2.6.14

Bahía Blanca

El que avisa no traiciona. En cualquier momento me agarra un pire a lo Martín Castillo. Yo sé que él tuvo muchos mambos con las bombas, la mina y su padre incestuoso. Mi vida no es tan enquilombada, pero eso no hace que deje de ser hermosa la idea (a la cual acaricio y me aferro como una bola de cristal) de alzarme a la mierda. Hace rato dejé de pensar que es difícil.

Sobre todo porque estoy convencido de que nada es permanente; ni los trabajos, ni los fracasos, ni el estancamiento académico.
Por el contrario.
La única forma verdadera de responder al dinamismo del mundo, es con el dinamismo de uno mismo. Hay que moverse. Lo que no se mueve, se pudre.

Hace rato estoy pensando con cariño en Bahía Blanca.
Pasé una semana y media en Bahía Blanca cuando tenía 16. Fue uno de los mejores veranos de mi vida. No sé por qué (habrá sido por El Modelo) viajamos un mes entero con mis abuelos y mi tío por la Argentina. Fue la primera vez que escuché la palabra "periplo" salir de labios de alguien, y la adopté como una forma más económica de describir un viaje que incluyó Villa Mercedes, Mendoza, Chos Malal, Neuquén, Roca, Las Grutas, Madryn, Bahía, Monte Hermoso y Tandil para terminar en Buenos Aires, más precisamente con mi regreso triunfal a la Bond Street, con plata en el bolsillo y dos latas de speed encima en una siesta calurosa. Ese año vi desde prados infinitos sembrados de girasoles hasta el mítico Aconcagua. Unos meses después veía la nieve caer desde la ventana de un hotel de Jujuy, roto de amor por una salteña. El año próspero.
En Bahía tenía una pieza para mí solo. A la tarde salía a caminar por la ciudad, me perdía un rato y volvía siempre por el mismo camino. Mi tía tenía unos papelitos de colores que siempre llevaba en el bolsillo y con esos escribí bocha de poemas cortos, que titulaba con nombres de canciones que iba escuchando: desde "Why don't we do it on the road?" hasta "California sun".
No conozco a nadie en Bahía además de mis tíos. Él es carpintero, y yo me levantaría temprano todos los días para darle una mano en eso de armar muebles. Es introvertido, sabe manejar camiones, usa anteojos culo de botella y es campeón de la small talk. El mundo me dejaría de romper las bolas un tiempo con una vida tan sencilla.

Amo a Córdoba. Pero cualquiera se cansa un poco de la persona a la que ama. No seamos gansos. O peor, pingüinos emperador.
El que avisa no traiciona. En cualquier momento me agarra un

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