12.7.13

Monólogo del eterno principiante


siempre fui lampiño, flaco y enano. cuando estimo necesario afeitarme y lo hago (dos veces por quincena) parezco de trece, y ése es el trato que recibo. sólo con una carabina en la mano alguien me trataría de Ud. y me haría reír complacido, despertando en el rehén un Estocolmo oportuno. así soy. débil y sin ánimo de imponerme; un eterno mago, un eterno loco, sin síntoma o anhelo de sabia y estoica senectud. no diré que mis amigos no recurren a mí para consejo; diré más bien que la lucidez de mi buen corazón acaso les resulta inesperada y acatan mi palabra como se acata la de un niño.
siempre al presentarme he sido poco más que mi nombre y apellido. menos artista, menos artesano y menos exiguo en mis aficiones; tal es mi papel, firme en mí y firme en los otros. me reservo la soberbia no del saber, sino del querer aprender. una canción por mí bien cantada se atribuye más fácilmente a un prodigio milagroso que al fruto de una práctica madura. siempre experimentador y jamás erudito, no sé qué haría de mí si fuera musculoso y viril; tan fácil sería ser un truhán que se vende por lo que aparenta.
nunca he tenido las mujeres más hermosas, pero sí las mejores; seleccionadas de cepas con sublimes conflictos, que como yo jamás aspiran a la perfección y a la completitud siempre aparentes. los libros que he leído tampoco son los más excelsos sino apenas los más interesantes; los films que he visto los vi como conmovedoras piezas de arte antes que como obras pródigas de realización técnica.
dejé de ir a misa a los diez años. Dios para mí son los otros, siempre pacientes e inalcanzables. mi madre me enseñará a cocinar y mi novia a tener relaciones sexuales; maestros abundan, y son todos igualmente dignos de la misma suerte de veneración.
mi mundo soy yo y mis amigos en buena hora. alabo a un filósofo, cuyas iniciales no recuerdo, que dijo que esto basta para hacer a un hombre omnipotente.

1 comentario:

  1. Tanta riqueza en ese interior, hombre lampiño. Despreocúpese por los pelos. Hay simios suficientes

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