6.10.13

La vida como Bildungsroman, pt. 2

El joven enfrenta el mundo con toda la energía pero sin ningún tipo de experiencia. En este sentido, "joven" no se referiría a la edad sino a la inmadurez: alguien que está en los umbrales de algo que nunca vivió en su vida. Debido a este exceso de energía, el joven tiende a desordenar las cosas, perder el foco, ser en suma ecléctico, incoherente, desorganizado. Insensato. La sensatez es una virtud a la cual yo mismo no puedo aspirar todavía. Combina moderación, distancia crítica, quizás superar el fetichismo inútil para con algo (si eso es posible), para con alguien, para con alguna meta. Es algo a lo que me gustaría muchísimo llegar de viejo, pero sé que todavía no es mi hora.
Para el joven (más correcto sería llamarlo "principiante"), la vida es un tren que va rapidísimo. No puede extraer del paisaje más que enseñanzas fugaces que se acumulan con violencia pero jamás responden a la totalidad. El principal defecto de nosotros los principiantes es quererlo "todo" y "ya", una consagración plena sin pasar por el sufrimiento o el trabajo o ni siquiera la espera. Celeste sin que nos cueste. Por supuesto que esta codicia imposible no incluye solamente a los jóvenes "de edad", lo cual no deja de sorprenderme.

Opuestamente al joven, el viejo (pero de nuevo, sería mejor no hablar de "viejo", porque generalmente se trata de tipos que no han perdido para nada su energía espiritual; diría mejor "experto") ha vivido. Avanzó más lejos que el umbral; ha visto y hecho mucho. Alguien es experto en su tarea cuando la ha desempeñado por un largo tiempo, y ha enfrentado una multiplicidad florida de circunstancias adversas. En realidad, el experto vale por lo que tiene en la cabeza. La sabiduría que proviene de la experiencia, esta sabiduría que José Ingenieros (patrono de los principiantes) desdeñó con su frase "es mentira que el diablo más sabe por viejo. El diablo sabe porque es diablo". No es cuestión de irse a los extremos: el hombre sabio ha sido diablo, pero lo ha sido con fuerza y garra durante mucho tiempo. Lo que lo diferencia de los diablitos amateur.
A veces me parece triste que en alguna medida el mundo no pueda sorprender al experto, que ya lo ha visto todo. Pero tampoco sé si esto sea cierto. Generalmente se dice que uno al ser viejo se amarga, se agria, pierde su magia, pierde su espíritu, pierde su ímpetu, pierde su envión. Tampoco creo que esto sea cierto. Ser viejo tiene un premio que yo estimo incomparable: la sensatez de quien expresa su juicio sin gritar ni prejuzgar ni difamar al otro. Éste el atributo más glorioso del que lo ha vivido todo; no hay nada que diga o haga el prójimo pueda perturbar su impasibilidad; se asienta sobre bases y principios más seguros que una torre de hormigón armado. Todo lo nuevo es comprendido cabalmente, como quien viaja en un tren a dos kilómetros por hora; cada detalle es aprehendido con justeza, con calma, puesto que en realidad no hay nada nuevo. Lo realmente nuevo sorprende a los viejos zorros, como las computadoras o las tablets. 
Los jóvenes, por el contrario, sospechamos que todo es nuevo. Y de ahí que correteemos por todos lados buscando experiencias nuevas y acomodándonos a las circunstancias, que las más de las veces son verdaderamente hostiles.

Esto no sirve como criterio de clasificación. Según mi entender, nadie es solamente joven o solamente viejo; todos somos jóvenes y viejos a la vez. Ejemplo práctico. Yo terminé la secundaria en el Pío XI; no puedo evitar sentirme viejo cada vez que vuelvo a ese lugar, que para mí no guarda ningún secreto. No creo que pueda volver a la secundaria y aprender algo totalmente nuevo; no creo que nadie que haya terminado la secundaria puede decir tal cosa. Hoy vuelvo allí y me siento sapo de otro pozo, al haber 1. estado en la universidad al menos dos años y 2. haberme enfrentado a sus textos jodidos, largos, tediosos, sin dibujos, ayer nomás incomprensibles.
Pero todavía recuerdo esa sensación de bajarme en la puerta del colegio, marzo 2005, 1 y media de la tarde, de un Renault bordó manejado por mi vieja. Ver primero el edificio naranja con la estatua al frente y las canchas de fútbol, prados verdes y floridos, murales, grillos callados y pajaritos en la calma de la siesta, los árboles mentados por cartelitos con sus nombres de salón. Hoy digo, en mi jerga de intelectualoide, que nunca fui tan parecido en mi vida a un personajillo de Hermann Hesse. En ese entonces, un adolescente de 14 me parecía enorme, sabio, serio. Hoy me parece un pelotudo sin maldad. Cuando sea más viejo de edad, Dios sabe si me interesará juzgar a los adolescentes de 14.

La cita del amigo de mi amigo se refiere a una experiencia, pero más me correspondería decir (en esta corrupción que hice) que habla, en realidad, de la Experiencia en general. La experiencia como práctica, como bien acumulable (para no evadir artificialmente la comparación con un bien material)... la experiencia gracias a la cual, digamos, crecemos como personas. Sea lo que sea que esto signifique.
A mayor experiencia, menor velocidad: mayor capacidad de discernir lo realmente importante del paisaje, que a mi juicio constituye el fin y la utilidad práctica de la sabiduría.

La moraleja es, como todo en la vida, no dejarse estar. Lo que en suma delata la experiencia es lo poco que ha desperdiciado uno su vida. Las ganas de superarse son las que separan el ignorante del bruto. "No dejarse estar" es, en realidad, una moraleja para todo; las ganas de mejorar el estado actual, sea cual sea, son las que mueven a las personas. Pero por esto mismo no quiero repetirme la moraleja a cada rato. No es un refrán de autoayuda, jamás tiene que perder el sentido. Para que no pierda el sentido, de nada sirve que otros se la repitan a uno. Vale decir que uno tiene que descubrirle el sentido por sí mismo. La experiencia propia es la que más vale, desde Comte a Thoreau.
El cinismo definitivo es desperdiciar conscientemente la vida.
Dicho de otra forma:

"age is no crime.
but the shame
of a deliberatly
wasted
life
among so many
deliberately
wasted
lives
is."
(Bukowski. "Be kind". Fragmento) 

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