30.6.14

La ansiedad prerregreso

Llega esa época del año donde estoy estudiando hasta las dos de la mañana sin remedio. Sin pausa. Con la convicción bien atenta, pero los párpados desmoronándose como un dúplex de goma eva.
Por las disposiciones de la rutina, se acercan los días en Corrientes. A causa de una mente bien entrenada en los ritmos de la vida, empieza un ciclo de ansiedad abrasadora que concluye cuando, casi de pie a las 8 de la mañana en el pasillo de un colectivo. veo entre la niebla una estructura de piedra triangular: el puente General Manuel Belgrano.
La ansiedad no surge por amor a Corrientes (o capaz que sí) ni por ver a mis amigos o a mi familia ("los hombres no tienen raíces, les molesta no tenerlas" Exupéry) sino por cortar, gana bien humana, con la tarea constante y dedicada que implica una pertenencia responsable a un lugar nuevo.
Porfía, fracaso amargo. Claustrofobia. Hace varios meses que no salgo de Córdoba. Patience is a virtue. Sólo por accidente cruzo Circunvalación todas las mañanas, después nada. Es como estar encerrado en un ascensor.

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