30.12.14

Feliz año nuevo/los problemas vienen de las cosas que te importan un carajo

Este va a ser uno de esos post collage. Hablaría de mi propio caso, pero los otros son un caso más interesante.

1.

Dios sabrá por qué carajo, en un momento de ciega desesperación, se me dio por mandar una solicitud de unirme a un grupo de Facebook que se llama "CALL CENTERS CORDOBA", así con mayúsculas. Sobre todo habida cuenta de lo más valioso que aprendí este año: que la desesperación es tu peor enemigo a la hora de conseguir trabajo. Y también, habida cuenta de la angustia que me llevó hasta el grupo del call: yo mismo veo al call center (según la cristalería mentirosa de mi propia vocación) como la ultimísima de las opciones deseables a la hora de buscar un trabajo estable. Madurar es aceptar que no todo es como te gustaría que fuese; pero ceder al extremo mismo de desear un trabajo que considerás una mierda, sólo porque por el momento no aparece nada mejor, es ya un conformismo chicato e idiota que no puede hacerte más que infeliz.
Sentí chucho cuando leí este comentario, cómo no.
Realmente me cansé de las entrevistas sin ninguna repuesta, ni siquiera un mail donde diga q no les interesa mi perfil o que no es lo q buscan! Plata invertida en curriculum para entregar o tiempo en el ciber para mandarlos. Hace un año y medio quede sin trabajo y solo fueron entrevistas q quedaron en la nada!  
Como si el echo de tener un bebé me impidiera poder cumplir un horario!  
Solo me resta desearles Éxitos a todos los q buscan y son seleccionados y un feliz 2015 para todos uds!!!

En marzo, dejando un uniforme sobre un mostrador limpio y diciendo "no voy a volver, busquen a alguien más", di el primer paso en una iluminación pesada que me tiene rengo y manco. La Chiqui Legrand lo expresó muchísimo mejor que yo. Si uno asume la dignidad de decir que su trabajo le parece una reverenda cagada, o que está hecho para algo mejor, así se confunda a primera vista con soberbia o con lo que sea (una de las tantas pruebas cotidianas de que el juicio de los otros es un pedo en un tifón), ya está un poco más cerca de llegar a eso que desde acá parece tan inalcanzable: ser feliz y poder pagar las cuentas.
Si uno busca lo fácil, está condenado al fracaso. Por partida doble: fracaso si te bochan, porque te más te sentís una cagada; fracaso si te toman, porque te estás encadenando a lo primero que te cruzaste, que muy pocas veces es lo mejor que podés hacer.

Al fin y al cabo (para resarcirme ante ustedes de la cita pobre), el indio ese que hizo huelga decía que la fórmula de la felicidad es ser consecuente con sentimiento, pensamiento y palabra.
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2. De cómo superar ¿qué cosa?

Después de que su prometido la dejara en el altar, esta novia se tomó la mejor sesión de fotos del mundo
"El momento en el que la primera gota de pintura cayó en mi vestido, fui libre"











Shelby Swink, 23, conoció a su ex-prometido en la facultad en el año 2011 y empezaron a salir en el acto. Los dos estaban felizmente comprometidos en marzo del 2014, planeando una boda para noviembre.

"Metí mi corazón y mi alma en el planeamiento de la boda, porque anhelaba que el dá en el que celebraríamos nuestro amor y nuestro compromiso con el otro sería fabuloso", dijo Swink a BuzzFeed News.

Pero cuando la semana de la boda llegó, su entonces prometido dijo a Swink que no estaba enamorado de ella y que no quería casarse.

"Estaba en completo estado de shock y no tenía idea de qué pensar o hacer. Estaba bloqueada. Los próximos días fueron una nube de llamar invitador y cancelar organizadores."

Así que el fotógrafo de la boda salió una idea para hacer una sesión de "botar el vestido" donde arruinarían su vestido de bodas y se tomarían fotos divertidas y no tradicionales como acto de rebelión.

"Al principio sonaba loco pero después de realmente pensarlo, sabía que era la cosa perfecta para mí", explicó Swink. "Después de todo, era sólo un vestido, un artículo material".

"El primero de noviembre iba a ser un día feliz rodeado de amigos y familia que me amaban", continuó Swink. "Decidí que no iba a dejar que el error de mi ex de dejarme ir me quitara eso".

El vestido de Swink está siendo expuesto en una tienda local en Memphis durante enero. Una parte de cada vestido vendido allí durante la muestra será destinado a una causa no lucrativa llamada Be Free Revolution.

SOURCE

29.12.14

The Blues Accordin' To Lightnin' Hopkins

"El mundo es un valle de lágrimas", dice el cristianismo. Como para compensar a todos los que sufren todos los días con un premio celestial, que hace valer la pena seguir caminando; "la utopía", como dice el (¿gran?) Eduardo Galeano, que tanto critica, además, la idea de que el mundo sea un valle de lágrimas.

23.12.14

El tiempo

1. 


Ella había dicho "la gloria". Eso no tiene nada que ver con la glory, en inglés, ni con la gloire de la que los franceses hablan y escriben. Es algo que se encuentra sólo en el cante jondo y en las saetas. Está en el Greco y en San Juan de la Cruz y, desde luego, en otros. Yo no soy místico; pero negar eso sería ser tan ignorante como negar el teléfono o el movimiento de la tierra alrededor del sol, o la existencia de otros planetas. ¡Qué pocas cosas conocemos de lo que hay que conocer! Me gustaría vivir mucho en lugar de morir hoy, porque he aprendido mucho en estos cuatro días sobre la vida. Creo que he aprendido más que durante toda mi vida. Me gustaría ser viejo y conocer las cosas a fondo. Me pregunto si se sigue aprendiendo o bien si no hay más que cierta cantidad de cosas que cada hombre puede comprender. Yo creía saber muchas cosas de las que, en realidad, no sé nada. Me gustaría tener más tiempo.
-Me has enseñado mucho, guapa -dijo en inglés.
- ¿Qué dices?
-Que he aprendido mucho de ti.
- ¡Qué va! -exclamó-. Tú sí que tienes educación.
Educación, pensó él. Tengo las primeras nociones de una educación. Los rudimentos más ínfimos. Si muero hoy será una pérdida, porque ahora conozco algunas cosas. Me pregunto si las has aprendido hoy porque el poco tiempo que te queda te ha hecho hipersensible. Pero la cantidad de tiempo no existe. Deberías ser lo suficientemente inteligente como para saberlo. He vivido la experiencia de toda una vida desde que llegué a estas montañas. Anselmo es mi amigo más antiguo. Le conozco mejor de lo que conozco a Charles, de lo que conozco a Chub, de lo que conozco a Guy, de lo que conozco a Mike, y los conozco muy bien. Agustín, el malhablado, es hermano mío, y no he tenido nunca otro hermano que él. María es mi verdadero amor y mi mujer. Y no he tenido nunca un verdadero amor. Nunca he tenido una mujer. Ella es también mi hermana, y no he tenido nunca una hermana. Y mi hija, y no tendré nunca una hija. Odio tener que dejar algo tan bello.
Acabó de atarse las alpargatas.
-Encuentro la vida muy interesante -le dijo a María.

(Hemingway, Por quién doblan las campanas)

2.

Paco, que ha pasado la vida viajando y vendiendo, se plantea un futuro muy diferente. Sabe que Madrid no es su sitio, "no me gusta nada, me agobia", y se plantea un retiro en México, su paraíso personal.
-¿Y por qué México?
-Allí es donde de verdad disfruto en Playa del Carmen, con su mar tranquilito. Voy, me alquilo una casa y me dedico a la pesca submarina. Y luego me cocino lo que he pescado y ya está. No quiero más que eso. Ahora pienso mucho en el tiempo, que ya no tengo tanto. Por primera vez creo que tengo que darme prisa y quedarme más tiempo en casa y dedicarme a componer, que es en definitiva lo que va a quedar. Los conciertos se los lleva el aire.

(Paco de Lucía en una entrevista con La Revista)

12.12.14

Tangled up in blue

1.
Estuve ahí media hora dando vueltas como siempre que el objetivo inútil es tramitar una puta fotocopia que no existe. No sólo no había fotocopias. No estaban ni los hippies, ni los metegoles, ni los profesores, ni los conserjes. El pasillo era la cara viva de la decadencia pintada por un Van Gogh ciego: las fotos resecas del Rubio del Pasaje y del Obero Asesinado, a contraluz de un sol que moría en tres tristes tragaluces. Afuera era la misma clase de escenario: ramas rotas de la tormenta de anoche sobre el barro esponjoso del caminito que bajaba entre las lomadas y se perdía, alejándose.

¿Qué hacía yo ahí? Habiendo ya "superado" ese estrés crónico que tienen los que estudian, un día después de dos finales seguidos siendo el mismo día anterior a otros tres finales sin preparar. La pesadilla del que tiene que manejar sus propios tiempos presionado por ser un sabihondo sorete o un profesional honrado. Heme allí succionado inoportunamente por una burocracia inútil, en el más cabal sentido de la palabra: inútiles los malditos dependientes de la fotocopiadora, que quince minutos antes de la hora de cierre ya estaban tomándose una birra en Brujas, con la llave de la imprenta orgullosamente olvidada en el fondo de su bolsillo borracho.
Pasó Teresa, la profe de Latinoamericana. Y con su voz nasal y burlonamente (siendo una de las viejas más inteligentes que conocí en mi vida, la ironía se le perdona y hasta se le exige): "te noto preocupado".
"Sí, no hay una sola fotocopiadora abierta en toda la universidad", le respondí.
Se rió como diciendo: "¿sos pelotudo o ya te olvidaste que diciembre es así, se van todos y curtite?".

2.
Día después de una tormenta de verano arrasadora que llena de goteras el hotel y puebla el lobby desierto y sucio de huellas de niños con ruidos raros que no escuché nunca en ninguna parte. Al fondo de la San Jerónimo suenan tiros y gritos de putas de conventillo; eso, al menos, de lo que uno puede llegar a discernir entre el traqueteo furioso de los truenos de un dios cocainómano. He perdido los controles, pienso, he perdido los estribos; me encantaría irme de acá porque ni acá me siento tranquilo (y eso que estoy dead alone), pero si salgo afuera la cosa es peor: me mojo de pies a cabeza y probablemente me maten. Termina esta noche y otra más y puedo volver a mi sana torre de marfil. Quizás no duerma en tres días pensando en esa materia que estoy queriendo preparar, la primera en un año de cursada trunca y fracasos académicos; pero no hay nada más que desee en el mundo que preparar esa materia, leer tranquilo, sin que peligre mi integridad física, mi bolsillo, mi tiempo, mi vida, mi adaptabilidad o mi inteligencia.

3.
"Tangled up in blue" es un tema de Bob Dylan, que abre su disco Blood on the Tracks. Lo estaba escuchando después de la tormenta, en una travesía inútil a Ciudad Universitaria para la que fui a buscar una pila de seis unidades de apuntes de lingüística y terminé con un volumen de cuentos de John Cheever en mi haber, sólo para decir que no fui totalmente al pedo. Mientras lo escuchaba miraba las flores entre los yuyos altos típicos de esta época del año, que salvo justamente hoy nadie se molesta en cortar por la calor.
Sí, señor, placer gustoso, culposo, egoísta, meloso; placer secreto, de aquellos. No hay nada en el mundo que disfrute más que mirar flores en un yuyo un viernes a las ocho menos cuarto, cuando la vida misma se terminó en la Universidad; por estos días, allá arriba (la puta madre, qué distinto es estar subido a la torre de marfil) no existen ni la prisa ni la caravana. Allá arriba puede encontrarse la misma paz diáfana de la que se componen el mar, la primavera, los panteones, los caballos que corren a campo traviesa porque sí. Al menos, esa espina me genera la breve visita.
¿Y por qué? Porque hace tanto que

4.
"Tangled up in blue", versión en vivo, creo que alrededor de 1976. El tema cuenta una historia en primera persona que en esta versión, con la cara pintada de blanco y el sombrero prolijamente puesto sobre unos hirvientes ojos azules, Bob Dylan cambia con soltura a la tercera.

Es hora de ponerme la diez y hacer una especie de síntesis de todo este día antes de poder continuarlo: este tema me hace amar la literatura como única solución posible. ¿De qué otra forma posible podría explicar su simplicidad cautivadora?
Evidentemente, no es un gran arreglo de cuerdas y bronces lo que me causa chucho (hay tantos otros temas en los que sí, pero en este justamente no). Tampoco es una crudeza visceral y eléctrica de un Lydon pre-degenere neuronal.
Es simplemente el hecho de su historia (diégesis, apurando la ñoñada); el hecho de que, además, Bob Dylan juegue a modificar esa historia con una colorida lista de recursos que Bob Dylan maneja con maestría: asesinar al narrador; cambiar "the axe just fell" por "everything went to hell"...

Aprecio arte, pero escribo de arte solamente si el arte es un verdadero bisturí. Si no, es periodismo forzado.
El tema me hizo sangrar una llaga que todavía no está cerrada; ¿qué estoy haciendo acá (la puta madre, ¿qué carajo es acá?) si no es para amar estas cosas?

Pienso todavía en los yuyos altos de Ciudad Universitaria. Pienso en el calor agobiante que me recibió desde el primer día, bajo un sol de febrero, con pelo largo y escuchando Rancid; ávido de conocimiento como nunca antes, avidez y enamoramiento que duró casi exactamente un año y medio hasta que, de repente, me decidí vagamente a arrojarme desde la torre de marfil al vacío que no está vacío; explorar el zoológico del mundo que te enseña con su método salvaje.

Pero heme aquí en busca del tiempo perdido:

5.


"So now I'm going back again
I got to get her somehow..."

5.12.14

El epitafio de don Miranda

Adiós quiero decir en este día
al peor macho que vi en mi vida
pelo grasiento y aroma a acelga
verlo irse era una belleza
chueco y fofo bajo la luna
con la mano en la entrepierna.

Don Miranda, chorro y chamuyero
soy feliz de verlo afuera;
y aunque sé que en esta ratonera
sobra rata y falta queso
juro que en la vida entera
vi un ratón así de fiero.

Cómo tuvo usted amante,
eso sí que me es sorpresa;
no hay otra mujer como esa
de lo ciega o lo valiente.

Me explico yo no obstante
la larga vida que le espera;
pues sabía decir mi abuela:
yerba mala nunca muere.

The graveyard shift

"Under the red hot moon", cantaba Frederiksen con cenizas de tabaco en la garganta hace mucho tiempo ya. Hoy es un gordo punk de aquellos, como los rezagados, los limados que pueblan la ciudad con callos en los dedos. Me urgió de repente recordar a Frederiksen con ceniza en la garganta, cantando under the red hot moon. Red hot: rojo caliente. Moon: luna. La luna que hierve. Allá arriba.
Así están las cosas en esta esquina de Duarte Quirós y Cañada, de las más lindas que existen, mientras (recién) a las ocho y media pe eme se va haciendo de noche y la luna roja empieza a arder. Estamos en plena asamblea en ronda circular sobre un pasto irregular y reseco, y a pesar de que se están empezando a vislumbrar los temas importantes después del rigor del "cómo va" tejido entre dientes, uno, el rubio, señala con su dedo gringo y fino el cielo: la luna poniéndose sobre el techo vidriado de un edificio sobre Cañada. Lentamente uno a uno, primero indecisos en si ignorar al rubio y ponerse a discutir la orden del día; y después convencidos de que el de al lado mira lo mismo, vemos todos la luna: allá se cierne, alta y caliente, como un carbón encendido sobre un mástil de hormigón. La vemos en silencio, pero ya empezó a arder en su viaje ascendente.
En estos días todo arde. Arde el verano incipiente, arde el recuerdo de la Noche Ardiente que sucedió hace un año; arden los cuerpos, el anticipo de la Navidad, los bolsillos famélicos; hierven con fuerza las cabezas llenas de ideas.
Puede sonar esotérico, pero esto de la luna llena me pone raro. Con ganas de laburar y tratar con gente. Me pone bastante intolerante con el gil que se cruza en frente, cortándote el paso y haciéndote perder tiempo, mirando una vidriera con cara de papamoscas sin iniciativa o agachándose en una vereda de treinta centímetros para atarse los cordones con la esperanza secreta de que te lo empomés con fuerza.
La luna llena me aceita el engranaje y me hace intolerante con las ramitas. A medida de que va menguando, ese engranaje se va apagando lentamente: la luna nueva me encuentra a mí totalmente loco en mi habitación, sin entender al mundo que de repente perdió su claridad, su ebullición iluminada, su red hot moon. La luna.

4.12.14

Frusciante - Running Away into You



STUFF: Depp, Frusciante y las drogas

Stuff es un documental sobre la casa de John Frusciante, guitarrista de los Red Hot Chili Peppers. Fue hecho en 1993 por Johnny Depp y Gibby Haynes, el cantante de los Butthole Surfers. El Dr. Timothy Leary también está presente en el video.
El propósito principal del film es mostrar el caos y la inestabilidad de la vida de Frusciante. Fue puesto al aire una vez en el programa holandés Lola Da Musica, y lanzado en los '90 como un "VHS promocional raro".

Fue la amistad de Frusciante con Johnny Depp la que produjo el tenebroso documental Stuff.
La película de 1993 es una caminata hipnótica alrededor del mundo lleno de caos y drogas en el que vivía Frusciante.
En la época Frusciante sufría una fuerte adicción a la heroína y corría un rumor de que éste era un homenaje de Depp a un artista que estaba a punto de morir.

El film fue grabado en la casa de Frusciante e incorpora también a Timothy Leary. El movimiento constante y libre de la cámara y las canciones experimentales de Frusciante aclimatan el hipnótico ambiente del film.
La edición favorece fundidos sobre cortes, lo que effatiza el efecto de ensueño.
Los sonidos y la música del film crean la base para el ritmo; una aproximación común usada por Chris Marker en La Jetée, Louis Morton en Passer Passer, y Morgan Melville en 20 Feet from Stardom.
En la época, Frusciante pintaba influenciado por Jean-Michel Basquiat, así que sus paredes estaban cubiertas de pinturas, palabras y garabatos.

Como el corto experimental Three Poems, Stuff incluye un poema leído por John Frusciante. Su estilo de fluir de conciencia está fragmentado y quizás indica el estado mental del artista en el momento. Gracias al website no oficial de Frusciante, tenemos la transcripción del poema:

Shadow’s been word
One win a hand
To sell it thru their thick little black wet cloth,
It’s a, it’s a passageway to drive, walk or run thru,
Or the wind and water can carry me.
I expect what didn’t happen just now to just happen
To just hear me up, part of the quan skies wine.
And body betrayals that’s designed by the shadows
Never forward or up or down climb to top
It’s the bottom so there’s no rush,
And you don’t get tired,
Just now, when if you burn the flames that’s around you
Trying to pretend,
Burying it wherever it grooves itself to the rage of life
That balance,
And move like you do cause you do it for them.
I’ve been followed around for so long
Mistakenly killed for being so thin
I can flip inside out
The song of trash that can rise in depression,
…It’s closing
Love
So it grooves
I assume that whenever slides in her own ground spending life
So you flip each day to the night
That holds yourself in position
Folding pain tightly so it knows what it means
For its silent vowels to be all that bleeds
Like you knows the sides
Or what it needs to keep trying
And it didn’t mean to be N-I-A-P
My body is light
Cause the weight of whatever is carrying me thru the weak traps around
That bleed
I’ve stepped anywhere not falling my being my way to be
I’ll never go empty for fex to have thee
Sitting around feels like running
And crowds dangle me from their thighs widening across where life is here
Cause my love is crying
I’ll share the way I’ve lost
Cause I’m a pretend me
And I’m real cause I can hit me softly
And bleed blood I can hear
Cause I’m here now and it’s far from me
Fall back into the ground
Flip dive through its holes
Burying the whole thing, landing is unimportant
As long as I’m giving the things that swirls
Like selling dreams to cannabis
Telling too to jump free.




Info robada y traducida de acá y de allá

27.11.14

El latín hispérico

1.

Adelphus adelpha meter
alle pilus hius tegater
dedronte tonaliter,

Blebomen agialus
nicate dodrantibus
sic mundi vita huius.

"Brother, sister, mother, father,
son, daughter, die together;
we see the shore beaten by the waves,
so is the life of this world." 

2.

Entre los desarrollos más exóticos en la historia del idioma latín está el Geheimsprach* conocido como latín hispérico. Los orígenes, propósitos, y gran parte de los significados de esta extraña lengua son oscuros. Casi todo lo que puede decirse es que su vocabulario derivó del hebreo, del griego, del latín vulgar y de otras fuentes no identificables, y que su influencia fue considerable durante los siglos VI y VII.
Hay algunos restos visibles de su influencia en las letras continentales. Entre ellas, las Epitomae y Epistolae del gramático oscurantista Virgilius Maro de Tolouse, y el impenetrable tercer libro de la Bella Parisicae urbis escrito por el Abón de St. Germain. Pero fue en Irlanda y Bretaña del suroeste donde el lenguaje hispérico, aparentemente, gozó de su más extensa y duradera popularidad.
F. J. E. Raby escribe "que el hispérico fue tomado muy en serio, de eso no hay duda; y que ejerció una fascinación sobre la mente de Aldhelmo y sobre generaciones de escritores irlandeses".
(The American Journal of Philology, vol. 74 no. 4 1953; The meaning of Hisperica Famina)

*Geheimsprach: de Sprach (lenguaje) y Geheim (secreto).



The drift

Mi tío era un rico excéntrico. Un tiempo lo fue.
Me acuerdo una noche cuando estábamos en el garage tomando tereré, apaciblemente, mi abuelo, yo y él. Estábamos escuchando folklore en la radio. De repente, vemos que él se levanta, agarra su auto sin decir nada y se va al centro. Vuelve veinte minutos después con un bombo. "¿Y eso?", le pregunta mi abuelo. "Un bombo", responde mi tío, "lo quería y lo fui a comprar".
Mi tío me enseñó la belleza subyacente de los actos impulsivos. Cuando uno tiene guita, claro. Jamás lo tocó al bombo. Un día lo prestó y jamás volvió; él tampoco se calentó en buscarlo. Sabía vagamente que el bombo andaba en las manos de la novia de no sé quién, que cada tanto lo amasijaba en vivo por la calle Irigoyen. Lo mismo pasó con un violín. Jamás le pudo sacar un sonido. Y puesto que es un tipo bien, de los que dicen "tu derecho termina cuando empieza el del otro", inmediatamente se dio cuenta que ese sonido chirriante molestaba más que agradar, y también prestó el violín por tiempo indefinido. Pero para entonces ya había descubierto su afición por los deportes extremos.
Luego de su fugaz vocación de músico llegó a esa etapa intensa de su vida, previa a la famosa crisis de los cuarenta; el depósito empezó a llenarse de objetos raros como motores de parapente, armas de caza, cuatriciclos de todos los tamaños y carpas iglú. Un buen día, nos enteramos que tenía guardada una lancha y un gomón en un galpón junto al río. Nos llevó a mi y a mis hermanos a explorar ese galpón, que quedaba a cinco cuadras de casa en una dirección hacia la cual nunca había ido.

Mi tío era un rico excéntrico que, como todos los ricos excéntricos que conocí después, adoraban pagarle a la gente para que hiciera cosas por ellos. Fue así como ataron un cable de acero a la lancha y la arrastraron hacia el embarcadero. Inflaron y ataron el gomón al motor de la lancha. Atrás quedó rápidamente el embarcadero de madera podrida, la costa correntina y la gran chimenea del Cichero; por segunda o tercera vez en mi vida me adentraba en ese Paraná mítico, cuna de tantas canciones de amor febril y forzoso respeto, porque sabía como todos sabíamos que no hacía mucho se había llevado a un pibe que nadó a buscar su pelota.

Mi tío me ató un salvavidas hecho a medida y bajó la velocidad de la lancha en la mitad exacta del río.
La costa este y la costa oeste se veían a la misma distancia entre sus varios kilómetros de ancho. La primera, Corrientes ciudad que ahora me parecía una figurita de papel en el medio del río salvaje; la segunda, la flora silvestre del Chaco indómito al que le debía, en su dignidad de puma, un poco de respeto.
Mirando alrededor me cambié al gomón y mi tío comenzó a acelerar. El coso iba primero lentamente, haciendo olas a los dos lados, y yo bajaba las manos para tantear la superficie del río color barro, cálida, profunda, inmensa y grave, después el tipo empezó a acelerar y el gomón empezó a dar saltitos, cada vez más saltitos mientras levantaba él mismo sus olas de medio metro, mientras yo iba a los tumbos por el aire con cada galope del monstruo de lona amarilla que hacía un rato parecía tan sanito; y llegado un punto en el cual el desquiciado le dio quinta al fondo, el gomón se descontroló y yo solté la manijita y volé por el aire, golpeando la superficie del río en la mitad como si hubiera caído sobre una canchita de fútbol 5, rodé dos o tres veces aterrizando con el pecho y con la pelvis y quedé bocarriba mientras la lancha, que no paraba todavía, se iba alejando.

Ahí fue cuando sentí un escalofrío. Yo no soy un rico excéntrico aficionado a los deportes extremos. Sentí mucha emoción con el gomón rebotando bajo mi culo, pegando unos saltos dignos de un buen canguro acuático pasado de anfetaminas. Pero soy ante nada un romántico pobre, que jamás tuvo ni tendrá oportunidad igual de enfrentarse a lo inmenso y a lo desconocido.
Sentí esa exquisita aprensión de Aconcagua cuando mis piernas se hundían en el agua opaca que borraba mis tobillos. Sabía más que sospechar que el fondo estaba a trescientos metros allá abajo, oscuro y amarronado, y yo suspendido en la nada como la corteza de un árbol que flota como si estuviera flotando en la punta de un rascacielos de Nueva York cuyos cimientos dan a quién sabe qué hondura siniestra donde se esconde quién sabe qué restos de un naufragio paraguayo.
Todo en esa escena fue silencio por unos segundos hasta que volvió la lancha rugiendo. Aproveché y miré a mi izquierda y a mi derecha: Corrientes ciudad, tan pacífica como siempre, los pies bien puestos sobre la tierra mirando con respeto al río que la cobija y la traiciona por partes iguales; el Chaco allá, extendiendo su verde manto sobre la costa a la que no iba a llegar nadando ni en pedo. En el medio de eso, silencio. No se escuchaban los autos, ni los pájaros, ni las nubes, ni la cumbia del embarcadero, ni la lancha que venía de lejos. Se escuchaba solo mi mano chapoteando sobre el agua, el agua interminable sobre la que no hacía pie. Ni siquiera me movía. De pedo no aterricé con el culo puesto sobre un remolino, ni sentí (me hubiera muerto de miedo) un cardumen carnívoro acariciándome la planta de los pies.

Ahí fue cuando le empecé a tener respeto en serio al río.
Antes, salía del colegio, que quedaba enfrente, y me sentaba en la costa a escribirle un poema; siempre giraba sobre lo mismo: la espumita de la costa, el gluglú incansable de la roca marrón, o por la posibilidad soñadora de armarme una balsa e irme a naufragar. Escribía con las manos secas porque es la única forma de escribir.
Un tiempo después lo miré desde arriba del puente. Ahí podés ver toda la ciudad de Corrientes y sus alrededores; en un día claro, las islas del medio, y una multitud de pompones verdes, uno junto al otro, que son la selva del oeste. Desde el puente la costa se ve súper diáfana y tranquila, y el centro es un bulevar espejado que recorren apaciblemente las lanchitas de San Pedro.

Pero esa vuelta sentí mis pies en la hondura del río sabiendo que yo era un nada por ciento en el medio de esa corriente inmensa que planeaba seguir fluyendo por siempre.
La Historia a la que somos arrojados desde el gomón que pega saltos. Todo lo que nos rebalsa: las cuentas, las crisis, la catástrofes. Todo lo que no se detiene: el tiempo, la muerte. Todo lo que es más alto que nosotros: la montaña, el rascacielos, la jirafa, todo lo majestuoso, todo lo húmedo, todo lo oscuro, todo lo hondo, todo lo terrible y todo lo silencioso, inconmesurable.
Y yo nada más que la mierdita que flota; la Tierra puesta de prepo en un mar de galaxias que el hombre, su mayor parásito (el más prescindible, el más soberbio), en su breve paso por una casa estelar que tala a hachazos, no va a conocer jamás.

One great part...

"One great part of every human existence is passed in a state which cannot be rendered sensible by the use of the wide-awake language, cut-and-dry grammar and go-ahead plot."
Joyce

Erudición y provocación

Balanza resbalosa entre erudición y provocación.
Primer acto. Luca Prodan en cuero con una camisa en la pelada, declarando que el rock es (nada más que) el kcor al revés. Segundo acto. Hunter S. Thompson en algún punto de Barstow cuando las drogas empezaron a hacer efecto. Erudición y provocación. "Las fiestas interminables de Hunter", relataba Anita, su esposa, una voz en off sobre imágenes de Hunter con un vaso en cada mano y rodeado de strippers en topless. Luca Prodan cantaba desde el balcón, siete años en Argentina, un tornado (un tornado) que arrasó con todas las ciudades, la tuya, la mía. Hunter, cuando era joven, se la pasaba en la biblioteca. Prodan hablaba cuatro idiomas. Hunter escribía para la Rolling Stone, pero jamás en toda su carrera escribió un artículo sobre música. Prodan se jactaba de la simpleza tricordial de sus canciones, comparándolas con las de Spinetta que además de su letra hermética tenía una tonelada de acordes todavía no inventados por el hombre.
Creo que muchos personajes se ubican en algún punto de la balanza resbalosa entre una gran mente y un deseo incendiario, propio de la juventud (decía un amigo): destructivo y también autodestructivo, por lo mismo y probablemente nato o como reacción a algo.
Erudición y provocación. Tengo un libro en la mano. ¿Para qué sirve, una vez leído, sino como combustible para quemar una iglesia?
Luca Prodan y su aversión maratónica, bien cultivada, a decirse un intelectual. Podría habérselo visto por ahí con un libro de Ferlinghetti, como Pettinato, pero ya estaba más allá de todo interés por las cosas de la ley: sus prohibiciones, sus alecciones, sus derogaciones. Ya había estado en cana en Europa y había probado toda droga conocida. Estaba más allá del descubrimiento; quizás estaba en la etapa de la acción. No podía sino ser un incendiario.
Hunter hacía estragos en el Senado. Una de las pocas veces que su esposa lo vio llorar fue a propósito de los disturbios en Chicago, que él cubrió como periodista. Eventualmente se dio cuenta de que su vocación. involucrando a su inteligencia, podía ser un arma como las que él desefundaba con desenfado para disparar al mar. Hunter dedicó la parte más prolífica de su carrera a denunciar las bajezas del gobierno bajo la clásica fórmula del miedo y del asco. apoyando a un político sin chances, dando seminarios de día y fiestas interminables de noche, lanzándose él mismo en una candidatura salvaje en la que solía mostrarse usando una máscara de Nixon y burlándose mordazmente de su adversario.

La pura erudición y la sensación de que por sí misma es un callejón sin salida.
No un simple provocador sin seso. Iorio. O un intelectual de ideas inaccesibles para el mundo, más propensas a oxidarse solas que a dar frutos. Tantas.

El hombre pleno está a merced a la balanza...

26.11.14

Qué es lo que pienso en los días libres

(...)
—Franco
— ¡Qué lindo nombre! —bromeé. El Franco en cuestión estaba totalmente borracho y no entendió por qué. Cargó con su guitarra con un Bob Dylan pintado ("no sé ningún tema de Bob Dylan", declaraciones difíciles mientras acariciaba un sticker de O'Connor que me hizo sospechar de la dura veracidad de su enunciado), y fue ahí donde, mientras tambaleaba en la bici cuesta abajo, sospeché que no iba a volver con una retribución para los nueve pesos que le había dado para un vino.
Se venía la tormenta; juntamos las cosas, nos despedimos en inglés de la piba y nos fuimos. Mientras nos alejábamos, esquivando los árboles espinosos, me acordé del verso citado por Kerouac: "como los pájaros que se congregan en un árbol al atardecer y se dispersan al caer la noche / así son las despedidas del mundo".
Eso podría haber estado pensando también un observador silencioso que hubiera visto un grupo grande en lo alto de la colina, junto a la garita, y que vio como los últimos dos se despedían de los últimos tres mientras empezaban a caer las primeras gotas; y fue clásico, como cualquier despedida. Ellos por acá, nosotros por allá, y en la colina junto al árbol espinoso no quedó nadie. Fue ahí cuando empezó a llover. "Está meando Dios", bromeó Nico.

Lo próximo que recuerdo es habernos puesto al resguardo en un techo para fumar un cigarrillo; era la galería de una rotisería por la Vélez Sarsfield en la que había un ventilador enchufado que daba, quién sabe por qué, a la vereda. Todo adentro estaba oscuro y enrejado, pero el ventilador, tras la puerta de vidrio abierta, nos tiraba viento desde atrás mientras nos fumábamos el pucho hablando de lo miserable que puede ser la gente. Y entre testimonio y testimonio observé lo siguiente, acaso un poco amodorrado por la botellita de Chivas Regal que nos habían regalado: cómo las líneas de agua corrían como un riachuelo apenas más grande que el Suquía en otoño, derecho por la avenida bajo los colectivos. Seguía lloviendo, y nosotros teníamos que seguir caminando. Era imprescindible conseguir una cerveza, porque a nosotros también se nos había trabado el sistema cerebral de recompensas en un solo fluido milagroso.

Así, más o menos, llegamos al día de hoy. Estiré mis piernas y alargué la mano a la caja que uso como mesita de noche, de la que seleccioné un par de lentes azules que me puse. Coloqué mis manos cómodamente en la nuca, y con los lentes puestos me puse a tomar sol por unos minutos. A las seis de la tarde el sol de noviembre pega duro sobre mi propia cama, que se convierte en mi solárium. Y me relaja con ese cosquilleo único del Astro Rey Marquesi. De fondo, había puesto el Bitches Brew, disco que todavía estoy saboreando.

¿Qué es lo que pienso en los días libres? No pienso en nada. En los días ocupados pienso y archivo, desemboco, analizo y absorbo, desarrollo, ejercito la memoria, me entreno en hacer cosas sin pensar, que es lo más valioso que me ha enseñado el trabajo. Trato de no pensar en las Ocho Horas salvo cuando terminan; y al terminar, pienso en El Choripán o El Café con Leche, recompensas de la rueda del Hombre Trabajador Sensible A Los Pequeños Premios.

No estoy pensando en las pequeñas retribuciones del tiempo, un día soleado, un miércoles que es un sábado de flojera.
No estoy pensando en Miles Davis, ni en el sol mismo, ni en un buen tereré, ni en la ninguna necesidad que tengo de bañarme hasta que tenga ganas. Estoy tirado como mi gato, que está naturalmente tirado sin culpas porque no se da cuenta que está tirado. Cuando sienta ganas de hacer algo, lo hago. El mundo en este momento se reduce a un living caluroso e iluminado, a una buena chocolatada en el freezer, a unos cigarrillos fieros que se están por terminar sugiriéndome una próxima misión. No hay nada más que eso.

Ductilidad del tiempo las pelotas. El tiempo no existe, decía Raymond. En este momento, el reloj no me dice nada; me la fuma. Tengo mucho tiempo en mis manos. De la misma forma que al tener un fajo de billetes a tu disposición, a menos que seas un codicioso de mierda (y qué es el ansioso sino un codicioso del tiempo, el que lo quiere tener contado para ver cómo aprovecharlo mejor), no te dan gana de ponerte a sumar uno a uno sus valores y anotarlos en un librito de dos columnas.

10.11.14

La gente es tonta

"La gente es tonta", coincidieron Mario y Fátima, "la gente es tonta; si le das más de una opción les revienta la cabeza", informó Mario; "vos le decís algo y te dicen sí como unos tontos", añade Fátima, que es moza, "siempre van a estar de acuerdo, venderles algo es facilísimo porque llegan a que les sirvas sin nada en mente". El "servicio" es eso: ofrecer algo. Cualquier cosa. Me doy cuenta ahora que tengo que estoy respondiendo mails y noto el mismo problema que tenemos todos alguna vez: ¿qué carajo hay que poner en el asunto? Porque te topás con cosas absurdas, hasta divertidas, de gente no acostumbrada a tratar con la posibilidad de escribir una línea (cualquiera) que resuma todo eso que quiere decir, sin que nadie les dicte. Es sólo una consulta. En esos casos debería ganar la practicidad, pero es muy fácil ahogarse en un vaso de agua porque uno se da cuenta que las posibilidades en realidad son infinitas. Entonces leés cosas como: "tendrán habitación triple para noviembre" o "consulta por disponibilidad de habitaciones para el 3 de febrero". El más ducho pone directamente "consulta" o no pone nada, total para qué: todo lo que quiere decir en realidad está más adelante, y mi trabajo es responderle. Dale un poco de libertad al hombre y va a quedarse papando moscas, esperando que alguien le indique qué hacer ahora.
La gente es tonta. A veces tampoco sé qué poner en el asunto; a veces no me decido entre gaseosa light o agua mineral; a veces voto al mejor postor por su parecido con Gastón Pauls o porque de lejos no tiene tanta cara de garca. Sartre podría sacar mil conclusiones sobre todas las cosas que suceden, en un plano ontológico, cada vez que uno va a un restaurante; "Los arrojados a la gastronomía", y de subtítulo "de los que simplemente tenían hambre". La libertad es un fenómeno de lo más curioso. El mundo es un parque de diversiones con tantas cosas que a veces se nos da por quedarnos sentados en un banquito esperando que haya un cartel luminoso, que atrae a los boludos sin iniciativa como abejorros. Que podríamos llamar sin esfuerzo La Opción Fácil.
Pensemos, es muy importante pensar para no comer mierda, si lo que preferimos no es un tarro de bosta presentado en un bol de oro, a un buen sánguche de bondiola escondido en el fondo del menú.
Qué tanto queremos escarbar para no ser el tonto. Administrar nuestras libertades, que en algún punto son la desgracia si somos chicatos, miopes, sordos, porfiados o tontos lisa y llanamente. Ya que tuvimos esta desgracia de ser arrojados a un mundo donde quedarse en el molde es la posibilidad más atrayente, pero no la que más retribuye. Digo.

8.11.14

Here Comes Everybody

lectura para un lector ideal afectado por un insomnio ideal
U. ECO

Habría que investigar sobre la posibilidad técnica de hacer hablar a los sueños y hacer letra para música con el idioma de los sueños. Antecedentes:

+ Fela Kuti, en los años 70, en el África, ideó un idioma que, partiendo de la base del inglés, agrupaba dialectos de distintas partes del continente para crear una especie de criollo, artificial y pan-africano, que servía como un principio de unificación lingüística que (mierda qué complejo) tenía como punto de partida a la música: esta misma tampoco homogénea, sino a su vez una mixtura de géneros y estilos no estrictamente africanos sino simplemente pasados por su tamiz. Cada canción de Fela Kuti es como un árbol que abraza a tres o cuatro millones de hectáreas de sabana distintas; con ramas que envuelven el cuerpo del que oye atándolo a la raíz sugerida por el nigeriano, que guía.

+ Joyce, a partir del año 1923 y diecisiete años después, estuvo trabajando en una obra que unificó el lenguaje de los sueños con el código escrito de la vigilia. Es un texto casi incomprensible y que Nabokov calificó del fracaso más grande de la literatura. Los expertos tratan de imposible la composición de una poética (vale decir, una serie de reglas para entender el texto) porque, para empezar, no hay un criterio unificador para su composición: los borradores iniciales y la versión final son abismalmente diferentes: 628 páginas finales contra 25.000 de borrador.
La empresa de Joyce es crear un (aterrador) testimonio de una noche, así como el Ulises fue un exorbitantemente detallado testimonio de un día.
El protagonista es H. C. Earwick. El nombre es Finnegans Wake (el libro es intraducible; el título no es un genitivo, "El velatorio de Finnegan", sino es "El velatorio de los Finnegans", en plural, aunque el muerto se llame Tim Finnegan, en singular).
Las iniciales de H. C. Earwick significan, también, Here Comes Everybody. H. C. Earwick es la humanidad entera; su esposa, Anna Livia, es el río Liffey; la noche es la Historia; su idioma es una pesadilla. Ninguno de los personajes principales es el mismo a lo largo de todo el libro y el lenguaje del libro se va haciendo más intrincado conforme el sueño es más profundo y va aclarándose a medida de que despunta el amanecer.

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¿Qué hacemos con las palabras?

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El escritor, ¿a qué código debe asirse? El artista. Si la arcilla ya no es más arcilla; si el escritor tiene la opción de modelar con vidrio y acero a la vez; con barro lleno de césped, con polvo de estrellas, con su propio pensamiento hecho letra para crear un objeto intangible, que en la página sería intraducible.

¿Qué queda por crear?
¿Cómo suturamos dos mundos?
¿Tres mundos?
Vale decir, todos los mundos que caben en el África... o este mundo que conocen nuestros sentidos, medianamente modelado por una cierta estabilidad mental; y aquél otro, el aterrador testimonio de una mente sin filtros, que nada propone porque nada prioriza; cuyo caos (Chaosmos y Microchasm son dos palabras presentes en el Finnegans Wake) pasamos por alto al abrir los ojos pero sabemos que existe cuando los cerramos. Puntos quebrados en el casco de un barco sobre el cual flotamos sobre el mundo diáfanamente, pero acaso como una cascarita en un mar de cosas que no vamos a entender jamás.

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¿O nos orientamos a entendernos?
¿Usamos esta ductilidad (creo que es una palabra casi perfecta) para acercarnos?
Alejarnos del mundo de los sueños; después de todo, uno abre los ojos y tiene personas cerca. La proximidad genera lazos de identidad, empezando por el hecho de estar despiertos.
Al fin y al cabo, la labor de todas las personas en conjunto, eso que quedamos en llamar cultura, es la que irrumpe en ese otro mundo, desolador y que jamás vamos a entender, que siendo propio es tan permeable.

¿Usaremos el lenguaje para abrazarnos?
¿Trataremos de que las palabras no nos confundan?
¿Tratamos de no separarnos, de no usar las palabras como un pico provocador puesto sobre una manguera de gas, que es el odio... esa manguera que puede hacernos volar a todos por los aires, cada uno por separado, librados a nuestra suerte...?

2.11.14

— ¿Sabés lo que es la prosopopeya? 
—No —respondió el cabrito.

31.10.14

Halloween 2.

En realidad lo que estoy tratando de aprender en este laburo no es a tirar un buen café ni cómo hacer plata con las agencias turísticas ni la vocación de servicio (que alangaú no se aprende) sino esa constancia, esa paz mental que tienen los trabajadores sacrificados pero no resignados, esa gana de sin pensarlo dedicar ocho horas de su día por varios años a algo que no les pertenece.
Creo que hay dos tipos de personas en el mundo laboral (que, en lo que respecta a la diversidad de caracteres, es más bien pobre y chicato): aquellos a los que esta voluntad de sacrificio les nace naturalmente, y ante cualquier abuso o barbaridad lo único que dirán es "y bueno, hay que laburar, no queda otra"; y otros, como el demonio que estoy tratando de destripar, que se replantean casi todos los días la necesidad fatal o no de dedicar esas ocho horas al cultivo de un jardín ajeno.
Por lo demás, es un buen laburo y me pagan bien. Mario me decía que tengo que ser agradecido por lo que me brindó la vida y, como pasa con todas las cosas, agradecer no consiste en ir un domingo a la iglesia o al templo de San Cayetano (ese santo con cara de nabo que se la pasa fumando trigo y te responde cuando quiere), sino por algo un poquito más heavy: ponerte una camisa dentro del pantalón por un tercio del día, y así por todo el tiempo que sea posible hasta una nueva crisis, señal de una mente inquieta que no pudo callarse más y tuvo que patear el puto tablero.

Halloween, 1

El verdadero problema de la esclavitud es, en realidad, estar obligado a enfocar tus energías inexorablemente a una sola cosa. No pasa solamente por una retribución económica pobre, pues a veces siendo escasa puede ser suficiente y a veces siendo enorme puede no alcanzar.
Uno tiene la opción de desvincularse de todo aquello que le ocasiona más desgastes que satisfacciones; cuando esa opción no está, surge la esclavitud.
Y no hay nada peor que vivir sin opciones.

Un pegajoso Halloween

Esta vez pedí la computadora del fondo y me dieron uno de los boxes privados; a saber, el masturbatorio oficial de la calle 27. Pero me la fumo, por no tener computadora (está en terapia intensiva con pronóstico reservado; le van a cambiar el corazón y capaz un par de dientes. Las calcomanías siguen igual: Ah Yom, El Ojo).
En los cybers se hace muy difícil escribir. Aparte dos cosas.
Una: la hora está a 12 pesos, precio exageradamente alto para cualquier época; en el 2001, porque 12 pesos eran una fortuna; en el 2014, porque los cybers son los últimos reductos de vicio enfermizo de los rezagados que eligen no masturbarse en su casa. Los cybers son un invento jodido; Internet es un derecho, pero henos aquí. Si queremos charlar por Skype con ese amigo perdido en el extranjero, o seguir historias de amor entre pulpos y colegialas japonesas, tenemos que gatillar 12 pesos por la hora. Al menos no cobran extra por los boxes privados.
De cualquier manera, el problema nunca es la tarifa en sí sino que hoy particularmente no tengo ni para los puchos. Detestaría que para colmo de males alguien se me siente al lado porque, si bien uno sabe que el prójimo está en su mundo mirando fotos de ex novias en Facebook, siempre el gil de junto te da la impresión de estar espiando todo lo que hacés. Ahora estoy escribiendo, pero bien podría estar jugando al Age of Empires (porque esta compu lo tiene, y me parece la gloria de las glorias).

Razón número dos. Son las ocho de la mañana y yo no duermo desde las cinco de la tarde. No, no hay drogas; o acaso la más común, esa ambición ciega que inicia la búsqueda del vil metal que sólo se deja asir mediante el peor de los vicios que puede encontrarse desde un cyber a la sede papal: el trabajo.
El trabajo me obliga a trasnochar. Me obliga a dormir todos los días a las ocho y levantarme, de ser posible, a las dos de la tarde; pero como la mañana es mi happy hour, y soy especialmente débil a la tentación de sacarme las zapatillas y ponerme a hacer otra cosa después de una noche larga, generalmente termino destapando una Brahma a las nueve a eme; salvo hoy que, como dije, tengo lo justo para una hora con mis dedos puestos en el teclado pegajoso.

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No obstante, vamos a pasar a lo cursi: no anduve no escribiendo. Usaba mi celular, un confiabilísimo Nokia C2 cuyo diccionario incorpora palabras como "Stalin" y desdeña otras como "banana". Uno va adaptándose, incorporando palabras de su preferencia; así fui sumando "Güemes", "alangaú" y "quilombo".

El celular me permite escribir un texto relativamente conciso a una velocidad similar a la de un teclado de la compu; el ritmo de escritura es muy importante porque tiene que combinar con el ritmo del pensamiento. En papel uno escribe mucho más lento de lo que piensa y termina atorándose; o, si uno agarra la compu a la mañana, pongamos por ejemplo, recién levantado, es posible que no se le caiga una idea por más fácil que sea teclear un testamento.

Pues bien. Agarro el celular en momentos de extrema tensión, donde hay algo que debe decirse con urgencia, no importa para quién, después veremos. Como todo en la vida, lo escrito en el celular es frívolo y se presta a muchísimas correciones; dejé las correcciones para más adelante, léase ahora, cuando voy a ir subiendo una a una todas las cosas que escribí, las importantes y las banales.

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La constancia es lo peor que puede pedírsele a un ser humano, pero pronto estaré de vuelta.

21.10.14

Henrietta Harris

Starry night, city lights

Leo en Facebook una noticia sobre una lluvia de estrellas esta noche (visualizables a partir de las 20.30 horas); celulares que saldrán de Tierra del Fuego programados de fábrica con aplicaciones desarrolladas en Argentina. Esta mañana mataron a un policía en barrio Yofre Norte. Ah, también, Luis Miguel toca mañana en el Orfeo. Y La Voz del Interior proclama en su portada que una de las nuevas formas en la que la nación va a entregar el culo a los buitres es mediante bonos dolarizados. Terrible noticia que no encontró eco en ningún otro diario.
Hoy a la mañana me recorrí la ciudad entre el desayuno y trámites varios; había salido del trabajo, así que no me costó levantarme. Recién me acosté a las 11 de la mañana con un calor del recarajo. Me desperté recién. ¿En qué momento puedo encontrar una pausa?, tiendo a pensar.
A las noches me las paso solo en el hotel tratando de alejarme lo más que puedo del siglo XXI: ayer, por ejemplo, puse en todos los televisores del hall la misma película norteamericana en blanco y negro, y en la radio de la cocina sintonicé la emisora de tangos. Silbando bajito me puse a exprimir jugo. Me concedí un cigarrette break y me senté en el patio interno mirando hacia arriba: el cielo y los seis pisos estaban silenciosos; nadie aprobaba ni desaprobaba mi anacronismo, estaba solo, naufragando.

Creo que la noticia con la que me quedo hoy es la de la lluvia de estrellas. Creo que estoy un poco hastiado de la superinformación, que tan encantadora parece si uno hace zapping. Tantas cosas pechando desde tantos lugares, adelante y atrás, al final te dejan quieto. Uno podría forcejear para salir adelante criticando algunas cosas y alabando otras, pero requiere un esfuerzo lejos de mis brazos: un esfuerzo espiritual, que se hace posible descansando de la sociedad misma.

Patience is a virtue. Uno recuerda el refrán tratando de no romperse la cabeza. Es especialmente doloroso pensar que desde la azotea más alta de la ciudad tampoco vamos a poder ver la lluvia de estrellas; nos la vamos a perder salvo caso de corte general, que provocaría más malestar que otra cosa.

20.10.14

Se aprende renegando

Una breve nota acerca de esto de las responsabilidades.

Estaba bajando las escaleras del hall, las luces ubicadas a un costado de un piso de losa blanca bien lustrada a la tarde por dos manos caritativas y llenas de amor a su sueldo de cuatro lucas; me acerco al mostrador y además de la recepcionista de rigor (que hoy por hoy ya renunció) había otro tipo que me recibió con una sonrisa idéntica, la misma que tienen todos los recepcionistas.
Al toque aclaró el misterio: él era un ex-recepcionista. A diferencia de lo que puedo llegar a hacer yo cuando renuncie al hotel (no trabajar en un hotel nunca más en mi vida, seguramente) el tipo ahora es recepcionista en el Sheraton; tiene, como quien dice, vocación, un tesoro que casi nadie tiene. Y el que tiene vocación y está bastante seguro de lo que hace, se reserva el derecho a darte consejos. Estos consejos dicen la cruda verdad pero al mismo tiempo están vacíos de cinismo, y esto lo entendí perfectamente cuando Lucas empezó a abrir su bocota. Yo lo escuché con atención. Me preguntó primero qué estudiaba; le respondí, y me preguntó qué me gustaba leer, y le dije que estaba leyendo esto y que mi autor favorito era este otro. Ajá, dijo verdaderamente interesado. Y en tono un poco más confidente, casi excluyendo de la conversa a la recepcionista de turno pero sin abandonar su sonrisa, me explicó esto de que éste era un laburo sacrificado y yo le respondí que sí, me imaginaba, que para el hotelero no hay vacaciones y que es como si todos los días fueran martes. Celebró mi ocurrencia y yo acusé recibo de su celebración sin decirle que había escuchado esa frase esa misma mañana de un hotelero clase B: el que jamás en su puta vida va a volver a ser hotelero.

A continuación me preguntó si había tenido problemas con el cocinero, que todos los tienen. (El cocinero consiste en un viejo psicópata que amenazó con su cuchillo de siete pulgadas a más de un empleado sin distinción de sexo ni edad: lo que se dice un filántropo al revés).
Le contesté la verdad: que había empezado a tener problemas esa misma tarde. Me dijo algo sencillo: "se aprende renegando".

Una de las frases que más repite uno a bobas es "el orden de los factores no altera el producto". Usémosla con precaución, porque a veces sí, no seamos boludos. Eso me llamó la atención al instante de cuando me habló Lucas. No dijo "renegando se aprende", que daría a entender que renegar es una de las tantas formas en las que uno puede aprender. Dijo lo contrario con las mismas palabras: se aprende renegando. Ahí comprendí que un trabajo puede, en efecto, ser sumamente educativo; me han explicado cosas con una sonrisa, y las he escuchado con suma atención y dedicación. Por ejemplo, cómo cargar una reserva en el sistema. Pero no entendí cómo funcionaba el sistema hasta que se colgó esa máquina de mierda y la tuve que reiniciar yo mismo, en mi primera noche sin entrenadores presentes, tratando de no ahogarme en un vaso de agua con cianuro.

De alguna forma, renegando formás tu actitud. Presentada la situación adversa, aprendés a confiar en un instinto que, en el momento preciso, va a dar respuesta y a mantener el barco a flote. Y así como no tenés que mandarte al frente solo con tus errores, hay que ir a la caza de méritos. Mientras más rápidamente reacciones a una cagada irresoluble, y menos tiendas a delegar la cagada en otros (cosa que en los hoteles es sumamente fácil), más pronto vas a ser el mejor.

De nuevo entra aquí la cuestión de la improvisación de la que hablé tantas veces. El tipo que improvisa sabiendo lo que hace (en este momento estoy escuchando Lisa, de Morphine) tiene poca probabilidad de equivocarse.
Nadie más capacitado para romper las reglas en un arrebato de instinto que el tipo que las conoce a fondo: las subvierte, las invierte, las revierte, las pervierte.

En el trabajo el gesto animal tiene la misma importancia, pero a diferencia del arte, el primero se trata de mantener las cosas marchando por el mayor tiempo posible, ¿no?

Cervantes (revisited)

1.

A estos dos poemas los escribí sobre papel (parece) sentado en mi mostrador de la biblioteca Cervantes en octubre del año 2011 cuando tenía 18 años.
La primavera soñadora. Un buen presupuesto me permitía ir y volver de Córdoba cada dos semanas. Estaba convencido de que mi vida iba a empezar a dividirse entre dos ciudades y disfrutaba el ínterin: "del lado de allá" la Cañada y las tiendas de antigüedades, y "del lado de acá" los lapachos y el aburrimiento denso y caluroso de ir a clases de francés los martes a las 9 de la mañana y después no tener un pito que hacer hasta las 6 y media de la tarde, hora en la que nos sentábamos con Isis a tomar cerveza por ahí y a cagarnos de risa del que se nos cruce. No recuerdo una sola noche en la que haya vuelto enteramente sobrio del laburo. En ese contexto, Córdoba era "el escape" (parece, según los dos últimos versos del primer poema) mientras ahorraba trabajando como bibliotecario y dejándome apalear por libros y enciclopedias que entraban en mi marulo y arrasaban con todo.

2.

Nokia,
conectar gente,
Nokia, conectar gente, marihuana, suomen kieli
mucha nieve, pelo de lobo, marihuana, suomen kieli, Nokia.
La máscara de Dylan Thomas,
la armónica histérica de Dylan, Robert,
T.S. Eliot y Ezra Pound frente a frente
(marihuana, lobos, Nokia)
Rosario, alienación, sombreros. Mucha nieve
lobos, suomen kieli, zorros en la nieve
Belle and Sebastian (Glasgow, Scotland), Paulina,
alfajores, tortas, marihuana
café
(y acá un universo infinito se abre)¹
conectar gente... criollismo de Nokia
(en finés cómo será)
Buenos Aires de 1963. Los gorilas
desazón mía porque nada es lo mismo
la vida linda está hecha de imágenes que encajan
de sensaciones apropiadas
del París de Oliveira,
no de la porteña inacción suburbana.
Creo que Rayuela es la causa de mis males...
les armes secrètes, Johnny Carter, saxofón, marihuana,
inmensidad, Svalbard y Jan Mayen, svenska, dansk,
Heimskringla,
soledad. Suomen kieli, Nokia, mi casa, mi café
mi caja blanca, mi jazz, mi bolso, mi sombrero
mis manos, mi puerta, mi vida, mi huida.


───── ♠ ─────

¹
La sola gota de café anticipó
el jazz dorado de Charlie Parker,
tus bellas piernas castañas en cruz,
el plenilunio,
la isla de Victoria, vista desde Rosario,
la nube póstuma que anuncia la lluvia de la semana
el café mismo listo en la cafetera,
el cerrar de tu ventana cuando hace frío,
el tacto de tu pelo liso,
el chiste y la sonrisa,
los gestos exagerados, pero con carisma,
el primer cigarrillo, por el que nos morimos de ganas,
mover esa ficha en el ajedrez, y la cara del adversario.
Sigue la lluvia en el campo y el arroyo corre entre las piedras,
corro a refugiarme en un techo para esperar el colectivo
Y el último trago de café es fuerte, vibrante,
como un solo de Charlie otra vez
como la sensación de mirarte seriamente a los ojos
y descubrir
el fondo de un aljibe oscuro
el golpe seco de una campana
la palidez de la nieve por extinguirse
un refugio en la montaña al atardecer
las burbujas de chocolate caliente
los granos oscuros de café,
la sombra de los altos edificios de Buenos aires donde la noche
se aproxima temprano.

Un cinzano con Gay Talese

Sabrá el buen lector que el viernes fue el recital de Morphine para el cual, en un acto de confianza más grande que el que me corresponde, surgió una acreditación de último minuto para El Ojo; es decir que, en honor al oficio, tengo que tratar de poner en palabras lo inexplicable.
Partamos de la premisa de que cualquier experiencia se puede poner en palabras. Aceptemos esto como posible, sino el oficio del periodismo en momentos sublimes sería imposible (ahora mismo estoy leyendo a Gay Talese para disuadirme de eso). Demos por hecho de que hubo personas que testimoniaron cosas tan absurdas como una guerra mundial o una aparición de la Virgen en cierta gruta siciliana. Recurramos, si se quiere, a lo más patético: el auto-convencimiento de que lo que viví tampoco es gran cosa, comparándolo con las catástrofes y los milagros.
Sea como sea, una vez aceptada la premisa número uno, pasemos a la especificidad de la situación: ¿cómo describís con palabras sensatas y objetivas (que es de lo que más se pavonea el periodismo) ese momento increíble en el cual ves a tu banda favorita a veinte pasos, casi lamiendo sus putos pedales? Aceptemos que esto es posible de alguna forma; aceptemos también que se puede ser relativamente objetivo sin renunciar a un estilo, aunque el estilo no debería ser, en principio, la excesiva alabanza. Si destilamos todos los monosílabos de incredulidad que no conforman por sí mismos una reseña, y tratamos de organizar la experiencia de principio a fin iluminando lo que debe iluminarse y velando lo que puede ser olvidado, capaz lleguemos a un buen resultado. ¿Qué distingue un buen resultado de un resultado genial? Esto sí que no lo sé, y acaso nadie lo sepa. Derrida se mostraría sumamente escéptico con buenos motivos y eso me rompe mucho las bolas.

Por esto mismo, creo, estoy leyendo a Gay Talese. Habla de la vez que se encontró en Beverly Hills con el artista más importante de Norteamérica, la personalidad más explosiva que podía encontrarse en un bar en los años cincuenta: la voz más potente, un productor cinematográfico en ascenso, un ícono cultural y un presunto aliado de la mafia, odiado y amado por hombres y mujeres de dos generaciones los cuales habían hecho el amor con su voz de fondo.
Si ese tipo pudo poner en perspectiva un momento así, me estimula un poco la idea de poder llegar a más de dos monosílabos. Veremos qué sale, y prometo colgar acá lo que salga (un monstruo terrible o una obra de arte); y no sólo eso: prometí traducirlo y enviárselo a Jeremy Lyons, con el cual estuve hablando por Facebook esta misma tarde. Créalo si quiere. Yo no lo creo.

19.10.14

Recontrainserción

Me di cuenta de lo que estaba haciendo (¿qué estaba haciendo?) salgo a la vereda y había viento, eran las tres de la mañana, y yo, milagrosamente, todavía tenía una camisa azul dentro del pantalón, ni manchada ni nada. Miré al hotel: hall de recepción, luces encendidas, piezas y balcones taciturnos. Miré de nuevo enfrente: Marcelo, el de la playa del estacionamiento, me saludó con un leve movimiento de cabeza antes de volver a entrar cerrando tras de sí la reja ancha y gris.
La última novedad que subí acá sobre el laburo fue sobre el día de mi entrevista y todas las felices casualidades que me dieron a entender que iba a obtener el trabajo. San Jerónimo no se confundió: me dieron el trabajo. Por momentos fue casi grotesco. El primer día, lo primero que me mandaron a hacer no fue a ser traductor simultáneo de una comitiva de modelos eslovenas, sino que me mandaron a cortar un jamón cocido entero al hotel de la vuelta. Por ende, fui con mi jamón y mi dignidad de trabajador bien vestido a dar la vuelta y entré en el hotel amarillo por la Rosario de Santa Fe; feteé el glorioso pedazo de embutido de cinco kilos, lo puse en una bolsa de nylon y emprendí el regreso con orgullo de hobbit. Había elegido mi mejor camisa. Cuando entré en el hotel, me sugirieron que deje el jamón en la heladera y que me ponga a trapear el piso, así que me arremangué y manos a la obra. Welcome.

Otra vez miré a Marcelo que ya había entrado a su cabina a salvo del frío y viré yo mismo para volver al hotel, porque está muy mal dejar sola la recepción ahí con la plata y todo.
Me puse a hacer un balance silencioso de las últimas dos semanas, de cómo se fueron dando hasta ponerme donde estoy, que no es ni cerca de ser gerente del hotel pero por lo menos soy aquél al que le pueden cagar a pedos por cualquier cosa; pero, en una especie de inmunidad, como ya soy empleado fijo (vale decir, ya no me pagan por día, por ende vuelvo a ser pobre), no van a echarme por cualquier cagada que me mande. La seguridad social.

Me siento orgulloso de haber aprendido que cualquier empresa se mantiene a flote gracias a una gran cantidad de pequeños trabajos. Cuentan con vos para un montón de cosas que si no las hacés vos, básicamente no las hace nadie. Ayer entendí esto en toda su magnitud. El hotel es mío en el turno trasnoche; puede parecer hermoso (hasta llevé un libro para leer), pero después te das cuenta que es más trabajo que ocio.
Efectivamente, un gran poder conlleva una gran responsabilidad (qué); uno siente el peso del dueño del hotel que por bien que te caiga, es ese parásito que va y saca gaseosas gratis de la heladera y te pide que le lleves dos sándwiches de milanesa a su habitación, pues vive ahí con su secretario privado, un pibe muy piola que jamás se acuerda de tu nombre y anda de acá para allá a los pedos mientras el otro revisa sus bolsillos buscando las llaves de la chata BMW. Sabiendo estas mañas estoy integrado a la familia, pienso; el doloroso esquema de la burguesía y el proletariado, que en algún punto es cierto, de repente se hace irrelevante mientras todos tengan algo para enfocar sus buenas energías.

Cada vez que dejo el hotel después de una jornada laboral siento que me bajo de un barco que sigue navegando y que voy a encontrar en el siguiente puerto para abordarlo otras ocho horas a donde quiera que vaya. El hotel es un organismo que jamás deja de funcionar: como la vida misma, es todos los días, todo el tiempo. Un viejo recepcionista que ahora se hizo técnico de compus freelance me dijo: "es un laburo sacrificado. Para el hotelero, todos los días son martes".
Hoy le sigo dando la razón. No hay tu tía con los hoteles: ni Navidad, ni Año Nuevo. El ser humano es un ser tan enfermo de su existencia que siempre necesita vacaciones, y nosotros estaremos allí para servirle. Este servicio enseña muchísimo. Al forzarte a ser bueno con las personas, recibís una buena respuesta a menos que el pasajero sea un hijo de puta. Y para quien es bueno y servicial con el prójimo le está reservado un pedacito de cielo.

"El trabajo dignifica", dice mi vieja. En algún sentido sí, en tanto vos sentís que estás haciendo algo útil. Y no pasa por decirte a vos mismo "estoy siendo funcional al sistema, por ende éste me hace creer que tengo que sentirme feliz", ni tampoco pasa por una satisfacción económica (aunque hasta al más comunista de los universitarios le gusta tener unos mangos en el bolsillo para una revolucionaria bolsa de merca).
Pienso en el escenario opuesto: qué pasaría si estuviera todo el día al pedo. Para algunos puede ser rebelión, porque no se sienten útiles al sistema (que es lo mismo que sentirte un inútil, y eso tampoco está bueno, ¿no?). El que no es útil ni, al menos, talentoso, básicamente no está haciendo nada. Y llámenme marioneta de la sociedad, pero lo que menos quiero en este momento de mi vida es estar en mi casa haciendo nada. Ya probé la fruta dulce del ocio, y recibí como paga semanas y semanas de aburrimiento firme y parejo, calvario inexorable y terrible porque no sabía cuándo iba a terminar.

Una amiga mía vociferó el otro día "las responsabilidades son una mierda".
Al toque me imaginé a mí mismo viviendo en una cabaña en el bosque construida con troncos de pino, sin un carajo para hacer salvo sembrar una huerta de tomates en un clima ameno.
Y bostecé de sólo pensarlo.

18.10.14

La forma lírica es de hecho la más simple vestidura verbal de un instante de emoción, un grito rítmico como aquellos que en épocas remotas animaban al hombre primitivo doblado sobre el remo u ocupado en izar un peñasco por la ladera de una montaña. Aquel que lo profiere tiene más conciencia del instante emocionado que de sí mismo como el sujeto de la emoción.
Joyce 

4.10.14

Eighth world wonder
girl in brown dress
in summernight wanders

3.10.14

Why won't you make up your mind?

Y no es para nada una crítica ácida a los pibes que revisan a Tame Impala, brasileros, argentinos o australianos, o a aquél Jake Bugg que se puso un sombrero y empezó a cantar a lo Bob Dylan; no es una crítica incluso si esas bandas o esos solistas jamás citarían a sus verdaderas influencias porque el artista siempre tiene que ser un poco velado y no decir toda la verdad, o simplemente porque les gusta esconder lo obvio para hacer todo un poco más profundo, más interesante. Ojo, no es una crítica.

Hace poco que no me molesta la palabra "joven". Antes sí me molestaba: ¿qué, alangaú, ser joven implica menos dignidad para realizar arte o lo que sea? ¿Le van a dar un subsidio del gobierno a un artista consagrado en detrimento de mí, sólo porque soy joven y le parezco un inexperto? Siempre me pareció que la palabra "joven" era un despectivo en boca de un viejo legañoso, que no sabe ya si sigue creando o si se atascó en lo mismo: lo reedituable o lo que está a mano.

Pero "joven" no es eso, o es precisamente eso.
"Joven" es a quien el viejo no le tiene mucha fe (el "joven" al que le tienen fe como un genio artístico no se llama "joven", sino "prodigio"). Esto, en la realité concrète, nos abre a los jóvenes un campo de intereses y posibilidades afines, un mundo de fanzines y proyectos autogestivos que poco tienen que ver con los intereses del (ayy qué linda palabra) establishment artístico. Se repite de nuevo el pasaje del Principito que diferenciaba las preguntas que hacen los mayores ("¿cuánto cobra su padre?") de los niños ("¿le gusta coleccionar mariposas?").

Jugend hat keine Tugend, leía yo en un manual de alemán hace mucho tiempo, y me indignaba. ¿Quién carajo sos vos, viejo arisco, para decirme "Juventud no tiene virtud"?
Lo que intentan demostrar los jóvenes, y por eso siempre son el motor del cambio, es que lo que llaman virtud los viejos son un puñado de costumbres que en su momento fueron ingeniosas y hoy se volvieron grotescas. Todo empieza a decaer, como las tetas de las otrora fogoneras; heroicos son los intentos de Casciari de cambiarle el nombre a su revista cada dos o tres años para que no sea más de lo mismo. 

El joven, además, es especialmente permeable a las influencias, aprovechándolas todo lo que puede. Y es especialmente sensible a lo peor, según Martucelli, que puede decírsele a una persona en la sociedad de hoy: "vos no sos original".
Le preguntás a un artista y te vela todo: el género, la influencia, y hasta las condiciones de composición de tal o cual tema, que parece salido de la nada y por lo tanto imparte a su creador una especie de aura de genio romántico, de demiurgo.
Es un procedimiento más, elegido por el artista para tratar y dialogar con el Ídolo.
Yo tengo 21 años y creo reconocer la influencia patente de los que han sido mis ídolos a lo largo de toda mi vida: ellos no sólo me inculcaron ideas (un poco más claras que las mías), sino que, más importante aún, me hicieron fértil. Me cagaron. En un sentido metafórico. Gente que la tiene más clara que yo me enseña algo que yo, en un trabajo más o menos merecedor de alabanza, transformo en algo nuevo.

Pero creo (esto es plena convicción, de las pocas que tengo a mis 21, entrando en un tornado que se llama "la vida en sociedad", o "la calle", o como sea que se llame este cúmulo de gente haciendo cosas y opinando mierda) que uno de los síntomas más inequívocos de una evolución es la etapa en la cual uno mata a su Ídolo.
Evolución que probablemente no sea lineal (¿qué es lineal desde Foucault? esto no convence a nadie), sino que sea una espiral que da vueltas para arriba o para abajo hasta que te encontrás con uno mismo: una especie de self con expresión propia, idiosincrática, en alguna medida primitiva y salvaje. Espiral que tiene mucho, si no casi todo, de introspección.
No sé si toda la gente se debate lo mismo. Me parece crucial, para vivir en el mundo siendo vos (ojo, capaz hay gente que decide deliberadamente no-ser-ella) conocerte.
Es un proceso en el que uno alternativamente flaquea y se convence; en el primer caso, uno cede la pantorrilla al tackle de los pusilánimes; en el segundo caso, uno tiene las ideas claras (sorry, tengo un blog, pero no es mi caso), claras para vivirlas, más que transmitirlas; ya como uno mismo, casi impermeable a terceros (¿qué es la madurez sino?): al Ídolo, o al Eterno Criticón.

Pixel ghost train




Cuatro años

Un café enfrente de la plaza nueve de julio; resistencia. (¿Cómo era que se llamaba la calle? Corta a la Santa María de Oro y me parece que va al este, a una casita con una terraza donde pasé una de las peores noches de mi vida queriendo escuchar Morphine cuando todos los demás escuchaban Gorillaz). Tiene que haber un café enfrente a esa plaza, sino nos sentaremos a tomar mate dulce bajo los abedules, junto a una fuente seca y unos juegos de niños. Pero a una hora normal, correcta (es decir, nueve de la noche) cuando no haya niños. Tampoco sé si esa plaza (espero que no) está junto a las vías, porque las vías son la zona roja... en fin. Un lugar diáfano donde poder tener una conversación que, sabemos, se va a extender como una anguila que va y viene en la madrugada, la madrugada eterna; calcularemos (pues sabremos de antes que la conversación va a ser eterna) no tener que laburar al día siguiente. Nosotros solíamos compartir tantos pormenores de nuestras vidas de principio a fin, teniendo conversaciones interminables en lo confuso de una juventud incipiente (yo 17, vos ¿21?)... ahora me imagino, que no nos vemos hace uno o dos años y con justo reclamo en el medio pues soy yo el hijo de puta colgado, que tenemos muchos más pormenores. (Un viaje de tu lado... de mi lado, pues, las pequeñas cosas de cada día). Si el detalle de la charla se hace detalle a granel, cada cosita vale tanto como un mundo (cada libro leído, cada trago comprado en cada bar de Nueva Delhi o una cosa así... o cada pequeña impresión que me daba cada pequeña pelotudez que decía Dante Spinetta, con lentes de sol, en su conferencia de prensa allá por marzo), entonces imagino que no nos vamos a ir de esa plaza nunca.
La charla serpentea mientras serpenteamos nosotros capaz cruzando ahora un puente (como querría Cortázar sobre el Sena pero, atenti porque esto es casi grotesco) sobre la Laguna Argüello, donde tocó Catupecu (te re gusta Catupecu) hace un millar de años antes de que todo esto sucediera. ¿Pero qué es todo? Quién carajo sabe. Una parte de ese "todo" es lo que tenemos que contarnos; otra parte queda sepultada, como quien dice mucha agua bajo el puente: los sucesos que rodean a ese envase que se mantiene siempre el mismo (estudiante júnior de letras, estudiante sénior de periodismo) pero que cambia su contenido constantemente, constantemente, constantemente.
Congeniamos. Lo sabemos. Si tus palabras fueran una llave, iría bien en la cerradura de mi cerebro. Creemos que no, pero tengo una vaga fe en que lo único que hay que hacer es limar todas las asperezas; sale al sol el bronce inocuo de esa llave que conseguimos combinar, con maestría de cerrajero que está por cerrar su bulín (no creo conocer a nadie más como vos) hace una locura de tiempo que en el tiempo cósmico no es nada: cuatro años.

1.10.14

Jerónimo application

Merced a un feliz hecho fortuito me citaron para una entrevista de trabajo a las cinco y cuarto de la tarde el día 30 de septiembre en un hotel por la calle San Jerónimo, donde había dejado CV presumiendo de más que informando sobre mis excepcionales capacidades para comunicarme en idioma inglés. Recién cuando llegué allí, quince minutos antes de la cita, y noté que era el hotel más grande y fifí de la cuadra (entre el Ritz y el Everest, era el único que exhibía en la fachada siete banderas latinoamericanas de rigor), me di cuenta de la feliz cadena de casualidades que rodeaban todo el evento.

Todos los comercios de la calle San Jerónimo estaban cerrados debido a, justamente, el día de San Jerónimo de Estridón, santo patrono de Córdoba, cuya figura se recuerda el día 30 de septiembre. El hotel mismo se llama Del Fundador, en alusión a Jerónimo Luis de Cabrera, quien en un arranque de narcicismo bien fundado eligió a su tocayo como el patrono de la ciudad; dicho patrono era (según leí hoy) ducho en idiomas y traducciones: Jerónimo de Estridón había sido el primero que tradujo la Biblia del griego al latín en el año 387 d.C.

Que me citen a entrevista en la calle del patrono, en el día del patrono y en el hotel del fundador (que recordó, en su momento, al patrono), y que dicho patrono sea la cara sagrada de la unión lingüística entre culturas, me llena no sólo de un optimismo eufórico sino de fe, la auténtica fe en un milagro que la gente espera como justa paga por creer, más o menos desmedidamente, en estas felices casualidades como la que me toca hoy.

Estoy a punto de entrar en la entrevista, y darme cuenta de esto no sólo me llena de confianza; haber escrito esto sentado en un cantero frente al bar de Yoly, diez minutos antes de la hora clave, me afloja la lengua para expresarme resueltamente en cualquier idioma que el jefecito requiera.

30.9.14

El cambio perpetuo

1.

El profesor se acercó al busto de Homero, como si buscara la sombra favorable del poeta.
— ¿Quién le ha enseñado que un Infierno es el objetivo final? —repuso—. Todo héroe clásico entra en el Infierno y vuelve a salir: el Infierno es una estación pasajera y muy útil, ¿sabe usted? Allí quema el héroe los últimos cartuchos de su indignidad, o las últimas astillas de sus posibles inferiores.
— ¿Con qué objeto? —le dije yo.
—Para retomar su itinerario sin equipajes fastidiosos.

L. Marechal
El banquete de Severo Arcángelo, p. 265

2.

La inmovilidad no es del hombre: su destino es el viaje, la exploración o el buceo. Nacer y morir son dos instantes críticos de una sabrosa movilidad. "Alégrate de cada otro nacimiento y no llores cada otra muerte", así dijo el profeta.

Ibid., p. 266

City sleeping

Lo que más me gusta de cuando hace calor es dormir con las ventanas abiertas de noche.
Cada lugar tiene su fragancia. En Corrientes tengo dos: en lo de mi vieja, arbusto húmedo del gran parque del monoblock; en lo de mi abuela, hoja de mango que pervive aunque lo talaron hace cinco años.
En Córdoba, asfalto desconsolador, parquímetros. A veces hay murciélagos. La Colón no es precisamente el Amazonas. Pero tuve la viveza increíble de situar bien mi cama debajo de la ventana. Y tengo un ángulo sublime: con una almohada apenas un poquito alta puedo ver el campanario de una de las iglesias de la Cañada. Es más: para saber qué hora es a la mañana, me alcanza con frotarme un poco los ojos e interpretar el minutero gótico que resplandece bajo un cielo naranja, cada vez más nuboso por esta época del año.
Entra la brisa, viento que baja trayendo lo que quedó del perfume de la Sierra Chica cuando pasó por tres Gridos y un McDonald's.

En un contexto adecuado me hace muy feliz. No se compara a mirar un caballo pasar por frente a la persiana, caminando clocloclocloc por la Teniente Ibáñez (home is where your heart is); pero está bueno apagando las luces (las de la casa y las de uno mismo) y poniendo un disco como éste.