9.5.14

La fama

La fama no era más que un rostro extraño, aferrado a un micrófono, que preguntaba cosas que uno había respondido centenares de veces. "¿Qué piensa de la actual situación política en Nueva York?" (La mayoría de las preguntas vienen de los desiertos filosóficos que los Medios de Comunicación dejan detrás suyo, después de lavar y fregar el gran cerebro colectivo). La fama es el teléfono que suena dos o tres veces más cada semana para pedir entrevistas que no queremos conceder y no concedemos. La fama es esa gente de afables intenciones que interrumpe nuestros pensamientos en la calle. La fama es esa inhibición que nos impide orinar en un callejón por temor a la policía y a los titulares de primera plana. La fama es lo que nos impide ponernos en ridículo en un baile. La fama es esa incapacidad para emborracharnos anónimamente en un bar de extramuros, o sea, la incapacidad de criar una melancolía obsesiva durante una noche de revelaciones.
[...]
La fama, a menos que tengamos una misión, sería igual al gusto de una aspirina en el momento de la muerte.
(El prisionero del sexo, Norman Mailer) 

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