11.9.13

"El hombre que confundió a su mujer con un sombrero y otros cuentos", de Oliver Sacks

Esto es un comentario moroso sobre un libro; los detalles del libro y del autor han sido explicitados en el título. Cualquier investigación por mano propia arrojará resultados más satisfactorios. Leer el libro es, de estas investigaciones, la ideal. Esto no es un análisis semiológico y no aportará luz sobre nada.
Podría asimismo hacer una reseña, pero eso implicaría la (poco honesta) suposición de que ya he leído el libro. No, esto no es una reseña y no puede funcionar como tal. Por una razón que no da más de sencilla: no he leído más que un par de hojas.
¿Qué puedo decir entonces de este libro?

A este libro lo compré hoy y hojeándolo saboreé la prosa del prólogo. En él se anticipa el tema del libro con una sobriedad sorprendente. El principio que organiza el prólogo está tomado de un comentario de Pascal: "Lo último que uno establece al escribir un libro es lo que debería exponer primero". Bien a continuación: "después de escribir, reunir y ordenar estos extraños relatos, tras elegir un título y dos epígrafes, he de examinar a continuación lo que he hecho y por qué".

Préstese atención a eso de "extraños relatos". Léalo una vez más, lector. Bien. Ahora présteme atención a mí. El libro es una recopilación ordenada de esos extraños relatos, que tienen que ver con la medicina. Son historiales clínicos narrativizados sobre sus pacientes, coloreados con el dejo de experiencias con cócteles alucinógenos (según leí en alguna web especializada). Estos relatos son más que meras anécdotas: estos relatos son un manifiesto sobre una forma de hacer medicina en este tiempo de quiebres epistemológicos. No hay que olvidar que el paciente es persona, y menos aún cuando se trata con la psiquiatría y con la neurología. En este sentido, "como médico Sacks es un gran escritor", y expone prolijamente el motivo.
Fue Hipócrates quien introdujo el concepto histórico de enfermedad, la idea de que las enfermedades siguen un curso, desde sus primeros indicios a su clímax o crisis, y después a su desenlace fatal o feliz. Hipócrates introdujo así el historial clínico, una descripción o bosquejo de la historia natural de la enfermedad, que expresa con toda precisión el viejo término "patología". Tales historiales son una forma de historia natural... pero nada nos cuentan del individuo y de su historia; nada transmiten de la persona y de la experiencia de la persona, mientras afronta su enfermedad y lucha por sobrevivir a ella. En un historial clínico riguroso no hay "sujeto"; los historiales clínicos modernos aluden con una frase rápida ("hembra albina trisómica de 21"), que podría aplicarse igual a una rata que a un ser humano. Para situar de nuevo en el centro al sujeto (el ser humano que se aflige y que lucha y padece) hemos de profundizar en un historial clínico hasta hacerlo narración o cuento; sólo así tendremos un "quién" además de un "qué", un individuo real, un paciente, en relación con la enfermedad, en relación con el reconocimiento médico físico.
No hay demasiado más para decir que no pueda decirlo Oliver Sacks mismo. Cuando termine les cuento qué tal, si aún siguen interesados. 

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