31.10.14

Halloween 2.

En realidad lo que estoy tratando de aprender en este laburo no es a tirar un buen café ni cómo hacer plata con las agencias turísticas ni la vocación de servicio (que alangaú no se aprende) sino esa constancia, esa paz mental que tienen los trabajadores sacrificados pero no resignados, esa gana de sin pensarlo dedicar ocho horas de su día por varios años a algo que no les pertenece.
Creo que hay dos tipos de personas en el mundo laboral (que, en lo que respecta a la diversidad de caracteres, es más bien pobre y chicato): aquellos a los que esta voluntad de sacrificio les nace naturalmente, y ante cualquier abuso o barbaridad lo único que dirán es "y bueno, hay que laburar, no queda otra"; y otros, como el demonio que estoy tratando de destripar, que se replantean casi todos los días la necesidad fatal o no de dedicar esas ocho horas al cultivo de un jardín ajeno.
Por lo demás, es un buen laburo y me pagan bien. Mario me decía que tengo que ser agradecido por lo que me brindó la vida y, como pasa con todas las cosas, agradecer no consiste en ir un domingo a la iglesia o al templo de San Cayetano (ese santo con cara de nabo que se la pasa fumando trigo y te responde cuando quiere), sino por algo un poquito más heavy: ponerte una camisa dentro del pantalón por un tercio del día, y así por todo el tiempo que sea posible hasta una nueva crisis, señal de una mente inquieta que no pudo callarse más y tuvo que patear el puto tablero.

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