18.9.13

Junip, pt. 2

Sucede que nunca sé qué responder cuando me preguntan "qué escucho". Esta entrada es para tener un link rápido al cual remitir inmediatamente si alguna vez me preguntan. "Buscá", diré, "esa entrada que habla sobre una canción en particular que me gusta mucho".
Sucede también que cargo un estado anímico un poco sombrío, vaya uno a saber por qué motivos. Voy a ponerme a escuchar esta canción sobre la que estoy por escribir ahora. Esta elección es fruto de una decisión muy, muy cautelosa. Necesito dar por clausurada la tristeza, renacer para seguir con mi rutina diaria (que todavía no termina, aunque sean las 11 de la noche).
Esta recomendación va acá porque es una ociosidad que comparta la canción en Facebook. Como he dicho tantas otras veces, una recomendación musical es mucho más convincente si va acompañada de un circunloquio composicional tan extenso que haga decir al lector: "si este pibe se tomó la molestia de escribir tal chorizo de elogios a esta canción, deben ser tres minutos que medianamente valen la pena invertir en ella".

Llegué a Córdoba hace un año y medio, un sábado. A la siesta del martes siguiente decidí salir a caminar por la nova ciudad.
A los diez minutos de salir me convencí de mi mala idea. A la altura de Derqui me sorprende una nube negra como la vida misma. De los árboles empezaron a llover hojitas chiquitas, de esas que están de moda en verano; las persianas galopaban como en esas películas de terror de medio pelo. La gente empezó a apretar el paso instintivamente poniendo todos la misma cara que ponen los citadinos apurados. Cualquier campesino como yo lo ha vivido en los lunes del microcentro: esta gente apurada deja orsai al pueblerino que camina con tranquilidad ingenua. Era, por supuesto, el preludio de una tormenta que, después me enteré, fue destructiva. Carajo, si me hubiera detenido a ver, incluso los semáforos parecían valsear con ritmo y la nube negra se hacía cada vez más negra. En buena hora recordé la grave recomendación de una amiga: "cuidá tu cabeza. En Córdoba, cuando llueve siempre graniza". Se venía la cascoteada, dirían en mis pagos. Y yo andaba sin casco por la avenida.
Su parterre conforma un escondite que no parece seguro pero debería serlo en alguna medida, al estar cubierto de tantos árboles frondosos, tan lindos salvo caso que una rama te parta el cráneo. Ante la catástrofe que se aproximaba, tanto más atractivos eran los toldos azules con publicidades de Cofler. No hay abrigo comparable a estar parado bajo un chocolate impreso en un gran pedazo de lona. Volver a casa casi nunca es una opción, porque uno prefiere no caminar bajo el granizo y los taxis dejan de pasar ni bien la cosa se pone fatídica.
Habida cuenta de todo esto improvisé. En ese momento tan particular, iba escuchando esta particularísima canción.

"In every direction" me remite a toda esa ambición que tuve alguna vez: la energía de un joven rebosante de energía parado en el umbral de una nueva etapa. Después de un año cargado de pruebas piloto en tantas ciudades de la Argentina, optaba por sentar cabeza en una ciudad nueva a punto de empezar a estudiar Letras Modernas. Hoy por hoy, todo se va decantando y ya nada es lo mismo. No estoy seguro de que vivir en Córdoba cada día sea una aventura más de lo que es un calvario. En ese entonces, hasta lavar los platos era una aventura. Siempre olvido la suerte que tengo de estar acá; pero cuando realmente caigo en la cuenta de dónde estoy y qué estoy haciendo, no puedo sino sentirme inmensamente agradecido con la vida.

"Sos el centro y siempre sos libre, en cualquier dirección".
"In every direction" tiene esa lucidez sensacional que me encanta, sobre todo por la letra: como la literatura de mejor cepa, emplea símbolos sin abusar de ellos. Expone una noción filosófica ornamentada con ese poder que suele tener la música. Poder que no han desdeñado ni Nietzsche ni Schopenhauer, si nos vamos a poner eruditos. José González es un filósofo de este siglo, y la idea que transmite en esta canción bien podría ser un capítulo de los Uppanishads si no fuera tan actual, tan concisa, tan profunda.

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