12.9.14

La vida 3. la noche. La vida y ¿después?

Los estudios afirman que el primer trago de cerveza desata un pico de endorfina y serotonina que hace que, súbitamente, te sientas muy bien.
El chocolate, también, es recetado como antidepresivo por sus propiedades químicas.
Además, vos... (pero esto es de poeta de vidriera; ayer te dije que me cansa ponerte adjetivos, porque cada adjetivo implica un recorte y no puedo ser menos que obsecuente, porque sólo me quedaría elegir adjetivos lindos, generales: a saber, los más usados del mundo. No me dan ganas de hablar si no puedo decir nada nuevo).

En todo caso, sea o no la siguiente foto un recuerdo de una gigantesca explosión química de cosas lindas ("endorphine and serotonine: technically, the only two things you enjoy") estoy bastante convencido de que soy, a esta edad y por una clara vocación, un perseguidor de momentos lindos.
El problema es la continuidad de esta vocación, que suele ser ahogada, en algún momento de la vida, por una marejada de responsabilidades. Eso aprendí en el laburo.
Corina (19) tiene un hijo de dos años. She ran out of choices. Al menos desde mi punto de vista.
Las edades del hombre se dividen, según un gráfico, según el siguiente criterio:
# JOVEN: + tiempo / + energía / - dinero
# ADULTO: + energía / + dinero / - tiempo
# ANCIANO: + dinero / + tiempo / - energía

Hoy a mis veintiuno, no tengo responsabilidades fatales. Estoy a la deriva.
A veces pienso (y me agarran retorcijones): ¿qué haría si tuviera un hijo y tuviera que trabajar para darle de comer?
Hoy día, busco la felicidad en pequeñas cosas.
La sonrisa de un hijo debe ser una de las alegrías más grandes que puede tener un ser humano. Pero yo paso, gracias. Me gusta tener mis cosas en orden, y la introducción de un hijo en mi plan a corto plazo es algo que, por más suave que sea a la seda azul de mi alma en pena (eh, preguntale a cualquiera de mis compañeros, y todos te van a decir lo mismo) haría de mi vida un puto caos.

Suena perverso decir que hoy una cerveza me llena el alma (y la panza también) de una forma que reemplaza mis ganas de reproducirme. Son las pequeñas grandes retribuciones de un hedonismo joven e irrefrenable, carpe diem quam minimum credula postero. Un buen disco, un buen libro, un buen cuadro. Estar echado en el parqué, o en un suelo en damero. Mirar el atardecer un domingo desde una terraza. Cagarse de frío embufandado en una dársena despidiendo a alguien a medianoche. Un tereré a la siesta. Un partido de fútbol. Un pogo de rigor, de los hediondos y resbalosos. El autostop (¿hay cosa más linda que la corrida eufórica a un auto que para en la banquina en Nelson, Santa Fe?). Decir con orgullo "ni en pedo miro Tinelli... y menos en familia".

¿Esto es así para siempre?
"Algún día", me decía mi vieja por teléfono ayer, "vas a enamorarte, vas a querer tener hijos... y no vas a tener ningún título. Así que ponete a estudiar". 
Es el ciclo concreto de la vida (¿funciona para todos por igual? al parecer sí; "naces te reproduces y mueres", dicta una especie de programa universal) pero me da mucho vértigo pensar en el Hijo, capricho altruista (si tal cosa existe) que está por venir, parece que fatalmente, en algún momento de mi vida; y que me va a obligar a patear el tablero de todas las otras cosas que me hacen bien, a favor de criar un par de ojos parecidos a los míos, una panza blanca, una mente despierta, un escarpín; para que continúe mi estirpe boba, para que sea mi compañero: hoy un pañal con bosta, mañana un premio Nobel.

Pero soy asquerosamente adolescente todavía.
La foto.


1 comentario:

  1. Respecto de la cuestión de la tenencia de hijos, te invitó a conocer la interesante visión de mi amiga Belén Dalí ;)
    http://beluberry.blogspot.com.ar/2013/02/motivos-para-no-tener-hijos.html?m=1

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