7.12.13

"A good woman is hard to find"

A Good Woman Is Hard to Find by Morphine on Grooveshark

She was beauty and adventure. 
She seemed so glad to be alive.
I want to be happy, but not all the time.

A good woman is hard to find. 
A good woman is hard to find.
I'll live to love another one more time. 
A good woman is hard to find.
(Morphine)

Cuando al fin había llegado el momento de asumirme como hijo de padres divorciados, era porque había entendido el mecanismo, como en una epifanía. Cómo es esto de que un adulto, en la mitad de su vida y con dos hijos (cuando la vida debería estar, en alguna medida, resuelta) abandone un naufragio para encontrarse de nuevo a la deriva.
Nunca estuve realmente arriba de un barco con mi vieja. Este barco zarpó sin nosotros por razones que jamás tuvieron a bien aclararme. Mis padres, que en otra época habían sido los reyes de la bailanta, se separaron cuando yo tenía dos años. El único documento que queda de esta época es un videocasette en el que mi viejo me vistió de villero y salió a pasearme cámara en mano por una plaza del barrio Pujol; mi vieja sale como en una cameo, mientras nosotros nos cagamos de risa.
De ahí en más la vida es como la conozco. Sé cómo son los adultos que buscan amor. Como todo experto, son ligeramente cínicos. Parecen aburridos, como quien hace un trámite. A veces, no pocas veces, los adultos que buscan amor llaman al amor estabilidad económica, comodidad, incluso tranquilidad para hacer la suya sin ser molestados. Los padres de uno no buscan una figura materna en su pareja, ni viceversa; he aquí el motivo por el que los padrastros y madrastras no sean héroes ni ejemplos de vida.

Este mundo nuevo, que me daba repugnancia, hoy me da curiosidad. Sin ánimo alguno de adelantarme a mi edad, ya que soy un joven todavía exento de graves decepciones, me pregunto cómo debe ser realmente tener treinta y pico y estar buscando nuevamente al amor de la vida, con tanta vida atrás. No puedo dejar de pensar que los adultos están cansados y sus expectativas decrecen, a veces muchísimo.
Creo que este mundo no está exento de casos extremos como alguna cita a ciegas en un telo, porque el fin justifica los medios. La incesante búsqueda de amor, que a los veinte es tan color de rosa, a los cuarenta puede convertirse en una deriva errática y un tanto desesperada. Supongo que a los cuarenta y cinco se intensifica para, a los cincuenta y cinco, hacerse resignación. En el camino recorrido, queda una estela: un indecoroso pasado compuesto de soledades muy incómodas para ser nombradas sin servirse una medida de licor.

Más valdría dejar de reflexionar en todo esto y ser un Pibe De Mi Edad. Relatar a viva voz, entre dos rutinas de gimnasio, los detalles de la prueba y la glorificación: "de cómo la hice gritar en mi sommier". El sexo es para mí un deporte más, a veces menos comprometido que los federados.
Por desinterés, por desdén, por falta de talento deportivo (pues hay que ser deportista para saltar de una cama a otra, sin mencionar que hay que ser deportista para que te acepten en primera instancia), ese otro mundo me llama la atención: un bar humeante lleno de viejos en una búsqueda confusa y difícil. Ellos ya han vivido todo eso: han practicado el deporte de saltar de cama en cama, y, llegado el momento, han creído en un amor que se pinchó como una piñata y dejó dos efectos residuales que duermen en casa con placidez.
Esto despierta mi curiosidad porque ahora empiezo a entender a los adultos que buscan amor. No los entiendo con la cabeza. En cambio, es empatía.
Un adulto abandona la casa a la noche; en este horario, por descarte, es más fácil conocer a una persona. Funcionan los motores del alcohol, que saca a relucir con más sinceridad tanto los daños como las expectativas.
Así y todo, no ya por vocación deportiva sino por obstinación, salen al bar; cansados, solos.

Hay una mística del after hours de la que no me dejaron participar durante toda mi vida, cuyo funcionamiento me gustaría conocer con más profundidad.
Al fin y al cabo, estas cosas suceden. Y a veces, hasta acaban bien; id est, acaban al mismo tiempo.

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