12.7.13

Manufacturando consentimiento. Noam Chomsky y los medios

Está amaneciendo, por lo menos acá, y se dice que la mañana es cuando la mente está más despejada - esto es, más felizmente receptiva a ideas de variado origen.
No acostumbro levantarme a la mañana salvo excepciones porque las mañanas me parecen el colmo del aburrimiento. Este momento del amanecer me gusta; aparte de sus colores (que no observo porque elijo estar encerrado en mi casa) es el último momento calmo de la noche, sobre el cual se adivina, como flotando tensamente, el ajetreo de la mañana que se viene.
En los barrios esto se traduce en signos simples: el barrendero, los vecinos que sacan el auto, nunca coordinados.

Esta entrada es a propósito de ideas de variado origen: una breve introducción a una cita, que puede leerse como "el pensamiento del día" (aunque se prefiere que los pensamientos sean propios y no ajenos).
Ayer vi un documental sobre un destacado académico llamado Noam Chomsky, famoso por una novedosa teoría lingüística que empezó a desarrollar en el año 57 y todavía sigue, puesto que él todavía sigue vivito y coleando. Los gramáticos esperarían que esta teoría no termine de perfeccionarse nunca, y que él tampoco tenga a bien morirse para tener a disposición la autoridad, fuente de la que todo emana. Sin embargo, esto no hubiera pasado a mayores de no ser por otra interesante afición que Noam Chomsky desarrolló ya siendo un profesor de renombre en los Estados Unidos - esta otra interesante afición es la razón de ser de este documental que vi sobre Noam Chomsky. El documental trata de los medios; muestra a Noam Chomsky discurriendo sobre un filoso análisis de cómo los medios encubren o mienten, y también muestra a los detractores de Noam Chomsky señalando cómo Noam Chomsky encubre o miente, y en qué falacias incurre. Se llama "La fabricación del consenso" y está dirigido por un señor llamado Mark Achbar, si este dato sirve de algo.

No voy a cometer la farsa de decir que no lo agarré empezado; más grave sería traicionar la confianza de los aquí presentes (por usar una palabra que los filósofos odian) diciendo que entendí algo de ese documental; me dejé llevar más bien por una vertiginosa sucesión de imágenes representativas del siglo pasado. El documental es del año 1992, año de despegue de los medios tal como los conocemos hoy en día. La noventosidad se refleja en la omnipresencia de monitorazos blancos de oficina y los teléfonos fijos sonando todo el tiempo; éstos eran atendidos por señoras con el pelo batido y vestidas con colores chillones. El contexto digamos sociohistórico del documental queda así más que claro.
Por otra parte, el contenido expuesto es bastante complejo, y (lo cual lo hace más provechoso) muy abierto a discusiones. Chomsky se posiciona y hace una crítica; la crítica de su crítica está explícita en el mismo film, dicha con nombre y apellido por magnates de corporaciones periodísticas que aseveran que Chomsky tiene una idea muy errada de la organización de la sociedad civil. El film es, entre otras cosas, un interesante ir y venir entre una biografía de Chomsky contada por él mismo y debates que tiene con la gente que critica; en dos o tres ocasiones dice, con su cara de bonachón tras sus gruesos lentes, "esto que estás diciendo es totalmente falso".
Chomsky aclara, hacia el final, que lo realmente importante no es el mero análisis, por más ingenioso que sea, de los fenómenos comunicacionales de la sociedad de masas. El análisis está bien, pero el análisis debe ser un antecedente del cambio. Ya que el problema concreto es la falta descarada de transparencia informativa, su análisis va más allá de lo retórico: entra en el mismo archivo del New York Times y contempla cómo se han tomado noticias de diarios londinenses, modificándolas y recortándolas de forma que el punto de vista expuesto sea diametralmente opuesto al original. Los magnates, mientras tanto, niegan categóricamente esta operación. Chomsky parece probarlo. Analiza la cantidad de pulgadas impresas (70 vs. 1175) con noticias dedicadas a dos genocidios distintos, uno a cargo de los comunistas y otro de los americanos: el peor de ellos, el de Timor Oriental, tuvo una trascendencia mínima en el New York Times, que es el diario más grande del mundo. Señala también que todos los pequeños periódicos estadounidenses, de un modo un poco ingenuo, extraen las noticias del periódico mayor. El contraste es oportuno. Los realizadores del documental, en su brevísima visita guiada a la sede del New York Times, no pudieron grabar video sino nada más que audio. Naturalmente, no fue así en los periódicos de pueblo.
Digamos que la crítica de Chomsky tiene todos los fundamentos documentales de los que una crítica puede jactarse, y la película está muy bien organizada para mostrar todo eso. Eso, en realidad, no queda a juicio mío. Es inútil hacer un racconto de todas las cosas allí expuestas, porque la película tiene la ventaja de hablar por sí sola. Mi intención original era rescatar una idea que Chomsky desarrolla en una conferencia, hacia la mitad de la película.

Ya ha dicho que lo importante no es el análisis teórico del discurso sino el cambio que podamos producir a partir de una nueva transparencia. Está bien, él nos ha dicho que nos mienten o, en el mejor de los casos, que nos esconden algo; nos ha dicho que nos distraen, nos ha dicho (literalmente) que malgastamos buena parte de nuestra inteligencia con profundos análisis de las formaciones en el fútbol y no estamos al tanto de qué matanzas se están produciendo en cualquier lugar del mundo en nombre del progreso que alabamos. Imagina Chomsky qué sería de este perverso mecanismo si las masas despertaran; si cada uno, pues sería inmoral no sentirse responsable, pudiera elegir una causa a la cual volcarse, a sabiendas de que nadie, ni siquiera Chomsky, es el mesías, pero cada uno tiene su potencial. Nuestro simpático académico dirá, de un modo concluyente, que todos los grandes cambios de la historia surgieron de movilizaciones sociales a gran escala, y que nada en la historia es inevitable.
La situación en el Sudeste Asiático, especialmente Timor Oriental y Camboya, es una cosa por la cual Chomsky se muestra profundamente conmovido. Recalca que hombres y niños son masacrados constantemente con el auspicio de los Estados Unidos, y no sólo cuando protestan. Los pacíficos pobladores de una pequeña isla a 400 km. de Australia han corrido de sus pueblos a esconderse en la selva; la condición para salvarse es salir de ella con una bandera blanca en la mano y. si el hombre tiene cualquier señal que lo identifique como sospechoso. es ejecutado sin miramientos. Estos hechos fueron cubiertos por siete periodistas australianos que posteriormente fueron asesinados.
Y en la conferencia en cuestión, Chomsky cierra con un párrafo que quiero traducir infielmente.
Personalmente tuve el privilegio de visitar pequeños pueblos en el sudeste asiático y en América Central. Su coraje, de hecho, es realmente destacable. Y siempre es increíble... al menos, para mí es increíble y no puedo entender... es conmovedor y muy inspirador.
Ellos confían muy crucialmente en un muy angosto margen de supervivencia, garantizado por disidencia y turbulencia en las sociedades imperiales. Qué tan ancho es ese margen, queda en nosotros determinarlo.
La síntesis hecha puede no ser la mejor, pero me pareció muy clara.
El cambio está latente en los habitantes de los países poderosos. Él habla en términos de disidencia: para el ciudadano, la disidencia consiste en oponerse a lo que lo inmoviliza y lo idiotiza. Eso que lo moviliza y lo idiotiza ya ha sido develado por Chomsky: esto no es lo fundamental. La disidencia garantiza la supervivencia de los que sufren al otro lado del globo; mientras más disidencia, mayor es este margen de supervivencia. De alguna forma (y con este cariz concluye su conferencia), peca de necio pensar que nuestra acción sirve para llanamente nada.
La primera parte del film.

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