22.8.13

La armonía de Maier

Poco antes de pasar el puente Pexoa se llega a un pueblo llamado Riachuelo.
La única calle que sirve de acceso es de tierra. Unas palmeras flacas ornamentan el pasaje a ambos lados y el sol se abre paso a través de sus filas con rayos oblicuos que se aprecian a la polvareda. Un vaho caluroso asciende desde el piso cuando llueve en verano. Por más intensamente que se haya buscado la sombra, sigue siendo un bosque de flacas palmeras.

Una de las calles que corta la avenida principal tiene un nombre raro.
Se llama "La Armonía de Maier". No es un negocio ni una estancia; esto ya sería suficientemente estrafalario.
Acostumbrado a los nombres de calles como Ángela Flores o José de San Martín, el turista desprevenido se descoloca, curioso, al leer un nombre como "La Armonía de Maier". ¿Quién o qué es Maier?
Nos intriga el misterioso Maier por su armonía. Su armonía es suya. Y es la armonía de Maier. Si Maier hubiera sido una batalla, "Armonía de Maier" sería una celebración, más o menos entusiasta, del fin de un cruento encuentro. Pero no. La Armonía de Maier es algo más. Como flores en el campo el día de la tregua; algo que no sólo rige artículo, sino que lo merece.
La Armonía de Maier es un suceso sucedido en un lugar llamado Maier o a alguna persona llamada Maier. Armonía que, de sucederle a alguien, lo hizo muy feliz; tanto mejor si se hablara de un lugar llamado Maier, porque hubiera hecho feliz a todos los presentes. El nombre de este tímido callejón no puede sino poner feliz a un hombre. No transmite más que eso. Basta pensar en las variables: una hermosa anciana llamada Armonía casado con el viejo Hans Maier, campesino de ojos azules que a pesar de su artrosis no ha olvidado el dialecto bávaro y la bellísima cara norte de los Alpes. O Maier: parque ubicado en el corazón de una ciudad remota, otrora zona de guerra. Un hombre vio allí florecer narcisos y geranios una mañana de domingo primaveral (hora, día y estación armoniosas por excelencia). Ese hombre terminó siendo urbanista de Riachuelo, merced a azarosos procesos del cosmos, y recordó ese día en un flashback formidable justo cuando estaba pensando topónimos para la ciudad recién fundada. La lista sigue. La vida contempla esta clase de sorpresas. Yo mismo me pregunto: ¿qué me pasará mañana?

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