20.10.14

Un cinzano con Gay Talese

Sabrá el buen lector que el viernes fue el recital de Morphine para el cual, en un acto de confianza más grande que el que me corresponde, surgió una acreditación de último minuto para El Ojo; es decir que, en honor al oficio, tengo que tratar de poner en palabras lo inexplicable.
Partamos de la premisa de que cualquier experiencia se puede poner en palabras. Aceptemos esto como posible, sino el oficio del periodismo en momentos sublimes sería imposible (ahora mismo estoy leyendo a Gay Talese para disuadirme de eso). Demos por hecho de que hubo personas que testimoniaron cosas tan absurdas como una guerra mundial o una aparición de la Virgen en cierta gruta siciliana. Recurramos, si se quiere, a lo más patético: el auto-convencimiento de que lo que viví tampoco es gran cosa, comparándolo con las catástrofes y los milagros.
Sea como sea, una vez aceptada la premisa número uno, pasemos a la especificidad de la situación: ¿cómo describís con palabras sensatas y objetivas (que es de lo que más se pavonea el periodismo) ese momento increíble en el cual ves a tu banda favorita a veinte pasos, casi lamiendo sus putos pedales? Aceptemos que esto es posible de alguna forma; aceptemos también que se puede ser relativamente objetivo sin renunciar a un estilo, aunque el estilo no debería ser, en principio, la excesiva alabanza. Si destilamos todos los monosílabos de incredulidad que no conforman por sí mismos una reseña, y tratamos de organizar la experiencia de principio a fin iluminando lo que debe iluminarse y velando lo que puede ser olvidado, capaz lleguemos a un buen resultado. ¿Qué distingue un buen resultado de un resultado genial? Esto sí que no lo sé, y acaso nadie lo sepa. Derrida se mostraría sumamente escéptico con buenos motivos y eso me rompe mucho las bolas.

Por esto mismo, creo, estoy leyendo a Gay Talese. Habla de la vez que se encontró en Beverly Hills con el artista más importante de Norteamérica, la personalidad más explosiva que podía encontrarse en un bar en los años cincuenta: la voz más potente, un productor cinematográfico en ascenso, un ícono cultural y un presunto aliado de la mafia, odiado y amado por hombres y mujeres de dos generaciones los cuales habían hecho el amor con su voz de fondo.
Si ese tipo pudo poner en perspectiva un momento así, me estimula un poco la idea de poder llegar a más de dos monosílabos. Veremos qué sale, y prometo colgar acá lo que salga (un monstruo terrible o una obra de arte); y no sólo eso: prometí traducirlo y enviárselo a Jeremy Lyons, con el cual estuve hablando por Facebook esta misma tarde. Créalo si quiere. Yo no lo creo.

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