuma todo eso que quiere decir, sin que nadie les dicte. Es sólo una consulta. En esos casos debería ganar la practicidad, pero es muy fácil ahogarse en un vaso de agua porque uno se da cuenta que las posibilidades en realidad son infinitas. Entonces leés cosas como: "tendrán habitación triple para noviembre" o "consulta por disponibilidad de habitaciones para el 3 de febrero". El más ducho pone directamente "consulta" o no pone nada, total para qué: todo lo que quiere decir en realidad está más adelante, y mi trabajo es responderle. Dale un poco de libertad al hombre y va a quedarse papando moscas, esperando que alguien le indique qué hacer ahora.
La gente es tonta. A veces tampoco sé qué poner en el asunto; a veces no me decido entre gaseosa light o agua mineral; a veces voto al mejor postor por su parecido con Gastón Pauls o porque de lejos no tiene tanta cara de garca. Sartre podría sacar mil conclusiones sobre todas las cosas que suceden, en un plano ontológico, cada vez que uno va a un restaurante; "Los arrojados a la gastronomía", y de subtítulo "de los que simplemente tenían hambre". La libertad es un fenómeno de lo más curioso. El mundo es un parque de diversiones con tantas cosas que a veces se nos da por quedarnos sentados en un banquito esperando que haya un cartel luminoso, que atrae a los boludos sin iniciativa como abejorros. Que podríamos llamar sin esfuerzo La Opción Fácil.
Pensemos, es muy importante pensar para no comer mierda, si lo que preferimos no es un tarro de bosta presentado en un bol de oro, a un buen sánguche de bondiola escondido en el fondo del menú.
Qué tanto queremos escarbar para no ser el tonto. Administrar nuestras libertades, que en algún punto son la desgracia si somos chicatos, miopes, sordos, porfiados o tontos lisa y llanamente. Ya que tuvimos esta desgracia de ser arrojados a un mundo donde quedarse en el molde es la posibilidad más atrayente, pero no la que más retribuye. Digo.

8.11.14

Here Comes Everybody

lectura para un lector ideal afectado por un insomnio ideal
U. ECO

Habría que investigar sobre la posibilidad técnica de hacer hablar a los sueños y hacer letra para música con el idioma de los sueños. Antecedentes:

+ Fela Kuti, en los años 70, en el África, ideó un idioma que, partiendo de la base del inglés, agrupaba dialectos de distintas partes del continente para crear una especie de criollo, artificial y pan-africano, que servía como un principio de unificación lingüística que (mierda qué complejo) tenía como punto de partida a la música: esta misma tampoco homogénea, sino a su vez una mixtura de géneros y estilos no estrictamente africanos sino simplemente pasados por su tamiz. Cada canción de Fela Kuti es como un árbol que abraza a tres o cuatro millones de hectáreas de sabana distintas; con ramas que envuelven el cuerpo del que oye atándolo a la raíz sugerida por el nigeriano, que guía.

+ Joyce, a partir del año 1923 y diecisiete años después, estuvo trabajando en una obra que unificó el lenguaje de los sueños con el código escrito de la vigilia. Es un texto casi incomprensible y que Nabokov calificó del fracaso más grande de la literatura. Los expertos tratan de imposible la composición de una poética (vale decir, una serie de reglas para entender el texto) porque, para empezar, no hay un criterio unificador para su composición: los borradores iniciales y la versión final son abismalmente diferentes: 628 páginas finales contra 25.000 de borrador.
La empresa de Joyce es crear un (aterrador) testimonio de una noche, así como el Ulises fue un exorbitantemente detallado testimonio de un día.
El protagonista es H. C. Earwick. El nombre es Finnegans Wake (el libro es intraducible; el título no es un genitivo, "El velatorio de Finnegan", sino es "El velatorio de los Finnegans", en plural, aunque el muerto se llame Tim Finnegan, en singular).
Las iniciales de H. C. Earwick significan, también, Here Comes Everybody. H. C. Earwick es la humanidad entera; su esposa, Anna Livia, es el río Liffey; la noche es la Historia; su idioma es una pesadilla. Ninguno de los personajes principales es el mismo a lo largo de todo el libro y el lenguaje del libro se va haciendo más intrincado conforme el sueño es más profundo y va aclarándose a medida de que despunta el amanecer.

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¿Qué hacemos con las palabras?

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El escritor, ¿a qué código debe asirse? El artista. Si la arcilla ya no es más arcilla; si el escritor tiene la opción de modelar con vidrio y acero a la vez; con barro lleno de césped, con polvo de estrellas, con su propio pensamiento hecho letra para crear un objeto intangible, que en la página sería intraducible.

¿Qué queda por crear?
¿Cómo suturamos dos mundos?
¿Tres mundos?
Vale decir, todos los mundos que caben en el África... o este mundo que conocen nuestros sentidos, medianamente modelado por una cierta estabilidad mental; y aquél otro, el aterrador testimonio de una mente sin filtros, que nada propone porque nada prioriza; cuyo caos (Chaosmos y Microchasm son dos palabras presentes en el Finnegans Wake) pasamos por alto al abrir los ojos pero sabemos que existe cuando los cerramos. Puntos quebrados en el casco de un barco sobre el cual flotamos sobre el mundo diáfanamente, pero acaso como una cascarita en un mar de cosas que no vamos a entender jamás.

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¿O nos orientamos a entendernos?
¿Usamos esta ductilidad (creo que es una palabra casi perfecta) para acercarnos?
Alejarnos del mundo de los sueños; después de todo, uno abre los ojos y tiene personas cerca. La proximidad genera lazos de identidad, empezando por el hecho de estar despiertos.
Al fin y al cabo, la labor de todas las personas en conjunto, eso que quedamos en llamar cultura, es la que irrumpe en ese otro mundo, desolador y que jamás vamos a entender, que siendo propio es tan permeable.

¿Usaremos el lenguaje para abrazarnos?
¿Trataremos de que las palabras no nos confundan?
¿Tratamos de no separarnos, de no usar las palabras como un pico provocador puesto sobre una manguera de gas, que es el odio... esa manguera que puede hacernos volar a todos por los aires, cada uno por separado, librados a nuestra suerte...?

2.11.14

— ¿Sabés lo que es la prosopopeya? 
—No —respondió el cabrito.