16.12.13

¿Qué tiene usted para enseñarme? (Y gracias por adelantado)

1.
Un día le escribí un mail a mi primo preguntándole qué música andaba escuchando. Por entonces yo tenía catorce y pelo largo como testimonio de una rebeldía romanticona. No conocía toda la música que conozco hoy, ni mucho menos toda la música que conoceré en diez años.
Mi primo sabía que la cabeza de un adolescente es caldo de cultivo de muchas cosas, desde el arte hasta los trastornos esquizoides. Respondió con un porteño "qué hacés primo" y una nómina de bandas entre las que recuerdo a Babasónicos, Control Machete, the Sonics, Sublime, os Mutantes, Illya Kuryaki, surf rock, Embajada Boliviana y Sonic Youth.
En su sabia diligencia me anexó dos o tres links para que la investigación siguiera su curso, en caso de que yo quisiera emprenderla. Esos links fueron detonantes. Todos lo sabemos: una sola banda buena puede llevar a conocer tres mil, si se le pone la terquedad necesaria a la búsqueda. Hoy en día está last.fm; a mis catorce (nunca pensé que sonaría así de retrógrado) apenas podíamos mandarnos por mail fragmentos en mp3 que habíamos bajado del Ares, que fue y será una mierda.
Mi primo se tomó la molestia de redactar una lista de bandas que no conocía, muy distintas entre ellas. Él sabía que la curiosidad adolescente tiende a salir disparada para muchos lugares a la vez, como hacer picar al mismo tiempo siete pelotas de goma en una habitación llena de ventiladores de techo.

Le debo respeto a esa gente capaz de presentarte una cosa insólita. De alguna forma, esa gente nos ofrece regalos.
Imagínense si esa gente sabia, en vez de decirnos "escuchá tal banda", nos regalara un candelabro, un sofá cama, un caballo: algo tangible, que tenemos que decidir urgente si tirar a la basura o guardar como un grato recuerdo a riesgo de sacrificar espacio físico. Si optáramos por la segunda, nuestra casa sería un muestrario circense y absurdo de los artículos más dispares. No se podría ni caminar y una mudanza sería un calvario.
Yo a mi pesar no soy ningún minimalista. Este desorden es con lo que sueño. Una casa llena de elementos híbridos. Entiéndase por casa "cabeza"; entiéndase también "casa", pero esto remite a hipotecas, impuestos y fichas catastrales.

2.
Ayer estaba cubriendo un evento. Había una mujer sobre el escenario cantando un tango salpicado de palabras en lunfardo entredichas con bronca, con candor, y con una gracia única, contundente. Esto me hizo pensar que, para escribir una buena nota, tendría que familiarizarme con lo que estaba viendo; nadie escribe bien sobre lo que no sabe. Es difícil que un ignorante te diga algo novedoso. El oficio (de escritor, de periodista) obliga; no es opción ni capricho. Si quiero contarle a usted algo interesante sobre lo que vi ayer, debería saber al menos dos o tres frases en lunfardo. Lo mismo con cualquier cosa. Aún corriendo el riesgo delicioso de que usted no me entienda: el lector curioso es el mejor tipo de lector que existe.

En ese momento me di cuenta de que el oficio periodístico es un oficio acumulativo, que se parece a este muestrario circense y absurdo. Nunca se sabe si en un momento dado el periodista artesano necesita reconocer en alguien a Kim Gordon, a Hesse, a un cacique qom, a Dmitri Mendeleiév, a Julio Sosa, a su propia madre. La probabilidad más grande al asistir a un evento cultural no es disfrutarlo, sino aprender algo. La cultura termina siendo una complejísima red donde todo está conectado con algo.

Una red en la que todo está conectado con algo.
De la que un pendejo como yo tiene (felizmente) una perspectiva muy limitada.

Juguemos a esta imagen, que es muy simple.
Una pelota unida a otra pelota por un hilo, ésta a su vez unida a otras tres, éstas tres a su vez unidas a otras trece millones de manifestaciones individuales que terminan implicando, por supuesto, a la pelota inicial; pues, ya lo sospechaba Deleuze, no hay raíces sino que la vida misma es un rizoma (y un carnaval, añade Celia Cruz, pues a Deleuze le faltaba la parte divertida).

Me siento orgulloso de decir que el oficio que elegí tiene esta responsabilidad; no es sólo una especialización en profundidad, como si un obrero cavara un hoyo en la tierra tan obstinadamente que quiere llegar al centro del planeta.
Es una preocupación extensiva por seguir todos los hilos posibles de todas las pelotas de esta Gran Red; una curiosidad inagotable, el querer saber de dónde viene todo y así seguirle la pista. Como un campesino que siembra grandes prados con semillas que se crecerán para ser, Dios mediante, imponentes árboles floridos o toneladas de trigo para los pobres.

3.
La figura central de todo esto es la persona que puede enseñarnos algo.
Ayer leía en un libro: "la noticia no es necesariamente un suceso, sino cualquier cosa que pueda resultar interesante o novedosa para alguien, aún en potencia."
La cultura es un torrente inagotable de cosas nuevas y potencialmente interesantes. Pelotitas con rastros vagos que llevan a otras pelotitas, quizás brillantes, gigantes; quizás opacas, llenas de polvo, pelotitas olvidadas que valdría la pena traer de nuevo para el presente, limpiar sus hilos, atarle algunos nuevos.
Los mentores son fundamentales. Necesitamos alguien que nos traiga de la mano y nos diga "mirá que lindo esto". ¿Cómo meternos en la red sin querer matarnos, sabiendo que ella nos rebalsará siempre?

Esta es una entrada de agradecimiento a toda esa gente (que, afortunadamente, comprende la gran mayoría de las personas con las que hablamos día a día) que tiene algo para enseñarnos.

No nos quedemos nunca en un campo estricto. Dejemos eso a los biólogos, que fieles a su oficio descubren cada vez más verdades sobre las membranas y las mitocondrias.
Nosotros, los Curiosos de la Humanidad, no trabajamos con microscopio ni mucho menos con verdades. Marchamos por campo abierto, a veces a caballo, a veces en una Ford Ranger, a veces a pata luchando con machete contra la maleza. Buenos días vinieron y vendrán así también como malos para vivir con este monstruo informe que llamamos cultura.
Pero jamás nos quedemos en un hueco. Algo podría ser importante, más que importante para nosotros, en este camino enorme sin huella; cavemos, usemos el hueco para dormir esta noche, pero mañana pasado o traspasado nos servirá mucho seguir caminando.
Ya se nos va a dar la posibilidad de volver a ese pozo y decir "mirá, acá fue cuando". Pero hay quien dice que uno empieza a morir cuando no se quieren descubrir cosas nuevas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario