26.9.14

Mistério do planeta

Estoy desvelado por la más infantil de las razones: una pesadilla. Habrá sido todo lo que comí a la noche: dos choripanes rebosantes de relleno, cheesecake y cantidades cuasi-industriales de lúpulo y fernet. Volví a mi casa rodando y me acosté porque no podía mantenerme en otra posición que la horizontal. Claramente, comer mucho influye en lo que soñás. Dicen que los lindos sueños provienen del cerebro, y las pesadillas provienen del estómago. Seis horas después todavía siento los choripanes interpelándome.

Estoy escribiendo medio dormido, haciendo lo posible para no olvidarme eso que soñé.

Era un lugar parecido al puerto de Corrientes. Capaz un poquito más verde. En vez de ese monumento marrón y feo donde están las siete astas sin banderas (¿vieron?) había como un hermoso prado verde y una glorieta... ¿lo tienen?, el resto es más o menos lo mismo: asfalto y maxikioscos. El paraguayo estaba cerrado, porque caí con mi séquito a como las dos de la mañana.
Cuestión que había un kiosco justamente en la dársena del medio, pero un kiosco grande, no esa cagadita monopersonal que hay junto a los bancos futuristas. Había una sola cajera que estaba distraída dando vuelto a un amigo que había comprado algo absurdo como un kilo de puflitos. Y yo estaba parado medio sin saber si esperarlo o irme; el resto del grupo ya había salido. Veo arriba de un mostrador varias bolsas ziploc con fajos de billetes, puestas ahí no sé por qué motivo; decido, lo más rápida y disimuladamente posible, tomar uno al azar.
Salgo con el fajo de billetes robado y lo cuento afuera: 430 pesos.

Había robado dinero. Nada, no fue a mano armada, ni violentamente; la mina ni siquiera se enteró y hasta diríase que es su culpa por ser tan distraída de dejar los billetes allí e irse a hacer otra cosa. Pero yo había robado 430 pesos exitosamente. Y si bien salí de allí con cierto orgullo, ni bien les dije a mis amigos que había robado 430 pesos empezaron las recriminaciones.
Qué cómo vas a hacer esto, que mirá si nos descubren, qué se yo. Una se desmayó (?) porque dijo ver un camión de PROSEGUR dando vueltas por ahí que seguramente tenía todo que ver con el caso, que nos estaban buscando por la pelotudez que yo había cometido. Yo seguía impasible escuchando las acusaciones de todos, pero al mismo tiempo 430 pesos más rico; me acuerdo que en ese momento calculé que la plata no iba a alcanzar para cancelar todas mis deudas, pero al menos las más importantes.

Apretamos el paso y nos fuimos de la dársena hacia el prado verde, detrás de la glorieta, donde no pudiera vernos alguien del maxikiosco. Mi amigo, el que había comprado, todavía no estaba; cuando llegó, llegó con una mina: se me pusieron los huevos de moño porque podía haberse levantado a la cajera el muy forro; pero no, era otra.
El sueño termina cuando una vieja se acerca a nosotros y nos pregunta el nombre uno a uno. De hecho me despierto anticipándome, antes de que pregunte el mío...

Listo. El sueño.
¿En qué pensé ni bien me desperté?
Muy lindo lo de la moral, dije reflexionando, pero 430 pesos venidos de arriba son (tan lindo como suena) 430 pesos venidos de arriba.
Me vinieron a la mente dos o tres escenas de Nueve Reinas también, especialmente ésta. Por último me señalé a mí mismo, muy sensatamente, que 430 pesos son una bicoca en una economía hecha mierda, y todo es cuestión de proporciones: en cualquier caso, no empuñé un arma para chorear ni lo haría.

Pero al toque recordé la última canción que estaba cantando en mi mente antes de dormir.
Jodido. De ella vino la respuesta: probablemente, en la vida real, no lo haría.
Llamadlo superstición, llamadlo designio divino, llamadlo un cagón buscando excusas.
Pero una de las frases de la canción dice:

"e pela lei natural dos encontros, eu deixo e recebo um tanto"
(y por la ley natural de los encuentros, yo dejo y recibo un tanto)

Conjugándose con el más viejo precepto del mundo de que "recoges lo que siembras", ya presente en la parábola esa del pelotudo que tira semillas a un camino pedregoso esperando que respondan con cristianas flores. No es la palabra de Dios presente, es algo un poco más ambiguo, más oscuro, pero más efectivo:
Una ley o un equilibrio (me cuido mucho de decir la palabra "cósmico", pero bueno, se entiende). Ley que estipula que recibir del mundo 430 pesos en circunstancias dañinas para alguien ('ta bien, hoy por hoy no es nada, ¿pero es cuestión de cantidad, o es cuestión de principios?) me va a hacer dejarle algo al mundo en las mismas circunstancias: acaso 430 pesos, acaso mi virginidad anal en alguna comisaría si caigo en cana... acaso cualquier cosa más sutil, alguna fina retribución por cagarle el día a alguien, capaz en algún día lejano en el cual ni recuerde la travesura. You get what you give, en síntesis.

Lo dice mi vieja, sabia como es y abierta al mismo tipo de confusiones que yo (es de esas mujeres que están pasando por una nueva juventud a sus cuarenta). "No está bueno ir por ahí alterando el equilibrio del mundo ni peleándose con las personas".

¿Casualidad que haya estado pensando justamente en ese tema antes de ir a dormirme? Sí, probablemente sí. ¿Afortunada casualidad, en todo caso? Claro que sí.
Si siguiera con la duda de qué hubiera hecho en ese caso, probablemente ahora estaría en una estación de servicio estafando cajeras para Darín en vez de estar compartiéndoles estas pelotudeces.



Vou mostrando como sou
E vou sendo como posso,
Jogando meu corpo no mundo,
Andando por todos os cantos
E pela lei natural dos encontros
Eu deixo e recebo um tanto

E passo aos olhos nus
Ou vestidos de lunetas,
Passado, presente,
Participo sendo o mistério do planeta

O tríplice mistério do "stop"
Que eu passo por e sendo ele
No que fica em cada um,
No que sigo o meu caminho
E no ar que fez e assistiu

Abra um parênteses, não esqueça
Que independente disso
Eu não passo de um malandro,
De um moleque do Brasil
Que peço e dou esmolas,

Mas ando e penso sempre com mais de um,
Por isso ninguém vê minha sacola...

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