7.11.13

Ni un día sin una línea / take it as it comes

"Ni un día sin una línea". Maldito Zola. Después uno se siente totalmente inútil.
"Ni un día sin una línea"; hábito cultivado por el hábito periodístico, que obliga a escribir sobre temas de interés general todos los días sin excepción. La efectividad del periodismo es su regularidad: el periodismo es un oficio casi intestinal. O se hace siempre, o no se hace. El periodismo comparte un tinte de responsabilidad fatal con las panaderías, con los hospitales.

Estos trabajos me llenan de una admiración temblorosa. Mi familia está compuesta por docentes. Los docentes trabajan de lunes a viernes, a veces medio día. Es un trabajo del que cabe reclamar vacaciones y fines de semana.

Pero no puedo elegir olvidarme de mi trabajo si soy periodista. La señora quiere comprar el pan, que ya debe estar hecho cuando lo venga a buscar.
Al señor le está dando un paro cardiorrespiratorio. En Nochebuena.

Responsabilidad.
"Ni un día sin una línea. Ni un día sin una tira de pan, o sin una RCP". Zola (pero en realidad, muchísima otra gente también) me hace sentir irresponsable. La grandeza es en realidad un hábito bien cultivado que consiste en ser lo que uno es, todo el tiempo y sin pausa. De nada sirve un gran rescatista
que a la hora de salvar tu vida decide tomar agua de coco bajo una palmera.
El hábito que roza la tozudez es la clave de muchos oficios. No todos.
Mi ascendencia eminentemente compuesta por docentes me hace inclinarme por esos "no todos"; quién pudiera descansar del trabajo dos o tres días por semana, para reincorporarse un lunes, eso sí, odiando la vida.
A menudo pienso que los basureros no deben odiar los lunes, si ya están trabajando desde el domingo. A estos héroes me refiero. Zola lo mismo.

Pero mi viejo me diría que la diferencia entre Zola y los basureros son dos:
1. Zola es una figura histórica (pero ni mi viejo ni yo sabemos por qué);
pero sobre todo
2. Zola "hacía lo que le gusta".

"Ni un día sin una línea". Zola era escritor, decidió ser escritor, igual que decidió ser periodista. Escribió una novela de veinte volúmenes, confección que debe a la costumbre casi viciosa de escribir un poco todos los días. Debe esa costumbre casi viciosa a un oficio periodístico; un oficio constante.

A la larga, todos los grandes hombres se deben a sí mismos algo que les ate. Un oficio que amen (he conocido taxistas que aman ser taxistas); pero a cambio de este amor, la entrega debe ser incondicional. Me asusta la expresión 24/7. Es como la cárcel. Uno no puede escapar de ese oficio que ama, e incluso a veces uno no puede escapar de los oficios que no ama también, como el activismo o la maternidad. Hay algo de kafkiano en todo esto. Uno no puede evitar sentirse siempre en jaque por fuerzas exteriores. ¿Me entiende, lector?


Time to live
Time to lie
Time to laugh
Time to die
Take it easy, baby
Take it as it comes
Don't move too fast
Los de mi generación (no sé si todos, ni si solamente nosotros) tenemos un cierto pánico al compromiso. ¿Cómo no elegir aquello de lo que podamos huir fácilmente? El matrimonio es una institución fosilizada; nada nos aterra más que un fósil. Más aún, convertirnos en fósiles nosotros mismos.
Allá lejos en el tiempo (no así en el espacio) están las grandes iglesias góticas que hoy no son bares o bibliotecas. De última, una modesta iglesia, efímera también, como las que saben construir los mormones en los empalmes. Probablemente en diez años vengan de plástico desmontable.

El terror de una posible esclavitud está siempre ahí a la hora de elegir nuestra vocación, pero nosotros ponemos cara de que amamos lo que hacemos. Y esgrimimos una frase casi ad hoc de Confucio: "elige un trabajo que ames y no tendrás que trabajar un solo día en tu vida".
"Menos mal", piensa el adolescente frente a su pedagogo.
É. Zola (1840 - 1902)

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