19.4.14

Las bicicletas

Puedo reconstruir detalladamente el ritual de subirme a una bicicleta, pero no estoy autorizado.
Cien millones de chinos se suben todos los días a sus bicicletas, como para que yo pueda decir algo nuevo sobre este aparato tan noble. No puedo.
Además, el chino es un idioma que dispone mucho mejor de las palabras que el español; cualquier descripción del universo de las bicicletas (por motivos lingüísticos, y también culturales) sería mejor en chino.

Puedo hablar sobre mi recorrido con la bicicleta. Eso sería mejor por dos motivos.
Número uno. Puedo describir la emoción del recorrido. Puedo elegir el nivel de detalle como quien enfoca un microscopio. Puedo dar cuenta del viento en el pelo, del barro en las zapas. Y puedo comentar, al pie, cómo me pega emocionalmente: si bien, si para la nostalgia, si me hace pensar que tengo que dejar el pucho.
Número dos. Puedo reconstruir el recorrido mismo. A saber. Un trazo imaginario entre un punto A y un punto B (casi siempre, mi garage y su livingroom), adornado con una serie infinita de puntos medios (A1, A2, A3, A4...) con los que designaría, a gusto y criterio, a esquinas, plazas, cunetas, semáforos, pasos a nivel, violentas bajadas empinadas a 75 grados o a la brisa que anticipa a un río caudaloso. De lo que valga la pena hablar.

Puedo escribir un extenso artículo sobre cómo las bicicletas son beneficiosas para un montón de cosas, desde las piernas hasta los glaciares.
En detrimento, por supuesto, del maldito automóvil, símbolo de la agresividad burguesa, culpable tanto del efecto invernadero como de los bocinazos, los accidentes de tránsito, los desarmaderos clandestinos y las películas de Paul Walker.
La bici no, bicho bueno: una bicicleta tolera tranquilamente una flor en el pelo, y no cría barrigas. Un buen amigo mío engordó 40 kilos desde que se cambió de la bici al auto. Con la bici uno está en comunión con el medio; con el auto uno cierra las ventanillas y se olvida del mundo real, y más todavía si tiene estéreo y decide sintonizar la 100.
Pero para protestar ya están las masas críticas: activistas que salen a andar en bici cada tanto, pintados y disfrazados. Uno puede sentir el cuek-cuek-cuek de los piñones mientras se acercan; sabe que acerca un candombe, andan en bici todos felices. Un domingo los vi andando en bici por una peatonal en Córdoba; les juro (y esto es muy difícil de jurar) que nunca en mi vida vi un grupo de gente tan despareja.

Tengo serios problemas en cómo canalizar mi amor por las bicicletas.
Podría poner una gomería. Pero no sirvo para tratar con ninguna clase de goma. Ni siquiera sé hacer globos con el chicle.
Podría poner una concesionaria. Pero no soy un chulo.
Podría escribir algo... ¿pero qué?

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