14.11.13

Nota elogiosa sobre una bicicleta playera azul

Hoy no voy a decir nada nuevo.
Esta entrada pertenece a una excelsa categoría que involucra cosas viejas.
En parte escribo esto para no perder la práctica de escribir. Pero hay una práctica que me parece mucho más importante que escribir; su valor me prohíbe la negligencia de perderla.

(Algo análogo puede pensar un señor albañil:
de qué sirve escribir una novela, si se ha olvidado cómo hacer la mezcla.
Escribir no es un oficio para mí. Nunca será.
Hay cosas prescindibles, y escribir es una de ellas. Yo no soy Charles Bukowski).

Dicen que nunca te olvidás cómo andar en bicicleta. No sé si concuerdo. Hasta ahora jamás me olvidé.
En cambio, creo que hay algo que sí puede olvidarse: apreciar un buen viaje en bicicleta.
Escribo esto con suma nostalgia (estoy hablando con Tere en este momento, y tanto ella, como la promesa de un whisky por venir, me hacen extrañar muchísimo el pago).

Una de las cosas que más extraño de Corrientes es la bicicleta.
Bromeo con la comida; bromeo con el tereré; bromeo con el calor; bromeo hasta con el río; bromeo con la licencia para tomar alcohol en la vía pública (aunque eso no lo digo tan en joda).

Supongo que no "la bicicleta". El adicto no extraña la jeringa; el adicto extraña el efecto.
Supongo que no la bicicleta. Supongo, en cambio, ese viento que en las orejas hace shhh, como bien lo describe J. D. Morrison: "la brisa de la ventana / como las olas allá en la playa".
Supongo, en cambio, llegar a cualquier punto de Corrientes en diez minutos, con o sin compromiso serio; con o sin obligación de volver a casa; con o sin lluvia, porque en Corrientes te sorprende un chaparrón de la misma forma que te sorprende un semáforo en rojo.

Esto es una nota nostálgica de las que abundan. Las escribe un expatriado, antes que un escritor romántico o un correntino de corazón. Un expatriado por sana elección, pero que no deja de soñar con su ciudad cada vez que ve contrariado a algún suertudo pedalear por una calle empinada. Pues en Corrientes no existe tal cosa como las calles empinadas.
Irse es la mejor forma de destilar lo mejor del hogar; "heureux qui, comme Ulysse, a fait un beau voyage et puis est retourné pleine d'usage et raison...".

Licor que, en dos tragos y con hielo, uno bebe cuando le toca regresar.

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