21.6.14

El silencio

Era mucho más fácil encontrar silencio en Corrientes.
Cuando pasó lo del 2001, los pesos escaseaban, y la gente se histeriqueaba. Surgieron los CECACOR, cambiamos mucho de presidente, mucho. El silencio por primera vez era más común que la guita. Esto quedó así. No sé por qué.
Las ciudades grandes son como grandes imanes. Por 4 pesos vos te vas a Santa Ana. Para (tratar de) salir de Córdoba tenés que pagar como 20 para ir a Carlos Paz, que en algún momento va a volverse un suburbio de la ciudad, una prótesis de una pata que se tropezó en las montañas. Corrientes, por el otro lado, es independiente: por no decir, existe sólo gracias a un río, y se lleva mal con sus vecinos.

Pero a la siesta está el mango. A la siesta está el patio. A la siesta estás ahí, con las patas puestas sobre un piso alfombrado de hojas caídas, largas como esperanza de pobre, amarillas como el sol que muere en el otoño, tristes como el funeral de tu vieja, y calladas también. La melancolía es la tristeza que se destiló, que pasó por todas las etapas de la crisis, crisis que siempre es ruidosa; y lo que queda es un patio vacío, con la lluvia que se adivina por los nubarrones.

2 comentarios: