28.2.14

Hotel


No hay nada más ruidoso que un hotel norteamericano; y se suponía que ése era un lugar tranquilo, agradable, anticuado, hogareño... ideal para una "vida apacible" y todo ese tipo de boberías. El chirrido de la puerta de mi ascensor —a varios metros al noreste de mi cabeza, pero que oía tan nítidamente como si hubiera estado dentro de mi sien— alternó hasta mucho después de medianoche con los zumbidos y estallidos de las varias evoluciones de la máquina. De cuando en cuando, inmediatamente al este de mi oreja izquierda [...], el corredor vibraba con alegres, resonantes e ineptas exclamaciones que terminaban en una descarga de despedidas. Cuando eso terminaba, empezaba un inodoro inmediatamente al norte de mi cerebelo. Era un inodoro viril, enérgico, bronco y fue usado muchas veces. Sus regurgitaciones, sus sorbidos y sus corrientes posteriores sacudían la pared a mis espaldas. Después, alguien situado en dirección sud se descompuso de manera extravagante y vomitó casi su vida juntamente con su alcohol, y su inodoro resonó como un verdadero Niágara, justo al lado de nuestro cuarto de baño. Y cuando por fin las cataratas enmudecieron y todos los cazadores encantados conciliaron el sueño, la avenida bajo la ventana de mi insomnio, al este de mi vigilia— una digna, neta avenida eminentemente residencial, de árboles inmensos— degeneró en el vil pavimento de camiones que rugieron en la noche de viento y lluvia.
Nabokov, Lolita 

25.2.14

Jung

La vida es desatinada y significativa. Y si no se toma lo desatinado a risa y no se especula sobre lo significativo, entonces la vida es banal; entonces todo tiene una dimensión mínima. Entonces existe sólo un pequeño sentido y un pequeño sin sentido. En rigor nada tiene significado, pues cuando no existía ningún hombre pensante no había nadie que interpretara los fenómenos. Sólo tiene significado lo no comprensible. El hombre ha despertado en un mundo que no comprende, y por eso trata de interpretarlo.
Carl G. Jung, Von den Wurzeln des Bewussteins

La buena violencia de la mente


nena demonio de medianoche tus ojos ya no pueden - mirá que el mundo, el perro mundo, todavía es nuevo para mí - sí, a esta altura, es decir año 2014, siete años después de mi iniciación en la música, si es que existió como tal - escucho este disco que allá por el 2008 era nuevo y me siento de nuevo un novato... mi repertorio, si es que existe como tal, no entraba siquiera al rock psicodélico sino que se quedaba ahí en el umbral, en pastiches como Luzbel o Last ride in o a lo sumo los residents... y hete aquí que un día mi abuelo (¡que tu abuelo, en Corrientes, sea el que te inicie en el rock psicodélico, es claro testimonio de lo novato que sos!) trae este disco que tenía por seña nada más que La Buena Violencia de la Mente

y comentario mediante "estos son unos fumetas" le doy play, arranca hablando de lluvia, de velocidad, de chamanes, de estanques, de pitohués y de eternautas, qué es esto pregunto "una banda de acá" (de Corrientes) me dice y tengo ahí nomás dos órdenes de impresiones, a saber: uno las profundidades majestuosas, terribles de la psique humana (los arquetipos de Jung y todo eso) expresadas menos con la palabra que con la música, fuerza universal, magia y rugido, cuyo centro está en todas partes y blablablados los músicos escondidos en esa la ciudad donde nací, que siempre me pareció que si no era por el chamamé estaba muerta por dentro y por fuera

estos a los quince o catorce me parecían más que humanos espectros volátiles (llamados Raúl, Alejandro, Iñaki, Fulano, Mengano no importaba) que andaban flotando por el lago del Camba Cuá o salían por ahí a la noche, cuando nadie mira... no se me ocurrió que podían ser de carne y hueso y por eso no necesitaban ni podían esconderse y encarnar sólo cuando yo los escuchara... esto a los quince es una revelación, había músicos cerca, no estaban todos en MTV ni eran fantasmas, hacía falta rastrearlos, escucharlos, porque cantaban un son que yo iba a poder entender (¿o no conocía yo el parque, el pitohué, la lluvia y el estanque?) y esto no se limitaba a escuchar algo poco conocido, no, era algo íntimo, algo realmente cercano como pocas otras cosas, un aditivo a la música que, sí, es algo universal, pero si viene de cerca es como si te hablara al oído...

y ahí no fue lo mismo nada, perdí un poco de mi inocencia, estos chicos me revelaban algo: no hacía falta estar en MTV para hacer música, y hace rato que tampoco es al revés. en realidad, MTV no tiene nada que ver... no es sólo porque moldee nuestros gustos a la conveniencia yanqui (o capaz sí) o que sea una herramienta diabólica del cosmos mercantilista (también puede ser) sino que, simplemente, MTV no tenía nada que ver... estaban desfasados, eran sapos en un pozo muy distinto... y no los necesitábamos. el mejor canal de televisión era inmediato (una brutalidad cometida directamente contra el espíritu de la tele-visión: ver de lejos)

Noche en el Estanque by La Buena Violencia de la Mente on Grooveshark

el mejor canal era salir a la puerta de tu casa y caminar al bar, que entonces era Picasso como podía ser cualquier otro, allí pasaba algo. encarnaban estos espíritus (cuando por fin los vi en vivo perdí otro poco de mi inocencia) y ahí nomás tocaban los temas que yo ya conocía... pasó lo que le critica el teatro al DVD: cada función fue realmente única... y los tenía enfrente, como hoy los podría tener en facebook, sin ganas de darse aires falsos, sin truchezas, sin bajezas ni mediaciones... hay que volver al bar, pensé y pienso... estar solo escuchando sus discos afina el oído y también el corazón. pero todavía no inventaron nada que imite la energía que se libera allí, en el bar, cuando transpiramos en un sucucho...


24.2.14

Symns, 2


Algún día siempre llega. Claro, si vos lo estás esperando.
Porque la gente vive la opereta de la vida como si fueran extras. Hacen número, van a la guerra o a la cancha conformándose con el pan y cebolla de la gloria. Les pagan poco: los dejan comer, cagar, dormir, echarse un mal polvo y en el medio les enseñan 200 palabras para que las usen para decir siempre que sí.
Hay otra gente, que descubrió el curro, y se hace almacenero. Aprenden a ganar mosca, a ganar concha o pija o a tener un poco de suerte en el escenario jeropa de la fama. Un día cualquiera, por suerte, se mueren de un paro en el bobo o desaparecen en el chupadero del cáncer.
A mí me gustan los que viven la vida como si fuera una cárcel y se la pasan durante toda la lunga historieta haciendo un agujero en el paredón de la vida para escaparse a la muerte.
Nosotros, los Chacales, somos de esos.
Enrique Symns, La banda de los chacales
En este blog: Symns, 1



23.2.14

Ltd. Express


NIGHT IS DOWN ON INSECT TOWN

Generalmente se dice "cordobés por adopción" cuando te encajetás tanto con esta ciudad que optás por pasar con ella el resto de tu vida; pero a mí esa frase me suena horriblemente edípica, porque no quiero que Córdoba me adopte. Quiero desposar a esta tipa hermosa aunque me pida de dote cien mil palacios de oro sólido y toda mi estabilidad emocional.
Pero es mucha ciudad para mí. Me cago encima de tímido cuando oscurece y se prenden sus faroles de golpe.

Me escondería detrás de un árbol bien maraña como el de la foto. Desde ahí espiarla yo, ella sonriente y luminosa como una modelo: en ella convive lo viejo y lo nuevo, los altos edificios y los trenes viejos. Todo me parece hermoso cuando estoy enamorado, porque el amor te hace idiota.

I'M SITTING HERE GLUED TO THE GLOWING TUBE

Esta foto no la saqué yo, la encontré por ahí. La sacó un chabón llamado Gabriel que maneja un blog de blues de acá. A veces me pasa que voy caminando y me encuentro con un paisaje sublime, y la puta suerte no me pone a mano una lapicera y un papel. Me quedo con todo lo que podría decir pegado como plomo en la garganta, mirando hasta que me frustro me canso y me voy.
Otras veces veo una foto como esta. Otra persona cualquiera pudo cazar ese paisaje irrepetible en ese momento único y subió las fotos en alguna red social para que llegue a mí, aunque sea en diferido. Yo estoy pegado a un tubo que brilla, pero el efecto es similar: como quien ve el Taj Mahal o algún tulipán en un campo de Holanda. No es un privilegio inmenso, pero siempre es cosa buena poder decir "la pucha, qué lindo lugar este que habito..."

LIMITED
I AM riding on a limited express, one of the crack trains of the nation.
Hurtling across the prairie into blue haze and dark air go fifteen all-steel coaches holding a thousand people.
(All the coaches shall be scrap and rust and all the men and women laughing in the diners and sleepers shall pass to ashes.)
I ask a man in the smoker where he is going and he answers: “Omaha.”
 Carl Sandburg (1878 - 1967)

LET ME HEAR ONE MORE TIME THAT ROCK AND ROLL...



Kierkegaard

The greatest hazard of all, losing one’s self, can occur very quietly in the world, as if it were nothing at all. No other loss can occur so quietly; any other loss - an arm, a leg, five dollars, a wife, etc. - is sure to be noticed.
Søren Kierkegaard

22.2.14

Pajero

Siempre surge la pregunta acerca de la primera vez en el sexo. Lo que nadie parece notar, es que la primera relación sexual de una persona ocurre con su mano (la mayoría de las veces) y a una edad mucho menor de la esperada. ¿Acaso olvidaron su primer orgasmo? Yo no. Y fue en el baño de casa, no en la cama de una mina. Y fue (será) la relación sentimental más larga de mi vida.
Federico Alasino, "Pajero" (fragmento)

18.2.14

2011

Al terminar esta entrada, me pregunté por qué la había escrito.
Concluí que hay dos opciones.
A. me estoy volviendo viejo y necesito escribir mis memorias; no serán interesantes, mucho menos abultadas, pero son mías y deberían estar a disposición de la opinión pública, que decidirá cuantos cascotes me corresponden y cuántas flores.
B. estoy terminando un ciclo, y como sucede cada vez que un ciclo termina, surge la necesidad de una recapitulación de rutina.

17.2.14

Nabokov

Una de las principales razones por las que el valeroso poeta ruso Gumilev fue asesinado por los rufianes de Lenin hace treinta y pico de años es que durante toda la dura prueba, en las oscuras oficinas del fiscal, en la cámara de tortura, en los tortuosos corredores que conducían al furgón, en el furgón que le llevó al lugar de ejecución, y en ese sitio mismo, con la tierra revuelta por los pies pesados de un pelotón sombrío y desmañado, el poeta no dejó de sonreír.
 V. V. Nabokov, El arte de la literatura y el sentido común

Some kinda love

En 2010 tenía diecisiete, sigo tan flaco como entonces, igual de pálido.
Una sana costumbre me hacía poner las manos en los bolsillos cada vez que salía a la calle. En ese entonces no tenía que quedar bien con nadie.
Una "época de oro", como la adolescencia, consiste en no tener el deber de quedar bien con nadie; ni con empleadores, ni con profesores, ni con nadie. De alguna forma, todo te cae del cielo, tengas una sonrisa en la cara o no.
Cuando uno se lanza a mantenerse a flote solo, hay que estar bien alerta: cualquier cosa, tratada bien, puede convertirse en oportunidad. Todo es potencial, y hay que portarse bien para que el tren de la vida no se escape. En parte, eso me hizo desistir de la costumbre de caminar con las manos en los bolsillos: algunos confunden este vicio con carencia de ganas de laburar.


Tengo algunos recuerdos de los diecisiete. Fue el invierno más frío de mi vida. Escuchaba mucho a la Velvet. Tenía muchos amigos extranjeros. Viajé mucho: a Buenos Aires, a Salta, a Neuquén. Lloré la muerte de Sabato en mayo, y canalicé mi dolor con una copia en mega-rebaja de Abaddón el Exterminador, libro que ya había leído y probablemente en la puta vida lo relea.
Mal que mal, a los diecisiete era un tipo feliz.

El otro día me preguntaron si tenía diecisiete. Iba a responder "ojalá", peeeero...

14.2.14

XI. Las sirenas

Sweet tea Miss Kennedy having poured with milk plugged both two ears with little fingers.
(Joyce¹)



13.2.14



"The big wheel keeps on turning
on a simple line day by day
the Earth spins on its axis
one man struggles as the other relaxes..."
                                                                             (M. A.)

"...las inevitables alternancias de ascenso y caída
de prosperidad y de austeridad
de alegría y de tristeza.
Nos orienta hacia el cambio, ya sea positivo o negativo,
y a la aceptación de la constante mutación de lo real."
                                                                                (A. J.)

12.2.14

¿Por qué soy un mechupaunhuevista?

A lapanadera, mi tronco

A veces me olvido de que, tumbado o bailando, estoy en una ciudad que amo.
(La otra vez ya dije: ciudad que no guarda sorpresas, más que hogar es una celda).
Las sorpresas vienen de todas formas, como las personas: chiquitas, grandes, pelirrojas, urgentes.
Pero vienen.
Entre ellas, hay las que nos hacen sentir alienados, inútiles, pequeñas cacasecas en la vera de una vereda llena de baches. Si no las hubiera no estaríamos vivos, no seríamos jóvenes. La vida, en su bizarra performance, no sería una novela de aprendizaje (escrita por un guionista ebrio, sí, pero no por eso mal escrita).

Uno se pone a reflexionar en un banco de plaza, y resulta que todos los problemas se reducen a uno solo: qué hacer con los problemas.

El ejemplo que voy a poner es algo grotesco, pero puliéndolo un poco, puede llegar a ser flor de analogía.
En mis diez minutos diarios de conexión a facebook vi que un compañero, Nicolás, publicó un fragmento de un libro.
Palabras más, palabras menos, el fragmento recordaba a Deleuze (del que me burlo acá casi constantemente), que definía a la vida como "flujo del cambio perpetuo": desparejo, abundante, en ella está todo lo absolutamente nuevo, lo no repetitivo, donde nada puede ser imaginado todavía ya que todo es por partes iguales regla y excepción. Una doctrina rígida y aparentemente bien formada, por ejemplo el marxismo, es una bomba de tiempo: tarde o temprano la dialéctica que alguna vez nos convenció va a quedarse corta para definir la Historia.
Pregunto yo, llevando esta reflexión a una escala menor (a.k.a. la única útil) qué hacer con esta corriente: ¿intentar agarrarla (¡suerte con eso!) o dejar que corra?
Imaginemos ese problema grande que todos tenemos como un tronco que flota cerca de donde nosotros estamos nadando. Un enorme tronco de bosta dura, peroratio de un resumidero a su vez epílogo del ano de algún amante del membrillo.



Apelo a la sensatez lúcida del que lee esto.
¿Qué hacer?

A. Nadar —deliberadamente— hacia el tronco tratando de hundirlo. A riesgo, claro, de llenarnos de bosta. Y con la esperanza vaga de que no resurja.
B. Seguir nadando a la par del tronco, aguantándonos con estoica firmeza su olor, hasta que finalmente (gracias a la divina gracia que tienen todos los seres del universo: extinguirse) se disuelva.

Contemos con la catarata que llega (SIEMPRE*) aguas abajo.
Ella se va a encargar de llevar el tronco al lado brasilero, y a nosotros nos va a depositar en un río virgen que fluye hasta casa.

Bastante con que hay que nadar para no hundirnos.
¿No es cierto?
__________________
"flujo del cambio perpetuo"

8.2.14

Lukács

El conocimiento profundo de la vida no concluye nunca en la observación de la realidad cotidiana, sino que consiste en la capacidad de tomar los elementos esenciales e inventar, basándose en éstos, caracteres y situaciones que son totalmente imposibles en la vida cotidiana, y que sin embargo son capaces de revelar, a la luz de la suprema dialéctica de las contradicciones, aquellas tendencias y aquellas fuerzas operantes, cuya acción apenas es visible en la penumbra de la vida de todos los días.
(György Lukács,
 Die intelectuelle Physiognomie der Künstlerichen Gestalten)

6.2.14

El método, 4

En Rafaela tengo una especie de tío abuelo. Cuando yo era chico, el viejo fumaba un atado de Parisiennes por día; ahora tiene 81 y vive solo porque enviudó hace dos años. Lo que podría hacer es ponerme en contacto con su hija, la contadora, y pedirle que me mantenga al tanto de su estado de salud. Al primer aviso, voy cagando a Rafaela listo para componer una lúgubre elegía que verse sobre la vida como un estado pasajero y la terrible inexorabilidad de la muerte; que mi tío, a pesar de todos sus vicios, era un buen hombre que no merecía la muerte más de lo que la merece usted o yo.
No tengo que olvidarme de describir los muebles de su casa, el claroscuro de la habitación del lecho de muerte, de las caras de los allegados y por supuesto de sus últimas palabras que, en el mejor de los casos, van a ser débiles murmullos de demencia senil.

Me tengo que acomodar con el laburo para estar presente en todo momento, desde la extremaunción al entierro, cosa de recabar la mayor cantidad posible de sensaciones y emociones. Tengo que conseguirme una agenda. Voy a reservar dos o tres francos, no creo que hagan falta más. (El supervisor entenderá que soy poeta).

"¡Se parece —pensó Lucio impresionado, después de considerar la posibilidad de ponerse a hacer un mate— tanto a un trabajo de reportero, pero no hay que dejarse engañar!"

« 1 | 2 | 3 | 4 »

3.2.14

7. La amistad

Cada tanto me taladra la médula un escepticismo clave.
Es cíclico. Pienso una cosa como la que estoy a punto de confesar, e inmediatamente después también pienso: "¿cómo no lo habré pensado antes?"; o, peor aún, "¿cómo dejar de pensarlo ahora?".
Desde ese momento, mis certezas son una piedra caliza bajo una canilla que alguien abre. La gota cae, persistente. Quién carajo sabe dónde terminaré yo cuando mi pétrea certeza se termine de disolver en arena; o quizás, por un milagro, pueda concluir con la gotera.

Me resulta difícil creer que algo sea entendido, vivido y necesitado de la misma forma por todo el mundo.
Esta convicción es el principio rey del léxico.
Tiene que haber consenso entre dos personas que llaman "árbol" a un tronco con hojas, para saber que cada vez que se pronuncie /árbol/ uno sepa que se está refiriendo a ese tronco con hojas. A la larga, uno llega a tener la fe en que todo es así de claro.
Pero trasládelo al terreno de aquello que no tiene hojas, ni tronco, ni salvia, ni raíces, ni pájaros, ni clorofila, ni corteza, ni musgo: cuando alguien dice, por ejemplo, /cultura/... ¿qué se supone que tengo que entender yo?

"La palabra es una fuente de malentendidos", dijo con precisión el principito.

Esta misma gotera golpeaba sobre una de las certezas más importantes que tenía hace dos años: la apremiante efectividad de una educación universitaria.
En realidad me gustaría no haberlo pensado. No entendía cómo, en un aula de 300 alumnos, todos buscaran y esperaran lo mismo de la "educación universitaria".
Hoy esa preocupación es más grave. Los alumnos son cada vez menos. Este año probablemente no superen los cien. Cada uno lo va llevando a su manera. Probablemente, de esos cien, se reciban veinte, cada uno con una tesis diferente. Y de esos veinte, dieciocho terminen ejerciendo la docencia; y, entre esos dieciocho, es muy poco probable que dos terminen enseñando en la misma institución educativa.

Creo que nadie tarda demasiado en darse cuenta de que no necesariamente tiene que opinar lo mismo que su vecino. En un país de tanta libertad filosófica como el nuestro (donde el brillante y el burro tienen la misma televisiva legitimidad), el debate es tan necesario que a veces se suprime en nombre de una pacífica convivencia.


2.2.14

El agua

¿Qué es lo que admiró Bloom, amante del agua, volviendo al fogón?
Su universalidad; su democrática igualdad y su naturaleza fiel a sí misma que la lleva a buscar su propio nivel; su vastedad oceánica sobre la proyección de Mercator; su insondable profundidad en la fosa de Sundam, en el Pacífico, que excede las 8.000 brazas; el incansable movimiento de sus olas y partículas de su superficie, que visitan por turno todos los puntos de sus orillas; la independencia de sus unidades componentes, la variabilidad de los estados del mar; su hidrostática calma en tiempo de bonanza; su dilatación hidrocinética en las aguas muertas y en las grandes mareas; su subsistencia siguiendo a sus furias; su esterilidad en los congelados casquetes circumpolares: ártico y antártico; su importancia climática y comercial; su preponderancia de 3 a 1 sobre la tierra del globo; su indiscutible hegemonía que se extiende por leguas cuadradas sobre toda la región por debajo del trópico subecuatorial de Capricornio; su capacidad para disolver y mantener en suspensión todas las sustancias solubles incluyendo millones de toneladas de los más preciosos metales; su lentas erosiones de penínsulas y promontorios tendientes al descenso; sus depósitos de aluvión; su peso, su volumen y densidad; su imperturbabilidad en las lagunas y lagos de altitud; sus gradaciones de color en las zonas tórridas, templadas y frías; su vehicular sistema de ramificaciones continentales, cursos de agua que atraviesan lagos, y ríos cuyos cauces crecen por los afluentes en su camino haca el océano, y corrientes transoceánicas; el Gulfstream, corrientes la norte y al sur del ecuador, su violencia en los maremotos, tifones, pozos artesanos, erupciones, torrentes turbiones, crecientes, trombas, corrientes subterráneas, líneas de división de las aguas, bajantes de las aguas, géiseres, cataratas, vorágines, maëlstroms, inundaciones, diluvios, lluvias torrenciales; su vasta curva circunsterrestre a horizontal; el misterio de sus saltos, su humedad latente revelada por instrumentos rabdomantes e higrométricos, evidenciada por la cavidad en el muro de la puerta de Ashton, la saturación del aire, la destilación del rocío, la simplicidad de su composición: dos partes constitutivas de hidrógeno por una parte constitutiva de oxígeno; sus virtudes curativas; la flotabilidad en las aguas del Mar Muerto; su perseverante infiltración en arroyuelos, canales, presas deficientes, vías de aguas en los navíos; sus propiedades para limpiar, apagar la sed y el fuego, nutrir la vegetación; su infalibilidad de paradigma y parangón; sus metamorfosis en vapor, bruma, nube, lluvia, cellisca, nieve, granizo; su fuerza en los rígidos diques; su variedad de forma en los lagos y las bahías y los golfos y las caletas y los estrechos y las lagunas y los atolones y los archipiélagos y las profundidades y los fiordos y los estuarios y los brazos del mar; su dureza en los glaciares, icebergs y témpanos flotantes; su docilidad para el trabajo en las máquinas hidráulicas, las ruedas de molino, las turbinas, los dínamos, las usinas de energía eléctrica, los lavaderos, las curtidurías, los establecimientos textiles; su utilidad en los canales, ríos navegables, diques secos y flotantes; su potencialidad comprobable considerando las mareas o los cursos de agua cayendo de nivel en nivel; su fauna y flora submarinas (anacústica y fotófoba), verdaderos habitantes del globo si no por la importancia por el número; su ubicuidad ya que ella constituye el 90% del cuerpo humano; lo nocivo de sus flujos lacustres, los pantalones pestilentes, el agua descompuesta de los floreros, los charcos estancados en la luna menguante.
(Ulysses)