30.8.14

Las guerras

si el mar en cuyas olas navegaste
está por ser tormenta
Víctor B.

Late night with




La vida, 1. El día: el río y el fauno

L'Hymne de nos campagnes by Tryo on Grooveshark


1.

"It looks like a Windows wallpaper, with that brown horse eating in the background.
Er frisst, right? That's how they call it?
Frissen is when animals eat, and essen is when people eat...
Unless a person eats like an animal, then they also say er frisst".

2.

Ahora voy a atentar contra el espíritu del "a buen entendedor", porque la imagen habla por sí sola. Como toda imagen. Pero sin embargo, cuando estaba caminando a la orilla de ese río, antes y después de subirme al puente peatonal para sacar una foto del panorama entero (ese verde que en Córdoba no se ve, ese caballito pastando solo, esa imagen tan jodidamente diáfana), pensé en un par de cosas que podría escribir.

Este es, ante todo, un blog sobre mi vida. En el 2011 lo veía como una empresa imposible que hoy por hoy se está desarrollando casi por su cuenta.
Si no escribiera sobre mi vida, estaría escribiendo en una revista sobre la agitadísima vida de Jennifer Lopez.
Es complicado, porque no sé tanto de Jennifer Lopez como de mí mismo. Y doblemente grave: Jennifer Lopez no es el vitreaux a través del cual contemplo e interpreto todos los sucesos del mundo.

En vista de que este es un blog sobre mi vida (vida es un concepto terriblemente arduo para mí desde que Raymond me sugirió su verdadero significado), voy a escribir sobre sucesos de mi vida.

Por dos motivos en principio.
Uno.
Puede llegar a ser interesante para alguien. Para mamá, puede ser un retrato de todo lo que me estoy divirtiendo acá. Para la abuela, una muestra de lo hermoso que sigue siendo el mundo que ella abandonó recientemente. Para los amigos, una muestra de todo lo que los quiero. Para un desconocido, un testimonio.

Dos.
La cuestión central de la pedagogía: uno nunca termina de entender algo sobre un tema hasta que lo explica a alguien.
Al explicar un tema, uno va entendiendo qué es importante decir, qué es recomendable sugerir y qué es plausible de callar para hacer economía.
Ahí va apareciendo el tema en todas sus aristas: las importantes y las secundarias.
Escribir sobre mi vida sería una forma de aprender qué soy; además de una forma de constituirme como un sujeto, payasesco o académico, enfrente de ustedes que me leen de casualidad.

3.

Así estaban las cosas cuando caminábamos con Caro por Alta Gracia, al pie de los cerros junto a un río helado de montaña, que en el Nordeste tendría la dignidad de una canilla abierta.
Yo nunca había recorrido Alta Gracia a pie. Me contaron que es una pequeña Seattle: junto a Córdoba, tenía una activa vida cultural con una existencia propia y no totalmente independiente. Además, Alta Gracia tiene hermosos paisajes, lapachos floridos, un lago artificial y subidas y bajadas.
Tanto me alimentaron la imaginación, que me dije que lo mejor que podía hacer era ir a conocerla por mí mismo.

Caminamos por el borde del río a las cinco de la tarde. En ese momento no sentí absolutamente nada sobre Alta Gracia. Es más... esas dos palabras que correspondían al pueblo que estaba pisando perdieron todo valor nominativo para mí.
La calle estaba en silencio.

Lo único que veía yo en ese momento era el río, que corría con un susurro constante de piedra mojada. No tenía pececitos. Tenía muchos recodos. Por turnos, en la ribera había arena, pasto o piedra gris.
También, por momentos tan puro (como en la foto), por momentos tan lleno de cartones vacíos de vino y ramas viejas y cosas podridas.

A la naturaleza le toca convivir con los humanos.
Eso pienso siempre.
Salvo en ese momento. Parado al lado del río, todo lo que había era el pulso mismo de la naturaleza sin intervención.
Nietzsche decía, molesto, que no hay cosa que veamos sin interpretar; pero estoy bastante seguro de que, si es cuestión de intepretar, es un vicio irrefrenable en la ciudad. Pienso en todas las conclusiones terminantes que puede sacar un neurótico frente a un maxikiosco, viendo los precios subir todos los días.
Pienso en todo el tiempo que puedo estar mirando el río y el fauno sin pensar en nada. Eso, con ritmo y existencia propios: el agua, la piedra, la muela, el caballo.

La Naturaleza no requería mi interpretación, que está totalmente fuera de lugar y que es casi una falta soberbia tratar de traducir en palabras.
El río corría.
No sé si quería o debía correr; (tantos matices de lo mismo se pueden lograr con las palabras, que aclaran las cosas y no pocas veces las oscurecen). El río corría mientras yo pensaba, y era al pedo preguntarme qué pasaría si el río corriera hacia atrás. La pureza.

4.

Esto fue el miércoles a la tarde. Hace rato no sentía algo así.
La jodida definición de vida que Raymond me transmitió me pareció imposible en cierto momento. Imposible por sencilla. Básicamente consistía en tener que disfrutar cada día de mi vida sin recaer en rutinas bobas; que los días sean largos, las noches también. Que haya mucha música, mucho arte, mucho cerebro, mucho disfrute, mucha buena compañía. Un buen equilibrio entre yo y el cosmos, por decirlo de alguna forma.
Raymond: me gusta pensar que me estoy acercando y, también, me gusta pensar que me queda mucho por delante.
¿Qué te parece a vos?

29.8.14

Tunafish sandwich piece

Imagine one thousand suns in the
sky at the same time.
Let them shine for one hour.
Then, let them gradually melt
into the sky.
Make one tunafish sandwich and eat.
1964 Spring
Yoko Ono, Grapefruit

27.8.14

Reinhardt: la alfombra, la luna, la miel

"If you're going through hell, keep going", decía Winston Churchill. Me hace acordar a cuando Daggett estaba re cagado de miedo de algo y se iba a esconder abajo de la alfombra de la pieza. Norbert iba a buscarlo y le decía: "no tenés que avergonzarte. Los castores somos naturalmente cobardes, y nuestro instinto es huir".

El gran problema de los humanos es que no tomamos muchas decisiones basadas en el instinto. ("Los hombres no tienen raíces. Les molesta no tenerlas", decía una flor del principito). El instinto sólo cuenta cuando estás en la cama con tu chica y sabés, más que sospechar, qué es lo que tenés que hacer después de qué cosa.
La mayor parte del tiempo somos seres emocionales o asquerosamente racionales. Las decisiones basadas en el instinto no tienen mucha validez en la vida cotidiana, pero una decisión basada en un análisis frío y bien pensado sorprende a las juntas directivas y te hace sentir un gentleman.

Es por eso que, por lo general, no contamos con la opción de ir a escondernos bajo la alfombra cuando la cosa se pone áspera. Si lo hiciéramos, sí nos avergonzaríamos.
Demás está aclarar que los castores no hablan, y Norbert y Daggett son invenciones humanas, por eso conocen la palabra cobarde: cobarde es una palabra que inventaron los humanos para referirse despectivamente a los humanos que huyen.

Por eso la frase de Winston Churchill, que en el marco de quién sabe cuál problema grave de Inglaterra alentaba a su gente: "si estás atravesando el infierno, seguí caminando".



Nunca voy a aprender a ser feliz con nada. Yo tengo mi alfombra siempre presente: esa alfombra es la ciudad donde nací. Si la cosa se pone áspera, más de una vez se me dio por huir; no siempre lo hice, porque no siempre pude (irse implica un malabar complicadísimo de tiempos y gastos).

Me basta considerar la posibilidad de huir a la alfombra para sentirme un poco mejor. Cuando la situación se hace insoportable, considero y reconsidero la posibilidad de escapar.
Y siempre me viene a la mente la frase de Winston Churchill. Convencido de que Córdoba es el infierno, me quedo esperando. Y casi siempre surge algo nuevo: ahí es cuando digo ¡el cosmos quería que me quede! pero en realidad, me acuerdo de otra cosa bastante más cierta: siempre pasan cosas nuevas en Córdoba. Y ahí me acuerdo por qué estoy acá y no en Corrientes por propia voluntad, iniciativa bien madura que nada tuvo de impulsivo.



Pero en este momento estoy soñando.
Estoy soñando porque los días van pasando a cuentagotas sin muchísimas novedades trascendentales.

Me desperté y me puse a escuchar un disco hermoso que escuché tantísimas veces en Corrientes un poco antes de venirme para acá. Ayer fue, también, el cumpleaños de Cortázar; autor que leí muchísimas veces antes de venirme para acá, intentando identificarme con su desfasaje geográfico de argentino expatriado por hastío y rebeldía.
Todo esto me hace soñar. Me hace soñar, un poco, con Corrientes; con cómo veía Corrientes cuando ya tenía decidido casarme con Córdoba, y cómo fue la luna de miel con Córdoba la primera semana que vine: la más feliz de mi vida. Cómo esa Córdoba me enamoraba a cada esquina. Me sigue enamorando, pero por razones distintas: ya no es por sus vueltas inesperadas y su capacidad de sorprenderme, sino porque me sigo sumergiendo en su esencia loca, revoltosa, dispar, cínica, y profundamente creativa.

El disco en cuestión es de Django Reinhardt. Tiene el raro maleficio de hacerme escribir algo con esta dignidad cursi cada vez que lo escucho. La última vez salió esta entrada, que alguien tendría que ver de nuevo porque creo que no la leyó esa vez.



Acá es cuando me imagino a mí mismo libre en el altiplano haciendo dedo, o hecho un bollo de sesos hirvientes bajo el puente Avellaneda. Cualquier cosa que me garantice una existencia distinta a la que llevo ahora, que no está nada mal pero no se conjuga con mi histeria voluble.
Y acá es cuando me acuerdo que Morphine viene el 17 de octubre, que hay tres grandes fiestas en septiembre, que estoy lleno de proyectos que misteriosamente se están concretando y que los otarios siempre, siempre son menos que los bienintencionados (hasta en una ciudad como ésta, tan moralmente enferma).
Acá es cuando me renace la médula del carpediem asegurándome que si voy through hell sólo tengo que keep going, que mañana no es lo mismo que hoy aunque hoy sea sospechosamente parecido a ayer; y que el bollo de sesos y que el pulgar levantado pueden esperar sencillamente porque mi instinto (que reaparece, y como el de los castores, nunca se equivoca) me indica que todavía no es el momento, habiendo tantas cosas para acariciar de Córdoba todavía, mi, mi, mi, mi, entonces todavía me enamora, la eterna luna de miel...

25.8.14

De inspiratio

1.
Cuando no sé de qué escribir, escribo sobre paisajes.
Es sintomático. Me ven escribiendo sobre un lapacho (como hacen los cantautores correntinos) y saben automáticamente que ando corto con inspiración. Es un hecho más que heroico para mí formular una tesis y adornarla con una recurrente mención a las tetas de Kate Winslet: eso es una vez cada dos meses. Para mí, un cuento es algo absolutamente imposible de escribir. No importa si escribo de pie con una máquina de escribir encima, como Hemingway; o paso ocho días en vela por exceso de merca, como Stevenson. Cuentos y canciones están fuera de mi jurisdicción. Por eso no soy escritor ni músico
Para ahorrarme vergüenza, como hacen todos los filósofos fracasados, evito la pregunta sobre el ser y me enfoco en el hacer, porque parecer demasiado ocupado para dedicarse a ser creativo es una táctica que engaña a los bobos.

Pero últimamente ando corto de inspiración, sin nada lindo para decir. Ocurre por ciclos después de etapas excepcionalmente productivas en las que me pongo al día con varias revistas que cuentan con mi colaboración más o menos viral y más o menos anónima. También me pongo al día con este blog, que muy poca gente lee justamente por lo inconstante que soy. Después, simplemente mando todo a la concha y me desconecto en pos de actividad real para mi futuro, o en trabajos sórdidos que generen plata rápida, o en un tornado de escabio en buena compañía.

2.
Hace tiempo quería controlar esos ciclos pero descubrí que ya no puedo, así que adopté mi posición favorita: la sana resignación. Pasé de atribuírselos a la luna a atribuírselos al ocio, a estados mentales; a inducirlos con soledad, con meditación fragmentada, con quemarme el bocho escuchando radio toda una tarde, a leer revistas con publicidad intrusiva, a mirar algo soft porn o Tinelli, engancharme con una serie, prepararme té con galletitas, leer una enciclopedia...
La inspiración se busca en todos lados. A mí no me llega nunca. Por eso termino escribiendo siempre sobre las mismas cosas: sobre la inspiración, sobre el estilo.
El día que sepa contar cuentos van a hablar todos de lo mismo: de mí.
Lo cual, afortunadamente, no descarta un buen botín, porque Bukowski y Lockett hicieron alguna plata recauchutando siempre lo mismo.

Sin embargo hoy, en el umbral de un fin de ciclo (o, como me encantaría poder llamarlo -por lo encantador que suena-, fin du siècle), estoy solo en mi casa a las siete de la tarde de un lunes soleado y un poco frío.
Estoy de mal humor porque hace tres semanas no puedo escribir dos líneas que me convenzan. Y sin embargo estoy viendo que ya escribí tres párrafos que no estoy por descartar por ahora.
(Repito lo que dije una vez hace tres años: si pudiera usted, lector, leer todas las entradas abortadas o que quedaron en borrador, vomitaría como quien huele un inodoro bien embadurnado...)

3.
¿Será que estoy por entrar en otro ciclo productivo? Me encantaría.
¿Será que puedo darme cuenta de a qué se debe este inesperado golpe de productividad? A ver, pruebo.
Lunes, siete de la tarde, absolutamente nada que hacer; trabajo perdido, hoy. Facultad perdida. Un poco de distensión en lo monetario. Buen panorama amoroso. Decidí dejar el alcohol por el momento. Estoy bien vestido, bien bañado, el pelo azul como el cielo del desierto; el viento frío entra por la ventana. La casa en diáfano orden. El atardecer que no veo directamente, sino que se refleja en el costado del edificio blanco allende la plaza. Mañana recibo una long-distance guest que no habla español y con la cual espero llevarme bien. Y (lo más misterioso de todo) es que escucho, de vez en cuando, el graznido lejano de un pajarito de pantano, como los que pululan en los bordes de las lagunas correntinas en verano cuando se callan todas las viles máquinas del hombre: los autos, las bordeadoras, los sobrinos.

También, estoy escuchando un discazo de una banda peruana de cuatro chicas que acabo de descubrir. Y pienso: cómo me gustan las bandas de mujeres. (Atención a tutto il mondo: llamo "bandas de mujeres" a las bandas donde canta una mujer, sin importar si los que tocan los instrumentos son -biológicamente- hombres. Prefiero imaginar que la banda en la que canta una mujer tiene canciones compuestas por esa mujer y, por lo tanto, representan la potencialidad creativa femenina.)
La banda en cuestión se llama Las Amigas de Nadie, y mi track favorito del disco se llama Tronador. Escucha perfecta para un lunes a las siete de la tarde.

4.
Ahora siento el pecho un poco mucho más liviano como si me hubiera hecho un enema de vick vaporum. Lo que sospecho, en este momento, es que voy a terminar leyendo Lolita bajo la ventana abierta, que deja venir el viento de afuera... y acaso, cuando termine el momento místico, sea la hora de sentarme acá y terminar alguno de los borradores a los que todavía les guardo un poquito de fe, decidiéndome al fin hacer un bollo moquiento con los otros.

22.8.14

Stream of piss or a bullet in my head

1
Más de una situación en la vida se puede comparar a una planta.
La planta necesita agua con cierta regularidad. Pero demasiada agua la ahoga y la planta muere.
Sucede con las personas con las que querés empatizar mucho, o con las cosas que querés lograr ya mismo...
No hacer nada respecto a algo nunca está bien. Pero, a veces, hacer demasiado es contraproducente y no viene mal darse cuenta cuándo toca pararse en media cancha a tomar aire y seguir corriendo.
La única solución posible, como siempre, es encontrar el ritmo conjunto entre vos y tus proyectos, o cuando el mundo quiere (en su forro capricho) que tus proyectos se concreten.

Escribo esto a las 6 y 39 de la mañana, el único momento del día donde puedo pensar claro, de cara a un nuevo día de trabajo. Al final del día, voy a ser 100 pesos más rico y visiblemente más estúpido por el bombardeo constante de cuarteto en la radio y los 31 grados anunciados para esta tarde de invierno.

2
Soñé que tenía que poner una bomba en un cohete. Una vez puesta tenía que salir corriendo y apretar el botón. Justo cuando apreté el botón empezó a sonar No Pride a todo volumen: era mi despertador. Fue de película, lo más intenso que me pasó esta semana. No Pride es un temazo: uno de mis 14 temas favoritos de Insomniac, mi disco favorito de Green Day.

El tema habla de resignación violenta.
Un mechupaunhuevismo pero apasionado, un desdén hacia el mundo con una energía tan contagiosa que hasta te diría que puede construir algo: odio, fatiga, pero sospecho que nada de quietud.

"No culture's worth a stream of piss or a bullet in my head..."

Cada tanto, dice alguien, me deschaveto. No estoy diciendo que estoy deschavetado ahora, pero me parece que está por pasar.
Toda este ansia de equilibrio sucede, por regla general, un poquito antes de que se vaya todísimo a la mierda.

Insomniac mismo lo anuncia. El disco no es otra cosa.
(Es como In Utero. Resabio autodestructivo y canceroso de un éxito rotundo).

21.8.14

Los paisajes y el desenfreno

Llega un punto donde Lolita de Nabokov se vuelve un racconto ácido (así lo definen sus editores) de paisajes, lugares, momentos, películas, personajes típicos, carreteras, hoteles y carteles de descuentos a lo largo de toda Norteamérica.
Es un libro típicamente americano donde la referencia a una Europa diáfana, flemática y culta es muy lejana. Lejana de Dolores Haze, la niña de trece años; de su padrastro, Humbert Humbert; y su viaje interminable a lo largo de un año entero, de agosto a agosto, buscando dónde poder consumar su amor en un catre secreto o en una ladera silenciosa plagada de marmotas silbantes.

El editor que mencioné lo vende como una historia de amor, para que te conmuevas o polemices con una historia de amor sui generis. El narrador lo entiende como una especie de confesión en el tribunal. Y a Nabokov no sé si le pareció hermoso vomitar desenfrenadamente tanta poesía geográfica ("los paisajes de Norteamérica con trágicos, cómicos, épicos, líricos, pero nunca arcádicos") o si en algún momento le pareció un tedio. Tampoco sé qué le pareció a Kubrick.
Es un diario de viajes bastante raro: no tiene fechas, pero cada paisaje descripto tiene una vivacidad increíble y está asociado a un rizo de Lolita, a sus piernas pequeñas y bronceadas, a sus caderas todavía sin forma, o a alguna vez que miró hacia arriba, de rodillas en el piso.

Pero con un ritmo frenético. "Ruego al lector que tenga en cuenta el itinerario que acabo de mencionar...", a lo largo de cuarenta y siete estados de la Norteamérica terrestre (salvo Florida, el único lugar donde tenían conocidos suyos).

Y un viaje sin propósito. Uno solo: seguir viajando. Seguir viajando con Lolita. Todo lo que se pudiera, aunque el viaje se fuera oscureciendo, poco a poco, con el temor a que la América que recorrían descubriera su extraña clase de amor.

_____________________

Por esas páginas del medio es cuando, a falta de mapa y fecha precisos, y a falta de historia de amor (que es unilateral y enfermizo), Lolita se convierte en un libro de fantasía.

Al menos para mí. Como lo fueron, de alguna forma, los diarios del ron de Hunter S. Thompson o la delirante aventura de Huckleberry Finn cargando un tesoro que tenía que esconder de sus amigos negros. Como también fueron, para no ser un literato soso, algunos momentos en los que jugué al GTA San Andreas, o cuando me sentaba a mirar Kenan y Kel, o cada vez que escucho los primeros temas de Bob Dylan. George Clooney y dos secuaces bien pelotudos escapando, con los pies encadenados, a través de un campo con destino a Ithaca, un pueblo puritano.

Norteamérica: la tierra enorme, delirante, fantasiosa, multicolor, interminable; las absurdas riquezas, la gente más gorda del mundo; el racismo y la persecución; los atentados presidenciales; fear and loathing; los campos de algodón. El Oeste, la playa, la cocaína; la desazón humana, el mar gris del Este, la heroína; los viajes, relatados por tanta gente (Humbert Humbert es sólo un clásico) que unen las dos costas en una pincelada discursiva que a los de abajo nos llega sólo de rebote.

Los Estados Unidos de Norteamérica son una bolsa llena de imaginación que hago crecer desde chiquito. El amor por América Latina y sus encantos se puso de moda hace relativamente poco; espero que los chicos de mañana, o de pasado mañana, sueñen con el altiplano del mismo modo que yo sueño desde chico con el gran cañón.
En los noventa, esa fascinación por ese país gigantesco estaba viva, y tenía visibles efectos. (Gigantesco de verdad. Las distancias son realmente impensables: un profesor mío me contó que vivía en el estado de Nueva York y, sin embargo, la ciudad de Nueva York le quedaba a ¡1200 km!).

Leí por ahí que la solución es conjurar los demonios: darles existencia real para probar que no existen.
La solución para una obsesión enamoradiza con los Estados Unidos de América es poner el pie en un prado interminable y ver los trenes pasar; entender el magma inhumano que inspiró a Bukowski, caminando por las calles de Hollywood Este al ritmo de Booker T. Jones; escuchar la prédica apasionada de un cura que, a Lutero gracias, volverá a casa abrazado a su gringa esposa.

20.8.14

Witches blvd.

news source
fucked up
downhill barely standing

cloudless summer afternoon in witches blvd.
rough ground
heavy silence

cypress leaves being hit
softsauced by a
dying orange light

it pyrosunsets and then
it smokely moons

me,
 I'm so old
so soaked, so weary

but still a little confident
about my desire
of sharing this place i admire

with you

12.8.14

Bóveda above oval

About You by XXYYXX on Grooveshark
Pero si un hombre está solo, dejad que mire las estrellas. Los rayos que provienen de esos mundos celestes se interpondrán entre él y lo que toque. Podría pensarse que la atmósfera fue creada transparente con esa intención, para conceder al hombre, con los cuerpos celestes, la presencia perpetua de lo sublime. ¡Qué grandes parecen desde las calles de la ciudad! Si las estrellas aparecieran cada mil años, los hombres creerían, adorarían y conservarían el recuerdo de la ciudad de Dios que se les mostrara. Pero todas las noches salen los emisarios de la belleza e iluminan el universo con su sonrisa admonitoria.
Ralph Waldo Emerson
al principio de Nature

9.8.14

Su lindura inefable

Hoy venía caminando a las nueve de la noche por la plaza, cruzándola en diagonal para llegar más rápido al teatro.
Fue en la esquina de San Martín y Rosario de Santa Fe cuando me di cuenta de lo que estaba pasando. Miré y escuché alrededor. Córdoba un viernes a las nueve.
Es una atmósfera burbujeante hundida en materia negra, de la misma que tiene el espacio. Todavía hay vida que se va drenando de a poco, como el agua sucia que baja después de una inundación.
Córdoba huele, se toca, y al mismo tiempo es el fondo mismo de un abismo oscuro de peces deformes metidos de prepo en un callejón musical y oxidado, traído a tierra por un psicópata de Castilla que le arrebató el valle a los comechingones hace setecientos años.

Pasó, primero, una vieja ciega. Golpeaba un bastón blanco y cantaba con la boca cerrada. Al mismo tiempo empezó a sonar una alarma.
Dos o tres puteadas. Una bocina, pero lejos, porque estaba parado en plena diagonal. La fuerte presencia policial. Las parejitas que te miran raro cuando te acercás a su banco público. El golpeteo del bastón de la vieja sobre el adoquín. El último sermón voceado de la catedral, eco que sale torpe, un afterhours. Las persianas cerradas sobre los locales de ropa que de día son hormigueros calientes. Un viejo de COTRECO, en su uniforme verde, fumando un pucho apoyado sobre una de las columnas blancas del ancestral cabildo.
Llegué a la esquina y había una rata corriendo al lado de un cana. El animal se metió ágilmente entre las rejas de la cuneta y miró desde abajo con sus dientes torcidos llenos de mugre, sus dos ojitos amarillos reluciendo entre las barras de hierro. La rata, mientras tanto, corrió calle abajo.

De noche un zoológico. ¿De quién es la culpa? No vamos a andar decapitándonos. Cada vez me siento más cordobés; y, al mismo tiempo, si hubiera nacido acá no sabría apreciar con extrañeza de turista, una vez cada tanto como un sano ejercicio, su lindura inefable.

6.8.14

The Inner Savage Sapiens

Black Math by The White Stripes on Grooveshark




















Listen Master,
can you answer a question?
Is it the fingers or the brain
that you're teaching a lesson?

1.8.14

Pegaso el cartonero y los angelitos culones


A esta foto la tomé esta mañana desde el camión, sacando el celular por la ventana porque lo que vi me pareció GLORIOSO.
Nos paramos detrás del carro del cartonero en el semáforo de Pueyrredón y Sol de Mayo. Lo analicé un milisegundo, pero en ese milisegundo el semáforo viró a verde; y el loco empezó a avanzar, y nosotros atrás. Ahí entendí que era ahí nomás o nunca más, y manoteé el celular. Como pude tomé una foto que salió bien de milagro.

En la facultad leemos mucha teoría sobre el arte. Demasiada. Hasta el punto de que llegamos a discutir angaú sesudamente aportes tan inútiles como los de Horkheimer o los de Tristan Tzara. Para la mayoría de nosotros, es lo más común del mundo no entender una mierda de lo que dice el doctor, magister o licenciado de turno.
A la larga, el saber puramente académico sobre el arte crea eruditos o charlatanes. Los segundos siempre quieren pasar por los primeros. El resto de nosotros se queda papando moscas ante la ancestral pregunta, que se remonta a la EGB: de qué me servirá esto en la vida.

Y sin embargo, creo que una buena cantidad de clases inútiles sobre teoría del arte podrían ser reemplazadas por un saludable powerpoint sobre los sentidos concretos que tiene el arte en el mundo contemporáneo.
Este es uno.

Un hermosísimo cuadro rodeado por un hermosísimo marco, digno de la más paqueta tienda de antigüedades de todo el submundo Güemes, o del living de la vieja neofascista más concha agria de este lado del Suquía.
Pero (plot twist, como dicen los yankis) en la parte de atrás de un carro de cartonero tirado por un caballo flacuchento, que desde lejos no se ve.

Acá es donde entrás a preguntarte:
El cuadro, ¿forma parte del negocio del cartonero, que suele trabajar con basura? (basura en el sentido de cosas sin valor, al menos valor estético). ¿O se trata de un laburante aficionado a la plástica?
Lo cual sería admirable, porque dudo que nosotros, que andamos en camión, nos detuviésemos por la calle para alzar un cuadro y meterlo en la cabina, por más hermoso que sea.

Yo no soy un erudito. Quedo como un holgazán si les digo "saquen sus propias conclusiones", pero se ve que me falta mucha cindor para sacar las mías.