20.10.13

¿Por qué tengo una guitarra roja?

Mi cumpleaños número 15 fue un día único. Lo pasé solo por una ascética decisión.

Dos días antes de mi cumpleaños número 14 me rompí el brazo en un partido de fútbol. Me habían hecho cuerpo una de las pocas veces que alcancé a tener la pelota, y me tumbaron como a una figura de cartón. Yo nunca había aprendido a caer bien, porque jamás me había animado a luchar contra nada. En consecuencia, me pasé la tarde del viernes 20 de abril en un hospital público, semi-anestesiado desde las 3 de la tarde, aburrido como una ostra y con el brazo chueco como una W grabada en bronce por un sismólogo con Parkinson.
Long story short. Dos días después, con motivo de mi cumpleaños, mis amigos evaluaron las posibilidades y el bowling fue decisión unánime. Tenía el brazo derecho enyesado. Yo no soy zurdo; ergo, me pasé la noche en penitencia. Los amigos del corazón.

El 22 de abril del año siguiente fue un día de lluvia. En abril llueve mucho en Corrientes. Dicen que si llueve en tu cumpleaños sos un maricón. Sólo en Córdoba pude escapar de tal epíteto; en buena parte de mis cumpleaños, efectivamente llovió y fui motivo de risas. Para que nadie me recuerde mi orientación sexual provisoria fui a tomar una coca con mi viejo, que me regaló algo así como 30 pesos. Fue una de las primeras veces en las que manipulé plata. Además, 30 pesos eran una fortuna en ese entonces. Hoy también.

Estaba en pleno auge de mi en-amor-a-miento por los discos compactos. Creía que tener una colección importante era algo básico e invaluable. Cuando en Cribs de MTV entraban a la casa de músicos como Moby o Marilyn Manson, y éstos mostraban sus enormes colecciones de discos (que incluían también vinilos, VHS, cassettes, y hasta retratos dibujados por otros músicos) me ponía verde de envidia. No había nada para mí como el olor a plástico y el sonido chirriante de cuando le pasás la uña por primera vez. Me faltaba mucho para ser Moby (tenía talento para la música electrónica, pero unas orejas muy feas como para ser pelado), pero supe instintivamente que él también tuvo sólo dos discos alguna vez. Mi colección era la siguiente: un disco de los Bee Gees y uno de Santana. A pesar de Santana, sentía que le faltaba rock a mi vida. Además que en esa época había empezado a leer las notas de Mancusi en la Rolling Stone, había empezado a percibir la influencia de Raymond y soñaba con tener una banda.
La única banda que escuchaba apasionadamente, aparte de Green Day (supongo que ya tenía principios de hastío) eran los White Stripes. La mayoría de los temas que me encantaban eran del disco Get Behind Me Satan, que había salido tres años antes... por ese entonces, era muy popular el Icky Thump, del 2007. Pero el rock consistía en no dejarse llevar por la corriente, o por lo menos eso intuía; en cambio, se trataba más bien de respetar el gusto y los principios propios. Además, sabía que Icky Thump había sido el primer disco en lanzarse en una multinacional y que ese año ya había alcanzado el disco de oro. Todo eso, en ese momento, era pecado mortal para mí. La música independiente era música sagrada; los discos a pulmón eran los verdaderos. Todo aportó a mi decisión final.

El disco Get Behind me Satan se compone de 13 temas que me acompañaron todo el resto del año. Aunque para mediados del 2008, ya había conocido a los Beatles (y el año siguiente a Led Zeppelin, y así... todas bandas que me obsesionaron intensamente), los Stripes se mantuvieron como una constante. Es imposible no escuchar alguno de esos trece temas sin recordar, con imágenes y olores incluidos, todos los (pocos) sucesos (relevantes) que me acaecieron a mis 15 años; desde una muerte familiar (cuyo velorio musicalicé justamente con este tema) hasta el campamento de cuarto año, mi primer suerte de road trippin' con amigos que ya no tenían tantas ganas de jugar al bowling.

Me compré el disco en abril, y en mayo ya lo cantaba de memoria. Había empezado a tocar la guitarra el año anterior. Ya había sacado los temas más sencillos del disco (aunque, como se sabe, el estilo de Jack White no es el más apropiado para los principiantes). Una tarde de ese mismo mayo, la había visto: colgada en el mismo local en el que compré el disco, una guitarra que, después me lo elogiaron, usaría el propio Jack White en una presentación en vivo.
Seguía sin saber manipular dinero, que encima esta vez debía ser una cantidad considerable. Recuerdo las cifras: la guitarra salía 469 pesos. Mi capital era cero. En realidad, no pasaba de ser un capricho, porque ya tenía una guitarra y no necesitaba otra, a menos que mi habilidad requiriese una.
Eso fue justamente lo que probé. Tocando los temas del Get Behind Me Satan, mi familia depositó en mí su apuesta generosa. Una guitarra rojísima como el infierno mismo, que bauticé Meg (todo esto es una serie de enormes deudas hacia la música, hacia los padres y hacia la vida misma) es mi compañera desde entonces. Hemos atravesado accidentes, viajes, y chispazos de un éxito que todavía tarda en llegar el muy porfiado. Pero hay una situación que imaginé innumerables veces. Si algún día estoy enfrente de Jack White le diría "you just shut the fuck up and listen", y le tocaría uno de esos temas suyos que hace cinco años tengo tan asiduamente ensayados.



"Take a tip and do yourself a little service:
take a mountain and turn it into a mole
yeah, by playing a different role!"

1 comentario:

  1. ¡Meg! Elemento sustancial del Lancewdepunk. Meg te llevó a ffs jajajajajajaa!

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